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Yo, editora

Foto: Lupe de la Vallina

El día 3 de diciembre firmé la constitución de mi nueva editorial, Twin Brooks Press S. L. Aloja los sellos de Tres Hermanas (ficción) y Silonia (infantil y juvenil). Dos sellos que llevan en librerías de todo el mundo desde 2015. Ya fui “libre” en ese momento, a la manera en que, por ejemplo, Ursula K. Le Guin emplea el adjetivo en uno de sus textos de no ficción: “libre” para elegir mi catálogo. Pero ya entonces quería ser un hombre, como Ursula en otro de sus textos, porque quería ser yo la que tomara las decisiones, gestionara los derechos de mis autores y asumiera la dirección financiera. Solo así sería libre de verdad. Es fácil responsabilizar al otro si andas bajo su abrigo. Me despojo así de la “poética patriarcal” de la que hablaban Susan Gubar y Sandra M. Gilbert para empezar a andar sola.

Twin Brooks Press quiere emular a la Hogarth Press de Virginia Woolf. Dos sellos gemelos (de ahí «Twin»): Tres Hermanas y Silonia. «Tres Hermanas» en honor a Chéjov, por ese motivo su lema escogido del libreto de Las tres hermanas: “La vida es maravillosa. Sí, pero ¿y si sólo lo parece?”. «Tres Hermanas» por una razón emocional, en honor a nosotras: mi hermana melliza, mi hermana pequeña y yo. «Tres Hermanas» por las tres hermanas de Balthus, y, por supuesto, por las tres hermanas Brontë, cuyas vidas, sobre todo la de Emily, me llevaron a Copenhague a escribir mi tesina becada por el Ministerio de Asuntos Exteriores. La imagen de Tres Hermanas es la de tres hermanas, esa delicada ilustración de Sara Morante que transformaron en logo los de Papeles Mínimos: una hermana que escribe, una hermana que explora y formula preguntas que plantean cuestiones candentes y otra hermana que lee. Entre las tres, como un hada o un trasgo, está el editor. Yo, como editora, me planteo cuál es mi función, que es la de decidir qué define que un texto sea literario o no para ser publicado.

"Vivimos la cotidianeidad en una suerte de perpetuo conflicto. A esto también se refería una de mis grandes referentes literarias, Ursula K. Le Guin"

Un texto tiene que cumplir dos requisitos: que sea “agresivo”, en el sentido que proponía Susan Sontag, que consideraba la agresión no como algo peyorativo sino como una ley de vida. “Vivir es una agresión: ocupas un espacio que otros no pueden ocupar, cuando caminas pisoteas toda clase de flora, fauna y criaturas diminutas”. Que provoque una suerte de disparo emocional, una forma de apropiación similar al efecto de disparar una foto que nos congela; como decía Sontag, una foto es como decirle a alguien “quédate quieto, una forma de apropiación. Una literatura que desate emociones y desanude almas”.

Vivimos la cotidianeidad en una suerte de perpetuo conflicto. A esto también se refería una de mis grandes referentes literarias, Ursula K. Le Guin, que nos advertía en contra de la necesidad de tener que basar una historia en el conflicto, lo que limitaba nuestra visión del mundo. Ella defendía la multiplicidad de perspectivas que, de modo tan genuino e inteligente, empleaban los grandes maestros de la literatura como Tolstoi o Woolf. Eso es lo que persigo en un texto: transición de puntos de vista, historias que discurran por distintas épocas, personajes que se pongan al servicio de un buen relato, haya o no conflicto. Yo busco una historia que se oiga, palabras que se escuchen sin casi tener que leerlas, poesía, lirismo, una puerta de entrada a un mundo que me permita viajar sin moverme. Y eso es lo que quiero editar. La coherencia de mi catálogo, y que es permeable a casi todos mis libros, radica en que provoca impulsos, “agrede”, “coloniza” y a la vez fascina, hechiza. Si no está bien escrita una novela, no me interesa. Es fácil elegir a Virginia Woolf, Sylvia Plath o Gertrude Stein, aunque, ojo, no es tan fácil que sus herederos y los agentes que controlan su obra te elijan a ti para que traslades sus textos al lector en forma de libro bien editado; pero lo que no es tan fácil es elegir dónde está una buena obra de un autor novel o desconocido. Si responde a las premisas anteriores, entonces adelante. En caso contrario, mejor que el autor deje dormir su manuscrito en el cajón o en la carpeta de asuntos no resueltos de su ordenador.

"Pensé que quería escribir pero, con los años, decidí que lo mejor era que escribieran los demás y yo asumiría la responsabilidad de publicar"

Me ha costado llegar hasta aquí, entre otras cosas por el miedo, que es lo que paraliza a muchas mujeres. Pero por eso, como escribiera Montaigne, la virtud es más grata. También él, en uno de los ensayos que me acompañan en mis noches de insomnio, dejó escrito algo que me ha servido a la hora de emprender el vuelo. Se atrevió a decir que “los dolores de parto, que los médicos consideran grandes y que rodeamos nosotros de tanta ceremonia, no tienen la menor importancia para pueblos enteros. Para no hablar de las mujeres lacedemonias, ¿qué otro cambio notaréis después de parir en las mujeres suizas que acompañan a nuestra infantería? Nada, sino que trotando con sus maridos de aquí para allá las veréis hoy llevando a la espalda el crío que ayer llevaban en el vientre. Y esas falsas egipcias llevan ellas mismas a limpiar a sus recién nacidos al arroyo más cercano, donde ellas también se lavan”.

Todo empezó cuando, a los trece años, leí Del tiempo y el río, de Thomas Wolfe. Después de incontables páginas, la novela acababa con un fin redondo. Todo cobraba sentido, todo tenía su luz. El disparo, el fogonazo de la cámara se había producido y yo me había quedado quieta. Pensé que quería escribir pero, con los años, decidí que lo mejor era que escribieran los demás y yo asumiría la responsabilidad de publicar. Yo imprimiría las palabras de los escritores en el papel, como hizo el fotógrafo Henry Talbott en sus papeles salados, donde imprimía sus negativos.

En Tres Hermanas hay cuatro colecciones: “Tierras de la Nieve Roja”, “Otros Mares”, “Tierras de la Nube Blanca” y “Classics Revisited”. Básicamente, doy voz a los escritores en castellano y español de Latinoamérica en Tierras de la Nieve Roja para que no se pierda nuestra versión de la vida en un idioma que debe permanecer vivo; publico libros escritos en lengua inglesa y otras lenguas, cruzo mares para encontrar esa polifonía y multiplicidad de perspectivas de la que hablaba Ursula K. Le Guin en Otros Mares; brindo las literaturas australiana y neozelandesa en Tierras de la Nube Blanca y celebro la imagen y la ilustración en Classics Revisited.

"No puedo dejar de mencionar la importancia que en mi catálogo concedo a las ilustraciones, a la imagen"

Que me arriesgo publicando a autores noveles como Iñaki Echarte Vidarte, autor de Ninguna ciudad es eterna, o a Esther Ginés, autora de Mares sin dueño, sí. Ellos también confían en mí para difundir su obra y ponerla en manos de los lectores, como ha hecho recientemente Laura Riñón Sirera, fundadora de Amapolas en Octubre y autora de El sonido de un tren en la noche, que pronto estará en librerías, y Ernesto Calabuig, periodista cultural y profesor de filosofía, con sus relatos recopilados en La playa y el tiempo, por cuyas páginas desfila toda una galería de variados personajes que comparten el denominador común de afrontar el vértigo del paso del tiempo.

He publicado por primera vez en España el único cuento que escribió Gertrude Stein para las niñas y los niños del mundo, los volúmenes inexpurgados del diario de Virginia Woolf, en noviembre verán la luz las cartas, también inexpurgadas, de Sylvia Plath, y para el estreno del ballet de Giselle, de la Compañía Nacional de Danza, esta Compañía ha decidido que sea Tres Hermanas quien edite el libro que escribirá Inés Martín Rodrigo con ilustraciones de Mercedes DeBellard.

No puedo dejar de mencionar la importancia que en mi catálogo concedo a las ilustraciones, a la imagen. Vengo de una familia donde el arte era palabra y disfruto publicando textos acompañados de ilustraciones de artistas ya consagrados como Fernando Vicente y Clement Hurd, a nuevos valores como Andrea D’Aquino o Sonia Negrete y, próximamente, Mercedes DeBellard. Y es en este punto donde Tres Hermanas va de la mano del sello infantil Silonia.

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