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Una crítica al pensamiento dualista

Una crítica al pensamiento dualista

En mi libro El posmodernismo ¡vaya timo! me ocupé de criticar a varios pensadores (la mayoría franceses) de la segunda mitad del siglo XX. Dediqué un capítulo entero a Jacques Derrida. Tan hermético era Derrida en su forma de escribir que cuando la Universidad de Cambridge propuso otorgarle un doctorado honoris causa, decenas de profesores protestaron, pues no estaban contentos con conceder tal honor a quien ellos consideraban un charlatán.

"La tesis de Rubia es sencilla, pero no por ello irrelevante: tenemos una tendencia innata a dicotomizar el mundo desde niños"

Obviamente simpatizo con esos profesores, pero me entristece saber que, si no fuera por el estilo oscurantista y el esnobismo posmoderno que lo caracterizaba, Derrida pudo haber dicho cosas razonables pues, en efecto, tuvo algunas ideas interesantes. Una de esas ideas era lo que él llamaba los “indecidibles”. Derrida se proponía destacar cómo muchas filosofías se construyen sobre la base de oposiciones binarias. Él se proponía “deconstruirlas”, y para eso acudía a elementos que no encajaran en esos pares binarios. Lamentablemente, la excesiva verborrea y falta de claridad no permitió a Derrida desarrollar una obra razonable. Pero como idea inicial, no estaba mal.

Me complace saber ahora que un autor español, Francisco J. Rubia, ha partido de una idea similar, y ha escrito El pensamiento dualista. Se trata de un libro muy claramente escrito (nada de “logocentrismo”, “difference”, “la huella”, y demás palabras misteriosas que tanto abundan en los textos de Derrida), con muchísimos ejemplos históricos. La tesis de Rubia es sencilla, pero no por ello irrelevante: tenemos una tendencia innata a dicotomizar el mundo (Rubia muestra cómo esto ya está presente en los niños y seguramente tiene base en nuestros cerebros). Esta forma de partir el mundo en dos grandes bloques naturalmente tiene algunas ventajas. En palabras de Rubia, “pensar en términos antitéticos es necesario, porque de esa manera aumentan los contrastes y así se consigue que esos términos resulten por comparación más nítidos para nuestro pensamiento” (p. 41).

Pero la mayor parte del libro se ocupa de destacar cómo el pensamiento dualista conduce a la violencia, y Rubia no escatima en postular que muchos conflictos contemporáneos proceden de esta tendencia. Al dicotomizar, explica Rubia, el mundo se divide en “ellos” y “nosotros”, malos y buenos. Y así es muy fácil presentar a los otros como monstruos muy malos que deben ser destruidos.

"El pensamiento dualista ha sido responsable de muchas tragedias en el mundo, y no viene mal una crítica. Con todo, yo no estoy seguro de que podamos prescindir enteramente de él"

El libro es bastante erudito, repleto de ejemplos históricos sobre cómo las ideologías, y sobre todo, las religiones, dicotomizan al mundo y, al final, terminan inspirando fanatismos que hacen mucho daño. Pero yo no estoy de acuerdo con todo lo que ahí se dice. Por ejemplo, Rubia dice que el libre albedrío no existe. Para ello invoca los argumentos ya conocidos: el universo está determinado por leyes, y eso incluye a nuestros cerebros; en los experimentos de Libet los mapas del cerebro muestran actividad antes de que el sujeto tome una decisión, etc. Rubia tiene razón en todo esto. Pero Rubia falla en asumir que la determinación del universo es incompatible con la libertad. Rubia asume el incompatibilismo, pero no explica por qué esta postura es la más acertada. Se informa en la solapa del libro que Rubia es médico, y no propiamente filósofo. Esto es relevante, porque si fuera filósofo, seguramente sabría que el incompatibilismo es apenas una entra varias opciones filosóficas. De hecho, más aceptada entre los filósofos es el compatibilismo, a saber, la doctrina según la cual el determinismo no está reñido con la libertad.

Este pequeño detalle no eclipsa la utilidad de este libro, que es muy grande. En efecto, el pensamiento dualista ha sido responsable de muchas tragedias en el mundo, y no viene mal una crítica. Con todo, yo no estoy seguro de que podamos prescindir enteramente de él. Esto es debido, no propiamente al hecho de que seguramente el pensamiento dualista está inscrito en nuestro cerebro, o a que el dualismo nos permita pensar más nítidamente. Es más bien debido a que el dualismo en ocasiones sí refleja la realidad tal como es. Por ejemplo, existe en lógica la llamada “ley del medio excluido”, la cual postula que una proposición, o es verdadera, o no es verdadera. En esto, no hay medias tintas. Si bien es cierto que en fechas más recientes se ha desarrollado una lógica trivalente que trata de prescindir de esta ley, lo cierto es que la ley del medio excluido ha sido fundamental para el desarrollo de la lógica, ya desde los tiempos de Aristóteles, y para eso, ciertamente ha sido necesario un pensamiento dualista.

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Autor: Francisco J. Rubia. Título: El pensamiento dualista. Editorial: Laetoli. Venta: Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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