En esta novela introspectiva, Anaïs Nin se adentra en las zonas más secretas del deseo para explorar el placer y la identidad a partir de la experiencia del amor. La protagonista atraviesa habitaciones, amantes y ciudades como una espía infiltrada en su propia existencia, tratando de conciliar las versiones de sí misma que conviven en su interior.
En Zenda reproducimos las primeras páginas de Una espía en la casa del amor (Bamba), de Anaïs Nin.
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Antes de despertar, los ojos oscuros de Sabina reflejaban la luz fría y sólida de las piedras preciosas por una rendija que se dejaba ver entre los párpados; un berilo puro, verde oscuro y brillante, que todavía no mostraba la calidez de su naturaleza apasionada.
No se levantaba de forma gradual, ni se abandonaba a sí misma en la confianza de un nuevo día. En cuanto la luz o el sonido se registraban en su conciencia, el peligro se esparcía por el aire y ella se incorporaba, preparada para hacer frente a sus embestidas.
La primera expresión de su rostro era de tensión, y carecía de belleza. Del mismo modo que la ansiedad dispersaba la fuerza del cuerpo, confería a su mirada una vaguedad vacilante y trémula que carecía de belleza, como la de un dibujo desenfocado.
De forma paulatina, lo que Sabina iba componiendo con la llegada del nuevo día era su propio foco: la integración de su cuerpo y su mente. Esto lo lograba con gran esfuerzo, como si todas las disoluciones y dispersiones de su «yo» de la noche anterior fueran difíciles de rearmar. Era como una actriz que cada día elige su máscara, la actitud necesaria para hacer frente a un nuevo amanecer.
El lápiz de cejas no solamente marcaba con carboncillo sus cejas rubias, sino que aquel trazo era necesario para equilibrar una asimetría caótica. El maquillaje y los polvos no se los aplicaba simplemente para realzar una textura de porcelana o para borrar la hinchazón irregular que causaba el sueño, sino para alisar los surcos profundos que habían trazado sus pesadillas, para dar forma a los contornos y las superficies difuminadas de las mejillas, para deshacerse de las contradicciones y los conflictos que tensaban la claridad y pureza de sus rasgos.
Debía rediseñar sus facciones, alisar la ansiedad de sus cejas, separar las pestañas aplastadas, lavar los rastros de lágrimas secretas, acentuar la boca como sobre un lienzo, para sostener una sonrisa exuberante.
Detrás de todos aquellos desórdenes del rostro, del cabello y del atuendo, el caos en su interior aguardaba una grieta por la que desbordarse, como esos volcanes ocultos que de pronto destrozan los surcos de un campo arado en calma.
De repente, el espejo le devolvía un rostro sonrojado, de ojos claros, sonriente, terso y hermoso. Los múltiples gestos de compostura y artificio no habían hecho sino disolver sus ansiedades; ahora que se sentía preparada para hacer frente al día, su verdadera belleza, que la angustia había desgastado y estropeado, emergía de nuevo.
Examinó su ropa sopesando los posibles peligros externos, igual que había hecho con el nuevo día que se había colado por sus ventanas y puertas cerradas.
Creyendo que el peligro brotaba tanto de los objetos como de las personas, ¿qué vestido, qué zapatos, qué abrigo le exigirían menos a su corazón y a ese cuerpo suyo, preso del pánico? Porque un atuendo también era para ella un desafío, una disciplina; una trampa que, si se adoptaba, podía influir en el desempeño de la actriz.
Terminó escogiendo un vestido con un agujero en la manga. La última vez que se lo había puesto había permanecido delante de un restaurante demasiado lujoso, demasiado ostentoso, al que le había dado miedo entrar; pero, en vez de decir: «Tengo miedo de entrar aquí», había dicho: «No puedo entrar aquí con un agujero en la manga».
Escogió su capa, que parecía más protectora y envolvente.
Además, entre sus pliegues guardaba la capa algo que ella imaginaba como una cualidad que poseían los hombres en exclusiva: cierta bravura, cierta audacia, cierta arrogancia de libertad que había sido negada a las mujeres.
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Autora: Anaïs Nin. Título: Una espía en la casa del amor. Traducción: Lucía Navarro Pla. Editorial: Bamba. Venta: Todos tus libros.


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