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Thomas Mann, según Colm Tóibín

Thomas Mann subió a regañadientes al dormitorio de su padre. Lo encontró con una toalla almidonada alrededor del cuello mientras el barbero terminaba de afeitarlo. Tomó asiento y esperó con un libro entre las manos. Tras un largo silencio, el senador Mann lo miró. «Nada», dijo. «Nada, no sabes nada». Murió poco después. En el testamento lo despojó a él, su madre y sus hermanos de cualquier participación en la fortuna y la empresa familiar.

Con esa escena, el escritor irlandés Colm Tóibín ilumina las primeras páginas de El mago (Lumen), una novela escrita a pulso entre la biografía y la ficción. Además de un libro incontestable, es un texto que arroja luz sobre un hombre cuya vida resume la fuerza y la devastación de una vocación y un tiempo. El mago deja al descubierto dos verdades: la poderosa contradicción y el continuo desgarro del autor de La montaña mágica y la maestría y elegancia de la que hace gala Colm Tóibín para traer al presente a un personaje que vivió el siglo de las grandes tragedias.

"El Thomas Mann real y el que narra Colm Tóibín simbolizan el espíritu de los tiempos y la sociedad de la que formó parte"

Mann proviene de un desgarro familiar, histórico y nacional: Lübeck, la ciudad en la que nació, quedó convertida en el territorio del repudio para él y su familia; Alemania, la tierra del compromiso, acabó en el exilio perpetuo, y la literatura, que se desplegó como el espacio de la identidad, su único territorio firme. En la historia de quienes le antecedieron y aquellos a los que trajo al mundo emerge el auge y el declive de la sociedad de la que forma parte. El Thomas Mann real y el que narra Colm Tóibín simbolizan el espíritu de los tiempos y la sociedad de la que formó parte.

«Has escrito una obra maestra»

Nacido en Lübeck, en 1875, Thomas Mann creció ocultando a su padre sus aspiraciones artísticas, también su orientación homosexual. Tras ser apartado por su padre y prácticamente sometido a una tutela económica, Thomas Mann vivió una primera juventud repleta de temblores. «Su padre había dejado a la familia a la deriva: puesto que él no podía vivir, se había dispuesto a arruinar la vida a los demás», escribe Tóibín. Cada episodio de esos años dio origen a Los Buddenbrook, la historia de la decadencia de una familia de comerciantes en la que los lubequenses reconocieron a los Mann. «Has escrito una obra maestra», le hizo saber su hermano mayor, el también escritor Heinrich Mann. A sus 26, Thomas Mann ya era una celebridad.

Tras algunos episodios de relaciones homosexuales durante su juventud, Mann se casó con la hija menor de una de las familias judías más ricas y cultas de Múnich, Katia, con la que tuvo seis hijos. Todos acabarían marcados, como él, por la figura del padre en tanto presencia lejana y ausente. Viven marcados por su apellido y por las consecuencias que este tiene en sus vidas. Con mayor efectividad de la que tuvo Tilmann Lahme en su ensayo Los Mann, historia de una familia, la novela de Tóibín despliega el registro biográfico para componer un fresco político. Y lo hace sin renunciar a lo novelesco, porque la vida de Mann lo fue.

La tragedia europea

Criados por la matriarca Katia Mann, los seis hijos se mantienen aparte mientras el padre escribe. Crecen en la distancia y en el exilio, desarrollan sus vidas bajo la sombra del Nobel e incluso dan continuidad a los asuntos irresueltos de su padre. Hay excentricidad, cosmopolitismo y tragedia en todos. Klaus asumió la homosexualidad lastrada, a diferencia de la homosexualidad no reconocida de Thomas Mann. Ante la sobriedad de Mann, Klaus se mueve entre la creación literaria, la militancia y la acción. Su adicción a la morfina lo atenazó.

"Tóibín capta en estas páginas el profundo conflicto personal de una vida pública y el conflicto íntimo. Es, a su manera, la historia íntima de un siglo y un continente"

En la catástrofe familiar de los Mann se cuela la tragedia de Alemania y el abismo a que arrastró a toda Europa. Mann, que pasó de defender un fervoroso patriotismo en la Primera Guerra Mundial, acabó por padecer una relación oscura y compleja con su tierra natal cuando, al llegar Hitler al poder, denunció los horrores del nazismo. Exiliado en Francia, Suiza y Estados Unidos, luchó por mantener a los suyos a salvo y padeció los terribles estragos del suicidio de hermanos e hijos. Expulsado por el Tercer Reich, nunca quiso volver a vivir en Alemania.

«¿Culpas a Alemania de haber malogrado tu juventud?», pregunta el novelista a su hija Elisabeth en un pasaje de la novela de Tóibín. ¿Culpa de qué? ¿Cuál es la naturaleza del reproche que hace la menor de sus hijos? «De no tener una buena formación. De que el cariño me llegara siempre como una especie de premio por permanecer callada», responde. Tóibín capta en estas páginas el profundo conflicto personal de una vida pública y el conflicto íntimo. Es, a su manera, la historia íntima de un siglo y un continente.

Caña de azúcar en Lübeck 

Las mujeres son personajes arrolladores en la novela de Colm Tóibín dedicada a Thomas Mann. Una de ellas es Júlia da Silva Bruhns, la madre del Nobel y esposa del senador de Lübeck y comerciante de granos. Nacida en Paraty, hija de un agricultor alemán y de una brasileña de origen portugués, se mueve con melancolía dentro de una pequeña ciudad conservadora. Escritora ella también, se despliega cual criatura mestiza, porque lo es. En su autobiografía, Thomas Mann habla de su sangre indígena, proveniente de su familia materna.

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