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Vivir en tiempos turbulentos, de Zygmunt Bauman

Vivir en tiempos turbulentos, de Zygmunt Bauman

En febrero de 2014 y abril de 2016, Zygmunt Bauman mantuvo una serie de reveladores diálogos con el ensayista y periodista Peter Haffner. Estas conversaciones son un privilegiado modo de acceso a los principales temas de su pensamiento, además de regalarnos interesantísimos aspectos personales e inéditos de este intelectual. A lo largo de las páginas de Vivir en tiempos turbulentos (Tusquets editores), Zygmunt Bauman aborda cuestiones tan candentes como la modernidad «líquida» y sus consecuencias, la creciente precarización de la vida humana, el odio al diferente y la creación de chivos expiatorios como permanente amenaza en las sociedades de nuestro tiempo. Y no renuncia a brindarnos jugosas opiniones sobre el sexo, el amor y la construcción del propio destino en un mundo que se desmorona.

Zygmunt Bauman (Polonia, 1925 – Leeds, 2017), premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades junto a Alain Touraine en 2010, fue catedrático emérito de Sociología de la Universidad de Varsovia y ejerció la docencia en las universidades de Leeds, Tel Aviv y The London School of Economics, entre otras. Su visión de la sociología ha reivindicado para esta disciplina un papel menos descriptivo y más reflexivo.

Zenda publica el prefacio de Peter Haffner. 

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Prefacio

Cuando visité por primera vez a Zygmunt Bauman, me sorprendió lo que a mí me parecía una contradicción entre la persona y su obra. El que quizás sea el sociólogo más influyente de Europa, cuya rabia ante las circunstancias actuales resulta evidente en cada una de las líneas de sus libros, me cautivó con su sagaz sentido del humor, con un encanto que me desarmaba y con su contagiosa alegría de vivir.

Desde que fue nombrado profesor emérito de la Universidad de Leeds en 1990, Zygmunt Bauman publicó un libro tras otro a una velocidad vertiginosa. Los temas de estas publicaciones van de la intimidad a la globalización, de los realities televisivos al Holocausto, del consumismo al ciberespacio. Leído en todos los continentes, este estudioso, calificado como «teórico de la antiglobalización», «líder del movimiento Occupy» o «profeta de la posmodernidad», constituye una excepción en el universo de las Humanidades, cuya fragmentación en disciplinas delimitadas con claridad, y que se defienden las unas de las otras con gran celo, Bauman ignoraba con el interés insaciable de un hombre del Renacimiento. En sus reflexiones lo político no se diferencia de lo personal; Zygmunt Bauman ha explorado con igual profundidad las vertientes personales y sociales de cuestiones como por qué olvidamos la capacidad de amar o por qué nos cuestan tanto los juicios morales. Sus conclusiones son tan poco tranquilizadoras como su advertencia de que la aniquilación masiva de personas no es un acto de barbarie propio del pasado que no podría repetirse.

Fue precisamente esta forma épica de contemplar el mundo lo que me fascinó cuando comencé a leer sus libros. Lo que escribe Zygmunt Bauman no deja indiferente a nadie, aunque uno pueda discrepar con uno u otro aspecto o no estar en absoluto de acuerdo con su planteamiento. Quien se introduce en sus escritos, ya no vuelve a mirar el mundo o a sí mismo de la misma forma. Zygmunt Bauman decía que su tarea era convertir en desconocido lo conocido y lo desconocido, en conocido. Para él ese era sencillamente el cometido de la sociología.

Esto, no obstante, solo puede hacerlo aquel que comprende al individuo en su totalidad y trasciende los límites de su disciplina para abarcar la filosofía y la psicología, la antropología y la historia, el arte y la literatura. Zygmunt Bauman no es un hombre de detalles, de análisis estadísticos ni encuestas, ni de cifras, hechos o predicciones. Él dibuja con brocha gorda en un lienzo gigante, realiza afirmaciones, enciende el debate con sus tesis y provoca controversia. Según la célebre categorización de pensadores y artistas que Isaiah Berlin tomó del adagio del poeta griego Arquíloco –«Muchas cosas sabe el zorro, pero el erizo sabe una muy importante»–, Zygmunt Bauman sería erizo y zorro a la vez. Ha acuñado el término «modernidad líquida» para nuestra época, y esta modernidad trans- forma todas las relaciones personales a un ritmo hasta ahora desconocido: el amor, la amistad, el trabajo, el ocio, la familia, la comunidad, la sociedad, la religión, la política y el poder. «Mi vida consiste en reciclar información», afirmó en una ocasión. Suena muy modesto, hasta que uno es consciente del volumen de información a la que se refiere.

En un momento de angustia e incertidumbre, en el que muchos se dejan seducir por las recetas del populismo, el análisis de los problemas y de las contradicciones de nuestra sociedad y de nuestro mundo es más necesario que nunca. Es la condición para poder reflexionar sobre posibles alternativas, incluso cuando estas no estén a nuestro alcance. Zygmunt Bauman, comunista un día, nunca renunció a creer, a pesar de todas las esperanzas frustradas, en que era posible construir una sociedad mejor. No le interesaban los ganadores, sino los perdedores, los desarraigados y los que han sido despojados de sus derechos, el creciente número de desfavorecidos, entre los que no solo se cuentan los pobres negritos de algún país lejano, sino también los miembros de la clase trabajadora en Occidente. El temor a que se hunda el suelo que nos sustenta, y que parecía tan sólido después de la Segunda Guerra Mundial, es hoy un sentimiento universal, del que tampoco se libra la clase media. En un clima que exige que nos demos por satisfechos y que pensemos que este mundo, como afirmaba Leibniz, es el mejor de todos los mundos posibles, Zygmunt Bauman defiende la utopía. No como un manual para construir castillos en el aire en el futuro, sino como incentivo para mejorar las circunstancias en las que nos encontramos, aquí y ahora.

Zygmunt Bauman me recibió en su casa de Leeds y allí mantuvimos cuatro largas conversaciones sobre su obra. Un jardín encantado, con sillas cubiertas de musgo y una mesa que invadían los arbustos, separaba la casa de una calle con mucho tráfico, como si quisiera demostrar que la realidad de las cosas se revela precisamente a través de su contrario. Alto y delgado, a sus noventa años Zygmunt Bauman se encontraba más vital y alerta que nunca; acompañaba sus explicaciones con abundante gesticulación, como si estuviese dirigiendo una orquesta, o golpeaba con el puño sobre el brazo del sillón para dar más fuerza a una afirmación. Y cuando hablaba, de cuando en cuando, de la cercanía de la muerte, lo hacía con la tranquilidad del hombre que había experimentado en su propio cuerpo, como soldado durante la Segunda Guerra Mundial, como judío polaco, como refugiado en la Rusia soviética y como víctima en 1968 de la limpieza «antisemita» en Polonia, el lado oscuro de la «modernidad líquida», aquella sobre la que más adelante establecería una teoría.

La mesita de café siempre estaba repleta de cruasanes y bizcocho, canapés y tartaletas de fruta, galletas y sándwiches de cangrejo, todo ello flanqueado por bebidas, frías y calientes, y zumos, como la «compota » polaca. Y el anfitrión no se olvidada de recordarle una y otra vez a su invitado que tenía que comerse todas las delicias que había preparado, mientras compartía con él sus reflexiones.

Zygmunt Bauman me habló de la vida, de sus intentos para darle una forma que el destino se empeñaba en frustrar, y de su afán por no dejar de ser una persona capaz de mirarse a sí mismo a los ojos. Cuando nos despedimos, me tomó de las manos y me deseó que cumpliese tantos años como él, porque, a pesar de todos los contratiempos, cualquier edad tiene su parte positiva.

Zygmunt Bauman murió el 9 de enero de este año en su casa de Leeds. Estas últimas conversaciones tienen el propósito de invitar a los lectores y a las lectoras a continuarlas con quien y donde deseen.

Peter Haffner, enero de 2017

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Autor: Zygmunt Bauman. Traductora: Lorena Silos Ribas. Título: Vivir en tiempos turbulentos: Conversaciones con Peter Haffner. Editorial: Tusquets. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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