Sufrimos tiempos, cuanto menos, extraños, apocalípticos en cierta medida. Una cultura arraigada en la herencia grecolatina, tamizada por la islámica, vigorizada por la cristiana y doblegada por la Ilustración y las diferentes revoluciones, una cultura que convirtió a la vieja Europa en faro moral, cuyos esquejes rebrotaron a ambas orillas de los océanos se ha dejado que llegue a un estado putrescente. Desde varios frentes, encabezados por tiranuelos atrabiliarios como los Putin y Netanyahu, esparcidores de muerte y devastación emulando las barbaries nazis con las que quisieron exterminar a sus pueblos, o por matones de patio de colegio, perturbados y ensoberbecidos como el magnate de pelo zanahoria, se quiere liquidar lo que durante generaciones y a un grandísimo costo en sangre hizo grande a Europa.
Ante ese fin de una época se vienen alzando voces que advierten de que nos aproximamos a un abismo de incierto futuro en el que, si no nos unimos de una vez como argonautas en busca del Vellocino, corremos peligro de ser devorados por la Caribdis (monstruo que engullía navíos enteros, con toda la tripulación) putinesca – trumpista – netanyahuyana o de cualquier otro dictadorzuelo con aspiraciones genocidas.
Una de esas voces pertenece a Miguel Ángel de Rus. En 2005 sacó a la luz Europa se hunde, novela protagonizada por un joven marroquí que llega a Europa pensando haber arribado a un paraíso y al que la vida le hará despertar a trompazos del sueño. En palabras del propio autor, es “sátira afilada sobre el desmantelamiento ideológico y moral del viejo continente, es una novela que muestra la doble verdad de un continente que entre grandes proyectos políticos y económicos cuenta a los hombres como unidades de producción y consumo, no como seres humanos”.
Cuenta De Rus que en su presentación el cineasta y académico Gutiérrez Aragón bromeó con él sobre si su libro era profético. Y tanto que lo era.
20 años después publica Ciudades de Europa: El devenir del continente. Es difícil clasificar esta obra: no es una novela, pero tampoco un libro de viajes. 28 relatos le dan alma. 28 relatos ambientados en 28 localizaciones diferentes: algunas muy evocadoras como Roma, Cracovia, Mannheim, Minsk o Berna, pero otras más inusitadas, castizas si se quiere: Vallecas, el Teide, Madrigal de las Altas Torres o Toro.
Como en una buena botica, hay de todo en estas narraciones: sátiras más o menos aceradas, cierta crítica social, evocaciones líricas, otras humoradas. En todas percibimos una nostalgia por el mundo hurtado, que hemos dejado perder seducidos por los cantos de sirena de la globalización y del ultracapitalismo.
La pretensión última del autor, según mi parecer, es impulsarnos a reaccionar, a poner pie en pared y hacer frente a esta ola de desarraigo y alienación reivindicando los valores que nos hicieron colosos.
Tal vez no sea tarde y, si lo es, más vale sucumbir con dignidad y no humillarnos ante los que ambicionan ser dueños de un mundo agilipollado.
Por ello, todos los Miguel Ángel de Rus, que cargan sobre sus hombros el peso de ser profetas y clamar en desiertos a veces, otras en conciencias, son más que necesarios.


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