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Y de pronto Rimbaud, poemas de Jesús Munárriz

Y de pronto Rimbaud, poemas de Jesús Munárriz

Estos cinco poemas pueden dar una idea de lo variado que resulta este nuevo libro de Jesús Munárriz, un libro en el que se entrelazan la poesía y la reflexión, lo personal y lo colectivo, la actualidad y la historia, la resistencia y la aventura, lo cotidiano y lo universal. Munárriz entiende la poesía como una forma de intervención en el mundo, como un método tanto de introspección como de proyección, como una propuesta de valores y desafíos. Y todo ello en versos de ritmo certero y funcional, libres pero bien medidos y combinados. Tras la concisión de sus dos últimos libros de jaikus, Capitalinos y Escaramujos, Y de pronto Rimbaud (Calle del Aire. Renacimiento), muestra el interés del poeta por la complejidad y la riqueza del mundo y de la vida.

 

Y de pronto Rimbaud

Para Francisco Javier Irazoki,

que me animó a que lo escribiera.

                                   6.6.2016.

Era en el puente del Arzobispado,
allí donde la proa de la isla de San Luis
divide en dos el Sena.
La crecida, potente,
café con leche el agua,
el cielo bajo y gris. Un sutil sirimiri
escarchaba en silencio a los curiosos
que al pretil se asomaban.

Y de pronto, lo vi. Era Rimbaud.
Sus ojos transparentes azul-blancos,
su cabello indomado,
la rebeldía de sus labios tercos,
amargos, orgullosos.
Era Rimbaud, el joven Jean-Arthur
reencarnado en una chavalilla,
casi una niña aún,
ardenesa, selvática, pensé.
La misma decisión, el mismo gesto
altivo de rechazo
y la misma mirada
inquietante, perdida.
Creedme, era Rimbaud con unos años menos.

Si por azar fueras genial como él lo fue,
tú también, colegiala, pensé, que no te venza
el mundo como a él
y que encuentres tu mano, tu tarea.
Aunque no dejes nada reseñable.
Versos, tenemos muchos; tú, vida, sólo una.
Disfrútala, pequeña. Ojalá tengas suerte.

Gotán

Muchos que nunca lo leyeron, hoy
se acuerdan de Juan Gelman,
poeta militante, judío no creyente, peligroso
sujeto antisistema,
subversivo cervantes
montonero
y poeta vivísimo
que revolucionó cuanto alcanzó
a revolucionar
en las palabras y en los hechos.

Se acuerdan
porque leen
que acaba de morir,
pero no, no lo crean,
Juan Gelman sigue vivo.

Léanlo de una vez, verán
cómo no miento.

Cuando muere un poeta
hay que leer sus versos,
revivirlo
con sus propias palabras.

De cuanto fue nos queda sólo
lo que nos dejó escrito
en esos versos.

Y en nosotros revive
al releerlo.
Nadie, nadie tan vivo
como un poeta, un buen
poeta muerto.

Sería bueno

Sería bueno, pienso yo, que el rey,
que es un profesional
muy encomiable,
el mejor preparado del país
para el puesto que ocupa,
buscase la ocasión y la manera
de preguntar al pueblo
si lo quiere
al frente del tinglado,
no sé si como rey
o como presidente.

Iba a salir que sí, que vale más
lo bueno conocido
que lo dudoso aún por conocer.
Iba a salir que sí, casi seguro.

Y él podría fardar
con razón
de demócrata
y seguir en el puesto
sabiéndose apoyado,
respaldado
y querido.

—¿Y si sale que no?
Pues si sale que no,
qué le vamos a hacer,
ya nos arreglaríamos.

Mais oui

Ahora el mundo es muy grande,
pero en aquellos años
el mundo, el otro mundo,
el de la libertad,
se reducía a Francia.

De Francia nos llegaban los libros prohibidos,
allí podían verse las películas
que aquí eran invisibles,
en Francia se cantaban las canciones
que daban alas a nuestra esperanza.

Y en francés aprendimos
a disentir del mundo obligatorio,
en francés descubrimos
los otros mundos que en el nuestro estaban,
la poesía hecha por todos,
el alarido de lAffiche Rouge,
la Marsellesa, la Internacional,
Le temps des cerisses,
el sexo sin cilicios
y el amor,
el amor libre, el amor loco,
el amor sin remordimientos.

Debemos mucho a aquella Francia
en que vivían nuestros exiliados
y trabajaban nuestros emigrantes,
donde murió Antonio Machado,
donde vivió, pintó y murió Pablo Picasso.

Y a esa lengua
que nos regaló un mundo imposible en la nuestra.
Mais oui. 

Cera ardiente

A la luz de una vela el mundo es otro:
más íntimo, más tibio,
más cercano, más pobre.

Su llama sabe iluminar el alma
secreta de las cosas,
las envuelve en su luz,
que antes fue flor,
las descubre y abriga,
las acaricia y dora.

A la luz de una vela
vuelve el mundo a su ser,
a su existencia
inestable, precaria, vacilante,
efímera, modesta,
impredecible.

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Autor: Jesús Munárriz. Título: Y de pronto Rimbaud. Editorial: Renacimiento. Venta: Amazon

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