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Un hombre decapitado, una nación sin cabeza

Un hombre decapitado, una nación sin cabeza

¿Cuándo perdió Goya la cabeza? Quizás todo comenzó al irse a vivir a la Quinta con su ama de llaves —y amante— Leocadia Zorrilla y la —supuesta— hija de ambos, la pintora Rosario Weiss, que entonces era una niña. El pintor zaragozano quiso huir de todo y de todos, pero sólo lo consiguió por unos pocos años. Tras el aplastamiento de los liberales españoles, liderado por el duque de Angulema y sus cien mil hijos de San Luis —el ejército francés enviado para restaurar el poder absolutista de Fernando VII—, el de Fuendetodos tuvo que empaquetar caballetes y pinceles y poner rumbo a Burdeos; sordo y sin saber francés, cada vez más sumido en el gran silencio. A orillas del Garona, acompañado de sus mujeres, el autor de las “pinturas negras” se convirtió, al final de sus días, en el luminoso pintor de La lechera de Burdeos. En esa ciudad francesa murió; lo enterraron en el cementerio de La Chartreuse, sin su cráneo, como nos enteramos años después, cuando sus restos fueron exhumados. Tras esa calavera ha partido Miguel Barrero en su última obra, La cabeza de Goya (Xordica), una espléndida crónica de un descabezamiento, de un genio universal de la pintura y también del país del que tuvo que escapar, una “nación sin cabeza”, según Gaspar Melchor de Jovellanos.

"Como suele ocurrir en los libros de Barrero, más importantes que la resolución del caso son el viaje y los detalles que lo rodean"

Miguel Barrero no es ningún aficionado, estamos ante un avezado detective libresco: siguió el rastro del mítico Rambal —el querido vecino de Cimadevilla (Gijón), asesinado en extrañas circunstancias— en La tinta del calamar (Trea, 2016); estuvo a punto de convertirse —como Nacho Vegas— en el hombre que “casi conoció a Michi Panero” en Los últimos días de Michi Panero (premio Juan Pablo Forner); intentó descifrar el enigma en Pessoa, el escritor multiplicado en diversos heterónimos, en El rinoceronte y el poeta (Alianza, 2017); buscó a Dante entre las estancias del Palacio Barolo de Buenos Aires en La otra orilla (Galaxia Gutenberg, 2023); y descubrió la conexión literaria que fusiona a Leonard Cohen con Federico García Lorca en El guitarrista de Montreal (Galaxia Gutenberg, 2025). El misterio de la desaparición del cráneo de Goya es el último caso del Sherlock Holmes de los letraheridos. Todo comenzó en una visita al Museo del Prado y continuó con otra a la ermita de San Antonio de la Florida. Gracias al impulso de Lorenzo Rodríguez Garrido, el Watson de la intrahistoria de esta novela, la idea de escribir sobre la desaparición de la calavera de Goya tomó forma; como suele ocurrir en los libros de Barrero, más importantes que la resolución del caso son el viaje y los detalles que lo rodean.

"Barrero no pretende dar una solución a este cozy crime goyesco; como el gran narrador que es, prefiere incidir en la metáfora de la calavera robada"

No lo tuvo fácil Joaquín Pereyra, el cónsul español en Burdeos, para devolver los restos del pintor aragonés a España, medio siglo después de la muerte del autor de “Los caprichos”. Además del desinterés de políticos e instituciones, tuvo que lidiar con un terrible descubrimiento: a Goya le faltaba su cabeza. Avergonzado por el descubrimiento, Pereyra escribió a España: “Esqueleto de Goya no tiene cráneo”. La respuesta no se hizo esperar: “Envíe Goya con cráneo o sin él”. De la tumba solitaria y abandonada surgió un misterio que Miguel Barrero intenta descifrar en su libro, centrándose en la reconstrucción de sus últimos años de vida: los chocolates con churros en el local de Braulio Poc, la relación con Leocadia y Rosario, el trato con los exiliados, la creación de su última pintura… El Goya de Burdeos que nos descubre Barrero es un personaje que ha cambiado: cercano a un seminal fotoperiodismo, con su cuaderno de dibujos hechos a pie de calle, y muy lejano del pintor de cámara que retrató a los Borbones. Barrero no pretende dar una solución a este cozy crime goyesco; como el gran narrador que es, prefiere incidir en la metáfora de la calavera robada, pero eso no impide que despliegue todas las cartas en el tapete —la teoría de los frenólogos ladrones o la que nos lleva hasta Michel de Montaigne— para que nosotros decidamos con cuál quedarnos para completar esta historia. Miguel Barrero siempre está en busca de una verdad que explique las mentiras, una ficción que rellene los huecos. En esta difícil tarea, más importante que resolver el enigma, es hacernos disfrutar con las potentes imagen que deja perdidas por el camino a modo de migas de pan. Con Goya el reto de Barrero era mayúsculo y volvió a superarlo con sobresaliente.

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Autor: Miguel Barrero. Título: La cabeza de Goya. Editorial: Xordica. Venta: Todostuslibros.   

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