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Umbrales. Un viaje por la cultura occidental a través de sus puertas, de Óscar Martínez

Umbrales. Un viaje por la cultura occidental a través de sus puertas, de Óscar Martínez

Este es un libro sobre puertas. Sobre las entradas a santuarios prehistóricos, a templos egipcios, griegos y romanos, a iglesias medievales, a fortalezas, palacios y villas, sobre qué las hace especiales y sobre cómo los seres humanos las hemos dotado de mensaje y simbolismo. Hemos levantado millones de edificios, de todo tipo, y siempre hemos colocado en ellos alguna puerta. Somos constructores de umbrales. La esencia misma de nuestra especie es el lenguaje y el movimiento, cada uno de nosotros es un viajero innato dispuesto a explorar lo desconocido y contarlo. Y es que toda puerta marca un tránsito. Los umbrales son un espacio híbrido, un momento entre dos realidades, la frontera entre dos mundos y dos estados. Las puertas están ligadas al cambio y a la evolución, pueden ser el vínculo entre el sueño y la vigilia, entre la luz y las tinieblas, pero también el paso de la vida a la muerte, de la ignorancia a la sabiduría.

Zenda adelanta el prólogo a Umbrales. Un viaje por la cultura occidental a través de sus puertas, de Óscar Martínez (Siruela).

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La primera frase de un libro es la puerta de entrada al relato que se desplegará ante nuestros ojos. Esas primeras palabras son así el umbral por el que adentrarse en el resto de los cientos de páginas que contiene, el acceso a todos sus enigmas y secretos. Comenzar a leer un texto tiene pues algo de aventura y desafío, y lo mismo ocurre al traspasar una puerta. Ya sea esta arquitectónica o metafórica, el lugar que nos aguarda tras un umbral está siempre colmado de misterio. Y estén selladas, abiertas o apenas entornadas, las puertas nos obligan siempre a imaginar qué encontraremos al otro lado. Al enfrentarnos a la elección que supone cualquiera de ellas, no podemos evitar cierta inquietud, un ligero desasosiego ante qué sorpresa nos deparará el espacio al cual estamos accediendo o el futuro hacia el que nos dirigimos. Cada umbral es un dilema, y todo libro debería plantear también alguno. Este ensayo no aspira a tanto, pero sí a intentar ser una travesía en la que, como en el poema de Kavafis, «el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias».

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Umbrales es un libro sobre puertas, sobre qué hace especiales a estos elementos arquitectónicos y sobre cómo el ser humano ha llenado de simbolismos y mensajes las entradas de sus edificios y construcciones. A su vez, no es un texto únicamente sobre arquitectura. Intenta ser también una suerte de libro de viajes que descubra puertas que quizá no se conozcan y abra ojos y oídos a nuevas historias sobre umbrales ya conocidos.

No cabe duda de que, a lo largo de la historia, el ser humano ha prestado atención a la construcción y a la decoración de las puertas; de hecho, hay pocos elementos que hayan marcado tanto la civilización. Si hay algo que nos diferencia de nuestros antepasados prehistóricos, además de la escritura, el comercio o la organización social en ciudades, son también las puertas. Y ello es así porque están íntimamente ligadas a uno de los grandes inventos de la humanidad: la arquitectura. No hay arquitectura sin puertas, y casi la práctica totalidad de las puertas en las que podamos pensar están unidas de forma indisoluble a la noción de construcción arquitectónica.

Pese a lo fundamentales que son para nuestra cultura, el ritmo de vida actual hace que en muchas ocasiones no seamos conscientes de su mera presencia. La rapidez que nos envuelve y nos condiciona y el ansia por alcanzar nuestros objetivos lo antes posible hacen percibir los umbrales y los lugares de tránsito como obstáculos entre nosotros y nuestros anhelos. Lo queremos todo y lo queremos ya, y cuando trasladamos esta máxima al turismo y a los viajes, las puertas quedan relegadas a un segundo plano. Si visitamos el Panteón de Roma, lo que deseamos es entrar cuanto antes sin detenernos demasiado en el exterior; cuando nos acercamos a la basílica de San Marcos de Venecia, no vemos el momento de penetrar en su interior. De igual manera, apenas dedicamos una mirada distraída a muchos pórticos medievales o a las fachadas de los edificios a los que ansiamos acceder en el menor tiempo posible.

Toda puerta marca un tránsito. El umbral enmarcado por las jambas y los dinteles o por los arcos de la entrada es un espacio híbrido, un momento entre dos realidades, la frontera entre dos mundos y dos estados. Las puertas no son solo elementos arquitectónicos que nos permiten trasladarnos entre espacios interiores, o desde el exterior al interior de un edificio, y viceversa, sino que también poseen un potente significado simbólico. Como lugares de paso, están relacionadas con conceptos tan importantes como los de cambio y evolución, y ello hace que los simbolismos que poseen sean también de gran trascendencia y universalidad. Las puertas pueden ser consideradas, por tanto, como el vínculo entre el sueño y la vigilia o entre la luz y las tinieblas, pero también como el paso desde la ignorancia a la sabiduría y, sobre todo, de la vida a la muerte. En multitud de sarcófagos etruscos, romanos y paleocristianos, pueden encontrarse puertas entreabiertas que intentaban facilitar el tránsito del espíritu del difunto a la otra vida, y las tumbas egipcias estaban llenas de puertas falsas por las que el alma del muerto podía entrar y salir a su antojo.

Como lugares especiales que son, los umbrales desempeñan un papel clave en multitud de historias, relatos y mitologías. Existen divinidades protectoras de las puertas en casi todas las culturas, siendo el más conocido el dios romano Jano, que con sus dos cabezas guardaba las entradas de las casas y vigilaba tanto hacia un lado como hacia el otro. En numerosas leyendas aparecen criaturas guardianas de las puertas como Cerbero, el perro que custodia el acceso al Hades de la mitología grecolatina e impide que las almas escapen del inframundo, o el dragón Ladón que guarda la entrada al Jardín de las Hespérides. También san Pedro se representa en muchas ocasiones con las llaves que lo identifican como el portero del cielo, y la propia Virgen María se asocia simbólicamente a la puerta por la que el mismísimo Dios entró en el mundo al encarnarse en Cristo.

Todo tránsito y cambio implica un riesgo; por eso los umbrales deben ser protegidos de los innumerables peligros que acechan a cualquiera que los traspase. Esta protección puede conseguirse tanto mediante rituales y supersticiones como a partir del uso de amuletos. Entre los primeros, destacan tradiciones tan arraigadas como las de descalzarse en la entrada de algunos edificios o llevar a las novias en volandas al cruzar el umbral de la casa durante la noche de bodas. Hay quien cree que no se debe cruzar una puerta con el pie izquierdo ni dar de mamar a los bebés en las entradas de las viviendas, y en las islas británicas existía incluso la tradición de abrir las puertas cuando un familiar estaba a punto de morir, pues así su alma podría salir sin problemas de la casa y viajar a la otra vida.

La lista de talismanes que han protegido las entradas de los edificios es tan variada como las propias culturas y civilizaciones. Desde los llamativos falos de las viviendas romanas hasta las manos de Fátima de la cultura musulmana, el ser humano ha intentado resguardar por numerosos medios las entradas y accesos a sus casas y templos. Ojos, herraduras, ramas de árboles y arbustos con propiedades mágicas, pequeñas figuras antropomórficas o conchas y huesos de animales de formas particulares han servido durante milenios para ahuyentar a los malos espíritus. También imágenes de animales reales e imaginarios han sido usadas como amuletos. De ahí la larga lista de ejemplos de puertas monumentales protegidas por fieros leones, híbridas esfinges o monstruosos seres que con su sola presencia espantaban los presagios nefastos y las energías negativas. De igual manera, las religiones más organizadas han recurrido a este tipo de supersticiones o creencias. El propio cristianismo ha hecho un uso masivo de las cruces y las figuras de santos y vírgenes como imágenes protectoras de las puertas, llegando a colocar pequeñas capillas en la parte superior de muchas entradas a ciudades amuralladas. La puerta es el lugar más débil de cualquier fortificación ante un hipotético ataque enemigo, por lo que cualquier ayuda era bienvenida a la hora de aumentar su poder y su resistencia. Las puertas son sitios especiales. Son espacios frágiles y como tales deben ser protegidas, decoradas y ensalzadas. Estas líneas intentarán descubrir algunos de esos umbrales y desvelar sus secretos y enigmas, porque las puertas también son lugares misteriosos repletos de historias, relatos y leyendas.

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Este libro comienza con la puerta de una casa, pues a día de hoy quizá sean esos umbrales los que más nos determinan como ciudadanos, pero enseguida se adentra en el terreno de la arquitectura religiosa. La primera gran arquitectura de la humanidad fue sin duda la dedicada a los dioses y a su culto, y no es de extrañar que algunos de los más antiguos ejemplos de puertas monumentales se encuentren en templos y santuarios.

Desde la prehistoria hasta la Edad Media, en los siete umbrales sagrados que se visitan se repasarán culturas arquitectónicas que han conformado la civilización occidental durante milenios. Las entradas a santuarios prehistóricos, a templos egipcios, griegos y romanos y, por supuesto, a iglesias medievales serán las protagonistas de este primer gran bloque, al que seguirán los umbrales de viviendas, fortalezas, castillos e incluso negocios. Palacios, residencias privadas, murallas y comercios tienen todos ellos puertas que muchas veces cuentan historias que van más allá de la mera función del edificio al que dan acceso. El tercer gran bloque está dedicado a un tipo especial de umbrales. Algunos de ellos son todavía accesos a edificios y construcciones, pero el resto son puertas que nos permiten adentrarnos en otros espacios, no tanto arquitectónicos como simbólicos e imaginarios. En efecto, la pintura y la arquitectura pueden abrirnos posibilidades perceptivas que amplían nuestra experiencia del mundo, permitiéndonos viajar a entornos simbólicos que enriquecen la realidad. Estas páginas terminan con la entrada a una casa, aunque en esta ocasión no se trate de la de una vivienda de la Antigüedad romana, sino de la puerta de un moderno apartamento. Se cierran así el círculo y la lista de umbrales. De lo privado a lo sagrado, pasando por lo simbólico y lo militar, para terminar de nuevo con la puerta de una vivienda.

La lista de umbrales en estas páginas es, obviamente, subjetiva. No pretende en ningún momento ser un recorrido exhaustivo por la historia de la arquitectura, sino tan solo por algunos de los ejemplos que puedan permitir atisbar la importancia extraordinaria que estos elementos han tenido en el desarrollo de la civilización en algunos lugares de Occidente. Es evidente que se podrán echar de menos algunas obras que a priori deberían aparecer en un libro de este tipo, pero la intención ha sido también la de descubrir algunos ejemplos que quizá no sean los más conocidos, pero que pueden permitir la exploración de enfoques diferentes.

Quien lea estas líneas no encontrará el pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, aunque sí otros umbrales medievales que pueden servir como introducción a facetas no tan evidentes del arte románico y gótico. Tampoco visitará la puerta de Alcalá de Madrid ni la de Brandeburgo de Berlín, pero el carácter de arco triunfal conmemorativo que pueden tener esas construcciones sí que será analizado. Algo similar se podría comentar acerca de las puertas de las murallas de Roma o del baptisterio de Florencia, o de fachadas tan interesantes como la de la Universidad de Salamanca, todas ellas ausentes aquí. Ellas no están, pero sí otras que sirven para profundizar en cuestiones relacionadas con la simbología, la historia o la mitología.

Cada puerta es una insinuación. Cada umbral es una rendija por la que acceder a otro espacio. Por eso cada capítulo pretende ser, no solo un acercamiento a la obra arquitectónica, sino también una invitación a explorar cuestiones que, en principio, poco parecen tener que ver con la protagonista de cada epígrafe. Cada página es también un umbral, por lo que lo único que queda es invitar a pasar esta para cruzar así la primera de las puertas con las que está construido este libro.

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Autor: Óscar Martínez. Título: Umbrales. Un viaje por la cultura occidental a través de sus puertas. Editorial: Siruela. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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