Perdón por la boutade del titular, pero The Mandalorian and Grogu es lo más parecido a una película que George Lucas hubiera podido estrenar a mediados de los ochenta, cuando la trilogía original había culminado con El retorno del Jedi y se sucedían distintas derivaciones de merchandising en forma de dibujos animados, novelas y cómics de La Guerra de las Galaxias. Y pese a ello es, extrañamente, un film desprovisto de nostalgia, al que su director, Jon Favreau (que lanzó la serie de Marvel con las dos primeras Iron Man), ha procurado vaciar de guiños a otros productos de la franquicia, se diría que incluso a la serie matriz de la que proviene. No hace falta, en definitiva, conocer la mitología de las trilogías o haber visto los capítulos de la ficción The Mandalorian, que instauró en Disney+ un nuevo reinado de fantasía espacial que nadie discutió y todos aplaudieron, al menos durante sus dos primeras temporadas durante y tras la pandemia.
Pero, ay, algo ha pasado en estos pocos años y la recepción a The Mandalorian and Grogu no va a ser la misma, algo que —imaginamos— incluye a todos aquellos que hace menos de cinco años corrían a adquirir un muñeco del pequeño Baby Yoda a las tiendas sin ningún tipo de vergüenza. De hecho, tiene pinta de que a nivel crítico va a ser abiertamente hostil, cuando no inusualmente catastrófico… y más tras el despliegue de elogios dispensados a la errática trilogía de Abrams. El uso y abuso de la nostalgia, la pura explotación de la propiedad intelectual para fidelizar “clientes” con producción en serie, y también la presentación de demasiados productos simplemente deficientes parecen haber (junto al reemplazo y lavado de cara del canon original de Lucas) agotado, justificadamente, la paciencia de muchos por uno u otro lado. The Mandalorian and Grogu es primera película de Star Wars en siete años y tiene demasiadas bocas que callar cuando, parece ser, el momento cultural de las franquicias de los 2010 parece estar agotándose.
Una responsabilidad que, vamos al grano, la afable y entretenidísima película de Jon Favreau no se merece en absoluto. Pese a un inicio un tanto errático (la primera hora parece afectada de cierta desafección narrativa), el film va construyéndose a sí mismo recuperando algunas de las claves tradicionales de Star Wars, entre ellas un diseño de mundos ejemplar, un énfasis en la banda sonora (obra del sueco Ludwig Göransson, como en la serie, y simplemente inconmensurable) y un desfile de criaturas y escenas de aventura que remite directamente a los seriales radiofónicos, televisivos y literarios a los que Lucas homenajeaba con el Episodio IV original. Estamos ante una honesta y pura creature feature, inusualmente despreocupada a la hora de enraizarse con su franquicia, de convencernos de lo determinante de los acontecimientos que narra o de dirigirnos hacia la siguiente pieza del rompecabezas. The Mandalorian and Grogu, al contrario, disfruta sintiéndose como una aventura más de la pareja protagonista, un tebeo de grapa en edición doble y especial, por mucho que su mecánica y factura sea, evidentemente, la de un largometraje de cine, que incluso obvia personajes secundarios de la serie.
Y esto no se lo van a perdonar a un producto que, en sus peores minutos, parece necesitar un empujón, pero que contiene una segunda hora absolutamente ejemplar en el manejo de sus dos protagonistas y obsequia al espectador con acción constante y planificación de línea clara. Una pieza que, visualmente, incluso osa remitirse a las producciones stop motion en sus sobrados efectos visuales digitales, solo por el placer de tocar fibras nostálgicas sin moralismos, elementos de sermón político (como mucho, un leve comentario sobre las dudosas alianzas bélicas de la República, y aquí quien quiera leer que lea) o voluntad de presentarse como la panacea metafórico-irónica de la propia saga. Pero claro, en el mundo que nos queda Harryhausen no significa ya nada de nada.
Terminemos con que The Mandalorian and Grogu es, simplemente, un gran film de Star Wars y la película de la franquicia que nos merecíamos quienes, a pesar de los pesares, vimos y crecimos con films comerciales de la factoría Lucas como Willow, Howard el Pato o El secreto de los Ewoks. Y, añadimos como colofón, quizá una obra por encima de (algunos) de sus espectadores y sus guerras culturales.



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