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Un festín luminoso

Conocí a Rosa Navarro Durán, autora de El festín de la palabra (Ariel, 2026), cuyo subtítulo me resulta incluso más sugerente, Lecciones de los clásicos españoles, por medio del actor Alberto San Juan. La descubrí en un documental en el que el actor encarnaba a Cervantes. La película estaba dirigida por Francesc Escribano y se titulaba Buscando a Cervantes, por si quieren visionarla (está en YouTube). Fue ahí donde advertí la pasión que Rosa Navarro, en una de sus intervenciones, demostraba hacia nuestro escritor más universal. Empezó diciendo que Cervantes había sido siempre un eterno perdedor que supo no solo escribir, sino zaherir con suma elegancia a los escritores de su tiempo. Así hizo, por ejemplo, con Lope de Vega. Además, según la autora, Cervantes se convirtió en el hombre más innovador de la esfera artística de aquel momento —estamos en el albor del siglo XVII—, destilando una originalidad y una audacia literaria extraordinaria. Navarro apostilla que rompió demasiado en un género, el narrativo, y por ese motivo no obtuvo el éxito inmediatamente. Cuando se es tan rebelde, revolucionario e innovador, la fama se retarda. Algo similar, recuerdo ahora, pero con muy distinto final, le sucedió a Valle-Inclán con su teatro, por ejemplo. Este documental demuestra que Cervantes terminaría riéndose del qué dirán, tanto sobre él como de su obra porque él, al final, se consideraba un innovador al que, en gran medida, ya le daba todo igual.

"Una de las primeras consecuencias que sufrirá el lector tras este banquete será comprobar cuán falsos e indelebles son los prejuicios que existen sobre las obras clásicas"

Esta referencia a Rosa Navarro me sirve para empezar a hablar de su festín de la palabra; o florilegio de glosas y comentarios sobre las veintiuna obras clásicas que elige, a cual más rotunda. Su lectura ha sido un festín literario, casi al modo goliárdico, que empieza en el siglo XII y acaba hacia principios del XVII. Los ingredientes para el festín son muy suculentos: La enseñanza del sabio, Cantar de Mio Cid, Calila e Dimna, El conde Lucanor, Libro del caballero Zifar, Tirante el Blanco, Coplas a la muerte de su padre, La Celestina, La vida del Lazarillo, El Abencerraje, La tierra de Jauja y Las aceitunas, Guzmán de Alfarache, Don Quijote de la Mancha, La vida del Buscón, Guía y avisos de forasteros que vienen a la corte, El perro del hortelano, El burlador de Sevilla, La verdad sospechosa, La vida es sueño y El prevenido engañado.

Una de las primeras consecuencias que sufrirá el lector tras este banquete será comprobar cuán falsos e indelebles son los prejuicios que existen sobre las obras clásicas. Por esta razón, y nada más comenzar, la autora nos advierte que “la palabra clásico se une a otras que no son ciertas (…) y actúan como piedra de molino que hunde de nuevo la obra en el río de la buena literatura mientras el lector, miedoso o escéptico, pero seguro de sí mismo, se queda en la orilla viéndola marchar con alivio”. El lector se divierte, aprende y termina El festín de la palabra comprobando cómo las obras clásicas son capaces de ofrecer todo lo contrario: constituyen un repertorio de palabras utilizadas como puñales; son enseñanzas que pueden ser aplicadas mañana y el año que viene; tienen capacidad para irradiar con una luz capaz de alumbrar los recovecos de nuestros cochambrosos días, ayudándonos a dilucidar mejor nuestra realidad, de una manera más pura, más limpia. Lo clásico nos reconforta, y apacigua tanta pena y tanto pesar; en realidad, tanta miseria. La reflexión que emerge cuando consideramos estos textos es que son tremendamente válidos para sostener la pesadumbre existencial que hemos de soportar. Solo por eso…

"El festín de la palabra es capaz de erradicar los prejuicios que sobre los clásicos hubiéramos adquirido, además de iluminar, consolar y reparar la realidad de vértigo a la que nos hemos abonado"

Junto a todo lo anterior, hay que subrayar la sabiduría que atesora Rosa Navarro y que es empleada para mostrar cómo las obras literarias elegidas están cercanas a nuestra realidad, nos incumben. Su estilo, además de claro y ameno, es muy fluido y está salpicado con pellizcos de inteligente humor que promueven tomar partido por los protagonistas que más soportan, como sucede con las historias del Abencerraje y de don García, inolvidable por su defecto: es un mentiroso compulsivo, […] pero un maestro en improvisar mentiras, cosa que hace con imaginación e ingenio. Rosa Navarro ha convertido su erudición en un ingrediente esencial que nos permitirá como lectores no solo disfrutar de las historias tan bien contadas, sino de encender nuestra curiosidad para conseguir que nos interesemos por leer todas y cada una de las obras que propone.

El festín de la palabra es capaz de erradicar los prejuicios que sobre los clásicos hubiéramos adquirido, además de iluminar, consolar y reparar la realidad de vértigo a la que nos hemos abonado. Porque ya hubo otra realidad, más cruda, desde luego, que nos enseñaba que hace un tiempo ya hubo una mujer que tenía seis oficios: labrandera, perfumera, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, alcahueta y un poquito hechicera… Qué quieres más sino que, si una piedra topa con otra, luego suena: “¡Puta vieja!”.

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Autora: Rosa Navarro Durán. Título: El festín de la palabra. Editorial: Ariel. Venta: Todos tus libros.

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