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Túnel

Para Jesús María Martínez del Rey

Es un paraje tranquilo, un prado, con pequeñas colinas. Se ven vacas pastando y los terrenos están divididos por vallas de madera. El sol brilla con fuerza pero no hace calor. Él está solo y no recuerda cómo ha venido hasta aquí; tampoco tiene conciencia de un pasado o un futuro: sólo se fija en el presente. Para él sólo cuenta ese prado, las vacas, las vallas, el sol. Los pasos que va dando en la hierba.

Lo más extraño, en este lugar tan tranquilo, es lo que ve a lo lejos, poco antes de una colina también cubierta de hierba. Es extraordinario: un huracán se levanta desde el suelo, girando a terrible velocidad, hacia el cielo, tan alto que no puede ver el final.

El hombre camina y camina hacia el huracán, y cuando llega, sin pensárselo dos veces, entra en él. Fue un acto valiente: al entrar experimentó una sensación de gran fuerza sobre él, pero fue sólo un instante. En seguida se encontraba dentro.

"Sigue oyendo voces, y a medida que avanza por el pozo, mirando hacia arriba, ve unas formas blanquecinas que se mueven, formas cada vez más nítidas"

Miró hacia arriba y lo que vio le pareció un túnel hacia arriba, un pozo. Un pozo excavado en la tierra, con las paredes bien formadas: paredes de arcilla, con pequeñas piedras, algunas cortantes, que asomaban, malas hierbas… La forma del pozo era perfectamente cilíndrica.

Sin pensárselo dos veces empezó a trepar por él.

Y mientras va oyendo voces, extrañas voces que se pierden por lo alto del pozo, del “huracán”. Y sonidos, muy tenues, que no sabría identificar con nada de lo que había conocido hasta entonces, aunque en su cabeza no exista el pasado ni el recuerdo. Y el único futuro que se le presenta es lo alto del pozo. ¿Adónde llevará? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué es esto?

Sigue oyendo voces, y a medida que avanza por el pozo, mirando hacia arriba, ve unas formas blanquecinas que se mueven, formas cada vez más nítidas. Acelera un poco, trepa más deprisa, y puede ver mejor esas formas. Son hombres y mujeres, pero blanquecinos, un punto transparentes, traslúcidos. Sigue trepando y piensa que no podría imaginar mejor lo que es un fantasma. Entonces se mira a sí mismo y se da cuenta de que él es igual que ellos. Pero no se alarma, porque se siente a gusto: no le pesa el cuerpo, no tiene que hacer ningún esfuerzo para trepar, no se fatiga… Un atleta olímpico no se encontraría en mejor forma.

Las voces vienen de esas formas, esos hombres y mujeres. Ahora le miran, muchos con simpatía, aunque otros con envidia, enfado o ira, aunque él no sabe por qué.

Una mujer de repente le mira, le sonríe y le señala lo alto. El pozo se acaba, o lo parece. Hay una capa de la misma sustancia de la que están hechos ellos, tanto la “gente” que le acompaña como él mismo. Se fija en sus compañeros y ve cómo algunos penetran en esa capa mientras que otros se quedan quietos, como pensándoselo.

"Atraviesa la capa blanca, con decisión, y experimenta una sensación muy agradable"

Él no se atreve a tocar la capa blanquecina, aunque la mujer que le sonrió le dice ahora “ven, no tengas miedo”, y traspasa el fin del pozo.

Entonces mira a todos los que dan vueltas alrededor de la capa y no se atreven a entrar. “Algún motivo tendrán”, piensa. Pero él es valiente. Además, mira hacia abajo, y ve cómo el pozo se pierde en el fondo. Ya no sabe ni de dónde ha venido, porque para él sólo existe el presente.

Atraviesa la capa blanca, con decisión, y experimenta una sensación muy agradable. Si antes el cuerpo no le pesaba, ahora ni lo siente… Siente como una sensación de deslizamiento, de gran libertad, de volar.

Está en el cielo y ve el prado, con las vacas y las vallas dividiendo la tierra. Puede ir adonde quiera. Ve a su amiga que le hace gestos, pero ahora no es una forma blanquecina, sino prácticamente invisible, con muy ligeros contornos. Su cuerpo se ha pulverizado y se mueve por un lado y por otro, compuesto por pequeñas motas de polvo blanco. Mira su cuerpo y también a él le ocurre lo mismo.

No sabe lo que le ha ocurrido, pero está bien.

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