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Una loba como yo

La historia de España no solo se escribió en los campos de batalla. También se fraguó en la penumbra de los aposentos, donde la ambición y el deseo se entrelazaban en una peligrosa danza de poder. Este libro desvela la vida de las mujeres que decidieron el destino de un país desde las sombras más íntimas.

En este making of Engel de la Cruz da las claves para entender Damas de corona y alcoba (Almuzara).

***

Enero de 2023. Los primeros días del año aplastaban con su insoportable peso a todos los que íbamos temprano en el autobús, mirando por la ventana la pátina plateada de hielo que había dejado sobre el suelo la nevada de la noche anterior. “En Toledo la nieve nunca cuaja”, se dice siempre con el tono de una metáfora involuntaria. La radio sonaba a todo volumen. El tema del que todos hablan, un bombazo, lo que nadie se esperaba. El histrionismo de los locutores rayaba los cristales. Sonó la canción anunciada. Su intérprete, famosa por agitar las caderas con desparpajo, desgranaba las miserias de su vida sentimental con ingenio quevedesco. Termina la canción. Las dos mujeres sentadas en los asientos de delante empiezan a hablar.

—Fíjate, lo ha puesto verde. Y a la otra, claro, que tenía una amante.

—¿Y de qué tendrá la culpa la pobre muchacha?

—Sí, sí. Vio la oportunidad de liarse con uno famoso y le dio igual que estuviese casado.

—No, no. La culpa es de los dos. De los dos.

—Ay… ¡Las cosas modernas!

—¡Que no, que no! Que esto ha pasado toda la vida. Pero antes no se sabía.

"He apretado los puños ante la frustración de no encontrar los nombres de las más remotas y me he reído a carcajadas de las exageraciones contenidas en algunas crónicas malintencionadas"

Llegan a su parada y se bajan. Una se sube la capucha y en su rostro enmarcado de poliéster acolchado veo algo que ya he visto antes, concretamente en retratos de damas con la cabeza cubierta con una toca. La otra se cierra las solapas de su abrigo, que ahora parece un manto de armiño. Sus figuras se desplazan con rostro grave, y la lentitud de sus pasos, provocada por el miedo a resbalar, hace que su caminar se vuelva solemne. Hay una historicidad inesperada en sus palabras y en sus rostros. Vuelve a sonar la canción. En ese sonoro despecho, en la acusación estridente, encuentro un eco de siglos pasados. Y de repente me asalta la necesidad de escribir sobre matrimonios felices e infelices, sobre reinas cornudas y amantes coronadas.

Las he buscado durante meses en el papel y en la pantalla. He ido a sus lugares y he querido respirar su esencia. He apretado los puños ante la frustración de no encontrar los nombres de las más remotas y me he reído a carcajadas de las exageraciones contenidas en algunas crónicas malintencionadas. He escudriñado sus retratos con la vehemencia de una espía, deteniéndome en cada detalle, pasando las horas muertas entre joyas y brocados.

Las he buscado con uñas y dientes y al final las he acabado encontrando en todas partes. Encontré a la pequeña Petronila en la mirada llorosa e impotente de una niña a la que sus padres habían dejado en la puerta del colegio el primer día de clase.

Coincidí con Juana haciendo cola en un supermercado.

—Apenas puedo salir de casa —explicaba a la cajera—. Y desde que mis hijos se fueron a vivir a Madrid, estoy sola. Muy sola, hija mía, no te lo imaginas. Es horroroso.

Su mirada, enterrada en un mar de arrugas, temblaba mientras contaba las monedas que iba rescatando del bolsillo.

Vi a Berenguela triunfante, conduciendo un Mercedes último modelo.

Otro día me topé con Leonor, que hablaba por teléfono en voz baja, casi susurrando, pidiendo a su interlocutor que la avisara cuando se quedase solo, mientras admiraba su reflejo en un escaparate y pasaba el dedo por el contorno de sus labios pintados de peligro.

"Abro el portátil y desde la pantalla apagada me miran unos ojos familiares. Las veo a todas amontonadas allí, desde el fondo de mi reflejo"

Las había encontrado. Pero, tras los felices hallazgos, tocaba enfrentarse a un encuentro esperado: el de mi voz golpeando las teclas. Mientras que a la hora de narrar novela las decisiones sobre el destino de los personajes se toman de manera unilateral por parte del creador, en el ensayo son los acontecimientos los que imponen sus tiempos y su desenlace. En realidad, no es una desventaja. Cuando las historias te eligen y te dejas llevar, permites que los personajes te miren desde otras pieles y te pellizquen desde lo conocido y esperado. Hablan a través de la radio y se comunican desde músicas inesperadas.

He escrito acerca de historias bellas y terribles sobre el poder, el deseo y la muerte. Tan terribles, que fueron verdad.

Verano de 2025. El ventilador, gigantesca araña eléctrica, vigila con su ojo de luz mis pasos encaminados hacia la mesa de trabajo. Abro el portátil y desde la pantalla apagada me miran unos ojos familiares. Las veo a todas amontonadas allí, desde el fondo de mi reflejo. El ordenador se enciende y aparece la hoja en blanco que espera las últimas palabras del libro. No puedo evitar pensar en aquella fría mañana de enero en el autobús. “Porque una loba como yo no está pa’ tipos como tú”. No han pasado más de dos años, en realidad han pasado varios siglos. Y han pasado muchas mujeres.

Voy golpeando las teclas con la tristeza evitable de una despedida programada. De fondo, el ventilador gira sus aspas sonando con un compás que se acopla perfectamente al ritmo que marco en mi ficticio piano de letras, creando la melodía de una música que nunca existirá.

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Autora: Engel de la Cruz. Título: Damas de corona y alcoba. Editorial: Almuzara. Venta: Todos tus libros.

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María José
María José
1 día hace

Brillante artículo de Engel de la Cruz en el que la autora nos guía a través de la intrahistoria entretejida desde la voz femenina y a través de las miradas de todas aquellas mujeres que ejercieron su poder entre los claroscuros de una intimidad que ahora nos desvela en su último libro «Damas de corona y alcoba» (Almuzara). Un ensayo histórico hilado en oro y seda que concede voz a reinas por derecho propio, a consortes que acompañan y a amantes y favoritas, conformando todas ellas una constelación de astros rutilantes cuyo esplendor es ahora recuperado por de la Cruz.