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¡Viva la Inteligencia!

Indignación, malestar, cabreo profundo… Esos son los tres sentimientos que me empujaron a investigar y a escribir sobre los acontecimientos históricos acaecidos durante nuestra guerra y la posterior dictadura. Sé que no resulta muy edificante reconocer que un proyecto parte de la negatividad más absoluta, pero ¿qué quieren que les diga? Esa es la cruda realidad.

Todo empezó en 2012. Ese año empecé a indagar, a título personal, la historia de un tío mío, muy querido, que acabó en el campo de concentración nazi de Mauthausen. Según fui conociendo los avatares que le llevaron a él y a miles de españoles hasta las alambradas de Hitler, comencé a percatarme de mi ignorancia. Tenía 43 años y llevaba más de dos décadas ejerciendo como periodista. Sin embargo, ni en la escuela ni en el instituto ni en la universidad me habían enseñado nada sobre este tema ni sobre los aspectos más relevantes de nuestra guerra y de la posterior dictadura. Fue en ese momento cuando la curiosidad dio paso a la inquietud y, finalmente, al enojo. Cuanto más sabía, cuanto más averiguaba… más engañado me sentía. Fui consciente de que a generaciones y generaciones de españoles nos habían robado la Memoria, nos habían hurtado el derecho a conocer nuestra Historia más reciente, la que vivieron en primera persona nuestros padres, abuelas y bisabuelos. En ese instante decidí que tenía que aportar algo para acabar con esa amnesia inoculada a través de la educación y de los medios de comunicación durante el franquismo. Una amnesia que, tras la muerte del tirano, la democracia no quiso sanar.

"Fueron algunos de los supervivientes de aquel horror de Mauthausen los culpables de que hoy esté escribiendo estas líneas"

El fruto fue mi primer libro, Los últimos españoles de Mauthausen, un relato histórico y humano sobre los más de 9.000 compatriotas deportados a los campos de concentración del III Reich. Fueron algunos de los supervivientes de aquel horror los culpables de que hoy esté escribiendo estas líneas: “Está muy bien que hayas difundido nuestra historia. Sin embargo, tienes que investigar los campos de concentración que abrió Franco en nuestro país porque son pocos los españoles que han oído hablar de su existencia”. Si en aquel momento hubiera sabido la magnitud del tema, quizás no habría recogido el guante…, pero lo hice.

Tres años de investigación más tarde no me arrepiento de aquella decisión. En este tiempo he visitado decenas de archivos por toda la geografía nacional y he recopilado decenas de testimonios de prisioneros y guardianes de los campos de concentración franquistas. Por el camino me he topado con numerosos obstáculos. En primer lugar, la destrucción de documentación oficial que se produjo a lo largo de la dictadura y también durante los primeros años de nuestra democracia. A este problema se le une la caótica dispersión de los documentos que sobrevivieron a la quema, así como la carencia de medios materiales y humanos en los archivos civiles y militares.

El segundo gran obstáculo es la ausencia casi total de testigos. El franquismo y sus herederos no solo eliminaron las pruebas escritas de sus crímenes, sino que lograron ir demorando el análisis histórico de ese negro periodo hasta que las víctimas y los verdugos fueran desapareciendo. Apenas encontré media docena de hombres y mujeres centenarios que pudieran relatar, con la memoria necesaria, su paso por los campos de concentración de Franco. Fueron pocos, pero sus testimonios me marcaron profundamente. Fue igual de doloroso que de revelador escuchar al bilbaíno Luis Ortiz describir las torturas a las que tuvo que asistir mientras transcribía los interrogatorios a que eran sometidos sus compañeros prisioneros del campo habilitado en la Universidad de Deusto. O sentir el estremecimiento de Ángel Fernández Tijera cuando recordaba la forma en que asesinaban a los cautivos de Miranda de Ebro, en Burgos. O contemplar la tristeza que seguía reflejando el rostro del poeta Marcos Ana, al rememorar el hambre y la sed que padecieron los miles de hombres y mujeres que fueron encerrados en los recintos alicantinos de Los Almendros y Albatera. Eran testimonios duros, reales e intensos. Sin embargo, necesitaba ampliar al máximo el número de voces para aportar una visión real, global y heterogénea de lo que cerca de un millón de españoles sufrieron en los campos de concentración del franquismo. Consulté decenas de libros ya descatalogados, recurrí a investigadores locales y a familiares para que rebuscaran en los cajones.

"Documento la existencia de 300 campos de concentración de Franco por los que pasaron entre 700.000 y un millón de españoles"

Estos sinuosos y complejos senderos me llevaron a construir una obra con dos partes bien diferenciadas. La primera, en base a la documentación oficial que se conserva, narra la creación, consolidación y evolución política e histórica del sistema concentracionario franquista. En ella documento la existencia de 300 campos de concentración, casi el doble de los que se habían identificado en estudios anteriores, por los que pasaron entre 700.000 y un millón de españoles. Campos que respondieron a la estrategia de exterminio ideológico y de represión sistemática diseñada por los líderes de la sublevación militar mucho antes de poner en marcha el golpe de Estado contra la República. Campos que, desde 1947, dieron paso a otros recintos y unidades de trabajos forzados que perduraron hasta la llegada de la democracia. Todas las cifras, los datos, las citas que menciono en esta primera parte de la obra no tendrían sentido si no los completáramos con los nombres, los rostros y los relatos de quienes se esconden tras la fría estadística. Por eso la otra mitad de la obra reconstruye, gracias al testimonio de centenares de cautivos, el día a día en el interior de esos campos de concentración.

Hechos contrastados y testimonios. No encontrarán nada más en las casi 600 páginas de Los campos de concentración de Franco. Las opiniones sobran en la lucha por la verdad histórica que nuestra sociedad democrática libra contra la corriente negacionista. Una corriente que no solo trata de blanquear la crueldad del franquismo, sino que llega a justificar las decenas de miles de asesinatos, la represión y el secuestro de nuestras libertades durante cuatro interminables décadas. Frente a quienes apuestan por la amnesia, frente a los herederos de aquella España negra…, nada mejor que darle la vuelta a uno de los lemas de aquellos supuestos cruzados que arrasaron con la democracia, la cultura, la igualdad y la libertad: ¡Viva la inteligencia!

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Autor: Carlos Hernández de Miguel. Título: Los campos de concentración de Franco. Editorial: Ediciones B. Venta: Amazon

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