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Una hora para escapar

Se han puesto de moda de un tiempo a esta parte… Habitualmente el esquema es una habitación cerrada y una hora para salir de ella resolviendo acertijos matemáticos o de lógica. Sí, claro. Estoy hablando de las Escape Rooms

Si el tema les suena a nuevo… razón no les falta, ya que este entretenimiento tiene apenas doce años de edad… y son populares desde hace siete. Sus orígenes (apurando mucho) se pueden remontar a los años 80 del siglo pasado. En concreto, a los videojuegos conversacionales en los que el personaje llevado por el jugador se encontraba en una habitación llena de objetos y tenía que interactuar con ellos para lograr salir. No es pues de extrañar que el antecedente directo y reconocido del Escape Room, el juego Origin estadounidense del año 2006 (desarrollado por ingenieros de Silicon Valley, nada menos), se jugara con ordenadores online. Eso sí, jugado en tiempo real y con un límite de tiempo. Sin posibilidad de pausar.

Dos años más tarde el guionista y director de cine japonés Takao Kato crea su Real Escape Game en vivo. Inspirado más en las películas de la saga Saw que en los misterios de Agatha Christie (en los que estaba basado el Origin), no es exactamente una Escape Room tal y como las conocemos hoy: los puzzles, enigmas y pruebas de lógica eran un ingrediente más dentro del juego, no la base del mismo.

Pero las reglas del juego tal y como lo conocemos se definen en el año 2011 en Budapest. De la mano de Attila Gyurkovics y su empresa “Parapark”. Attila (sí, es su nombre real, no se me extrañen, que por Hungría es un nombre relativamente común) aprovechó los edificios vacíos (y en bastante mal estado) que tanto abundan en la capital húngara para convertirlos en espacios lúdicos. Inspirándose en las películas Cube (1997) y Saw (2004) desarrolló el llamado sistema “clásico” de las Escape Rooms: un grupo de personas (habitualmente cinco o seis) encerradas en un espacio limitado (habitualmente una única habitación) de la que tienen que salir descubriendo la clave que les permita abrir la puerta. Acertijos, enigmas matemáticos y de lógica, mensajes escondidos, a veces invisibles a simple vista, candados de combinación numérica, llaves ocultas que abren cajones cerrados donde hay nuevas pistas… todo ello son los ingredientes habituales de una Escape Room.

Podría parecer una situación estresante (encerrados en un espacio reducido tratando de buscar soluciones contra reloj) pero paradójicamente… no lo es. Según Gyurkovics la explicación la da el profesor de psicología Mihály Csíkszentmihályi (agradecería que alguien me dijera cómo se pronuncia correctamente, gracias). Según él, “si un grupo de personas trabaja en equipo para conseguir objetivos concretos, la felicidad de los integrantes de dicho grupo aumenta conforme se consiguen esos objetivos y la energía entre ellos aumenta”. Por eso es una alternativa de ocio tanto para familias y grupos de amigos que buscan fortalecer sus vínculos como para ejercicio de “team building” para grupos de empresa… Eso sin contar que pasarán un buen rato y vivirán una aventura en la vida real, sin pantallas ni teclados por en medio.

Si algún lector siente curiosidad pero le agobian los espacios cerrados… la nueva generación de escape rooms no se limita a interiores. Se están dando iniciativas para practicarlo en el exterior, siguiendo una serie de pistas, en el mejor estilo del Código Da Vinci de Dan Brown. Considérelo la versión adulta de las “gyncanas” o “juegos de pistas” a los que tan aficionado es el movimiento scout.

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