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Trump 1 – Underwood (Francis) 0

Qué tiempos estos en los que los locos guían a los ciegos.

William Shakespeare en El rey Lear

Donald Trump ha convertido a Francis Underwood en un perdedor en la quinta temporada de House of Cards. El mundo real ha ocupado el espacio del imaginario y viceversa, con lo que la genial serie de Netflix ha quedado herida de muerte como artificio de ficción y ha empezado a funcionar en algunos capítulos como periodismo impreciso.

Todos queremos pensar que los villanos al menos son listos. Nos sentimos mejor al creer que quienes nos dominan son inteligentes y no estúpidos. Por eso el señor Underwood nos atrae, por eso las conspiraciones funcionan en las novelas, en las series de televisión y en los programas magufos. Disculpan nuestra ceguera.

Estamos tan acostumbrados a ver gente supuestamente lista en las pantallas que es fácil pensar que lo opuesto, la idiotez, no puede ser real. Así, el presidente más increíblemente ficticio de los Estados Unidos ha pasado a ser Donald Trump.

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En el mayor giro narrativo de los últimos tiempos, un presidente de los Estados Unidos ha decidido acabar con el planeta Tierra fomentando el cambio climático. Ahora sabemos que Trump no nos salvará del impacto de un asteroide, en todo caso se asegurará de que los daños sean máximos. El mismo personaje está superando sin grandes dificultades algunos de los problemas que también afectan a Fran Underwood: filtraciones de casos de corrupción, disparatadas medidas contra el terrorismo, hackeos sospechosos, extrañas relaciones con Moscú, etc.

Da la sensación de que los guionistas de House of Cards tenían una trama diseñada para convivir con Hillary Clinton, pero la realidad les hizo cambiar algunas historias a toda prisa para hacer la actualidad de su ficticia Casa Blanca más cercana a los tiempos de Trump. Ahí es donde perdieron el partido. La capacidad de sorpresa del republicano, cuando juega con las mismas cartas, es muy superior a la del falso demócrata.

Mientras la estupidez de Trump le convierte en un ser inmune a todas las noticias susceptibles de poner en peligro su cargo, Underwood, siendo tan listo, acaba perdiendo la partida de la presidencia estadounidense, al menos de momento, y se conforma con algo que Donald ya tenía: poder en el sector privado. En la ficción se te permite ser el más inteligente de la clase, pero la justicia, cuando llega, se presenta con una contundencia desconocida en el mundo real.

Como la justicia poética no afecta a Donald Trump, su personaje va ganando, tiene boletos para durar más en su actual puesto de trabajo que Kevin Spacey. El disparatado relato real se ha comido con patatas al bien pensado caso ficticio. Ojalá al final, como sucede con los Underwood, sea una mujer lista quien acabe dando la cara en el despacho oval, aunque puede que eso también sea parte de la lógica de la ficción y tengamos que seguir padeciendo a un loco como guía en un planeta de ciegos.

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