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Tres libros impecables sobre bibliotecas

Tres libros impecables sobre bibliotecas

Una farmacia de almas. O remedios para el alma, según sea la traducción. Según Diodoro de Sicilia, esta inscripción se encontraba en la entrada de la biblioteca de un templo egipcio, contemporánea al rey Ramsés II, en el siglo XIII a.C. Una biblioteca, para los antiguos, era el lugar donde se despachaban todos los remedios y se curaban todos los males, por lo que se la ha conocido también como sanatorio del espíritu. Pero las bibliotecas son mucho más que meros lugares donde se almacenan libros. De hecho, en la mayoría de los idiomas, la palabra biblioteca no se refiere únicamente a los fondos bibliográficos, sino también a los edificios que los albergan.

Ahora que Jesús Marchamalo ha puesto de moda en España la indagación en bibliotecas ajenas con sus dos trabajos publicados en Siruela, Los reinos de papel y Donde se guardan los libros, quisiera aprovechar para escribir sobre tres ejemplares de gran formato publicados en la última década que tratan sobre bibliotecas públicas y privadas, y que quizás debido a sus altos precios han pasado más o menos desapercibidos.

Escribir sobre bibliotecas puede parecer una labor complicada y borgiana, pero leer y ojear estos magníficos tochos de varios kilos cada uno es un singular deleite bibliómano porque sus textos y sus espectaculares imágenes capturan estas geografías en torno a la memoria que han simbolizado el conocimiento durante siglos. Descubriremos además nuevas y hermosísimas cartografías.

"Una biblioteca, para los antiguos, era el lugar donde se despachaban todos los remedios y se curaban todos los males, por lo que se la ha conocido también como sanatorio del espíritu."

Son tres volúmenes impecables (diría imprescindibles, si no fuese éste adjetivo de uso tan habitual) para cualquier amante de los libros porque son fuentes inagotables de placer. Los leí –y los releo con frecuencia– con una excitación febril, demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que se iban a terminar pronto. He contemplado de nuevo sus cubiertas, apreciando cada detalle, intentando verlos con los ojos de un desconocido que se los tropezara en una librería. Y he pasado sus hojas, sintiendo en mis dedos el roce del papel y en mis ojos un torbellino de frases, de imágenes. De felicidad.

La biblioteca. Un patrimonio mundial. James W. P. Campbell y Will Pryce.

El primero de estos volúmenes lleva por título La biblioteca. Un patrimonio mundial (Nerea, 2013), y es un paseo bajo las bóvedas en la que se sustenta una parte de la historia de la humanidad. Justo cuando el papel parece abocado a una próxima extinción, el historiador James W. P. Campbell y el fotógrafo Will Pryce decidieron embarcarse en este ambicioso proyecto cuyo resultado es este libro de lujosas calidades que recoge imágenes y testimonios de setenta bibliotecas, como la George Peabody (Baltimore, Estados Unidos), la del Monasterio Real de El Escorial, la Nacional de Francia o la de la Abadía de Admont, en Austria.

La biblioteca. Un patrimonio mundial se estructura en ocho capítulos: los orígenes perdidos (Mundo Antiguo); claustros, códices y arcones (Edad Media); armarios, cadenas y estanterías-pupitre (siglo XVI); muros, cúpulas y habitáculos (siglo XVII); ángeles, frescos y puertas secretas (siglo XVIII); estanterías de hierro, luz de gas y catálogos (siglo XIX); electricidad, hormigón y acero (siglo XX) y el futuro de las bibliotecas en la era digital.

La biblioteca Nerea

Bibliotecas del mundo. Guillaume de Lubier y Jacques Bosser.

Bibliotecas del mundo, del fotógrafo Guillaume de Laubier y del periodista Jacques Bosser (Carroggio, 2007), se asemeja al anterior volumen, aunque en este caso pasea por la intimidad de veintitrés destacados recintos del saber de doce países ideados, construidos y decorados por monjes, abades, reyes, príncipes, universitarios o mecenas, convencidos todos de la necesidad de conservar y transmitir el saber.

"Si físicamente somos lo que comemos, espiritualmente somos lo que leemos y lo que soñamos."

Como escribe Bosser en la introducción: “Hay que haber pasado muchas horas y muchos días en el generoso regazo de una gran biblioteca para amar y comprender lo que su acogedor aislamiento puede aportar a sus visitantes. Algunos no lo superan nunca y serán eternos lectores sin ganas de descubrir el mundo real. Otros, en cambio, sabrán encontrar el conocimiento y sus armas para utilizarlo”.

Bibliotecas del mundo

Vida entre libros. Corina Armella de Fernández Castelló.

Más parecido a los trabajos de Marchamalo es Vida entre libros, de Corina Armella de Fernández Castelló (Portafolio, 2012), con fotografías de Héctor Velasco Facio. Este ejemplar publicado en México ahonda en las bibliotecas particulares de 43 intelectuales latinoamericanos, todos ellos, como escribe Gonzalo Celorio en la introducción, “unidos por su bibliofilia en el sentido etimológico y más amplio de la palabra”. Algunas de estas farmacias de almas son las de Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska, Álvaro Mutis, Laura Esquivel, Sealtiel Alatriste y Ángeles Mastretta. Pata negra.

Con anterioridad, en 2007, Armella de Fernández había publicado Entre libros, que incluía fotografías de 57 destacadas bibliotecas. La ausencia de esta lectura me priva de establecer en perspectiva si Vida entre libros es más completa o no que la anterior. Sea como fuere, se convierte en un atajo para llegar a la persona. Porque si físicamente somos lo que comemos, espiritualmente somos lo que leemos y lo que soñamos.

Compren estos tres libros, léanlos, mírenlos, huélanlos ebrios de estímulos porque su influencia dormitará siempre en alguna parte de su cerebro. Lo que se ofrece es un viaje alrededor del mundo y de su historia. Ahí es nada.

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