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Trampas de la lengua (III)

Siempre queda algo por aprender. Y es una buena razón por la que levantarse de la cama cada mañana. Queda tanto por aprender que no me considero bilingüe, a pesar de llevar más de diez años viviendo en Francia. Aprendo nuevas palabras día tras día, incluso cuando leo un libro escrito en mi lengua materna, lo que me recuerda que lo importante no es el resultado, sino el proceso: la capacidad de hacernos preguntas, aunque las respuestas sean incompletas.

"Sin nuestro castizo bocadillo, no tienen más remedio que llamar sandwich a una baguette bien rellena"

Por eso completo mi lista de curiosidades lingüísticas cada vez que mi oído me alerta de un nuevo hito. Como el confuso intercambio de palabras entre lenguas. Un ejemplo de galicismo es “bonhomía”, que procede de “bonhomme” (buen hombre), término utilizado en Francia por los nobles que, durante la Edad Media, llamaban de forma despectiva a sus siervos. Esta connotación peyorativa desapareció tras la Revolución Francesa, cuando la palabra se convirtió en simple sinónimo de afabilidad y sencillez. Hoy se usa, además, para designar a un “tipo”, es decir, a toda figura que representa a un hombre (o a una mujer). Así, los franceses llamanbonhomme de neige” al típico muñeco de nieve.

Más frecuentes son los anglicismos. Si podemos pensar que los españoles abusamos de los términos importados del inglés, en realidad no llegamos a la suela de los zapatos de los franceses, que pierden su léxico de forma alarmante. El uso de la palabra week-end es tan generalizado que su homólogo francés, fin de semaine, se utiliza solo para aludir al final de la semana laboral (al viernes, y si se apura, al jueves por la tarde). También recurren al inglés cuando, simplemente, les faltan palabras. Y es que, sin nuestro castizo «bocadillo», no tienen más remedio que llamar “sandwich” a una baguette bien rellena, así que, antes de pedir un sándwich en una boulangerie debemos sacar de nuestra cabeza la imagen del clásico emparedado de pan de molde. Siguiendo con los símiles alimentarios, nunca he entendido por qué los franceses utilizan la palabra peanuts” (cacahuetes en inglés) para decir “casi nada”. Otros anglicismos son usados en tono despectivo, como “black” para llamar a un negro (o persona de color, si queremos ser políticamente correctos), o para simplificar, como “box”, que se utiliza para nombrar a un garaje individual o a una vulgar caja.

"Un amigo español me comentó que trabajaba como plongeur y yo lo imaginaba flotando, en las profundidades abisales, con un traje de buzo"

Pero si queremos designar a una caja de cartón, tan útil en las mudanzas, diremos simplemente carton. Por raro que parezca, el hecho de aludir al material que la compone es suficiente para que la imagen se cree en el subconsciente francés. Más difícil de comprender resulta que, tras tanto esfuerzo para ahorrar saliva, los franceses digan cheveux blancs” en lugar de “canas”, aunque no les falte razón, pues no son más que cabellos blancos. Podríamos hacerles más sugerencias para acortar sus frases si cambian los nombres de ciertos electrodomésticos, ya que llaman «fer à repasser” (hierro para repasar) a la plancha y “machine à laver” (máquina para lavar) a la lavadora. Términos de aplastante lógica, pero excesivos fonemas.

Tal vez si utilizaran más esos aparatos nos ahorraríamos más de una confusión, como la que sufrí cuando un amigo español me comentó que trabajaba comoplongeur” y yo lo imaginaba flotando, en las profundidades abisales, con un traje de buzo. Tiene que ser apasionante, le dije, pecando de bonhomía, sin preguntarme antes dónde podía sumergirse, pues nos encontrábamos a cientos de kilómetros de la costa más cercana. Bueno, me contestó él, está muy mal pagado, pero es el trabajo más fácil de conseguir cuando no se domina la lengua local, porque para fregar platos, poco hace falta… En mi defensa diré que “plongeur” tiene doble sentido en francés, pues igual sirve para designar a un submarinista que a un lavaplatos de restaurante. Así no hay quien se entienda, queridos franceses. Por mucho que aprendo cada día, a veces tengo la impresión de que se debe poner un poco de orden en esta retorcida lengua.

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