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12 lecciones aplicables al periodismo que aprendí haciendo chistorra

12 lecciones aplicables al periodismo que aprendí haciendo chistorra

Al tercer mes de pandemia, concluí que pasaría mucho tiempo antes de poder volver a España a ver a mi familia. De esa dolorosa realidad se desprendieron otras consecuencias menores, pero de más fácil solución, como por ejemplo la imposibilidad de comer chistorra* recién hecha. Aunque pueda sonar trivial, para un navarro nunca lo es, y menos si vive en Atlanta.

Después de cruzárseme fugazmente el pensamiento de producirla yo mismo, descarté la idea con la misma rapidez. “¿Hacer chistorra? Estás loco”, me dije. Pero después de varias elucubraciones, “¿por qué no?”, me pregunté. Así que me di a la tarea de investigar cómo fabricarla: leí todas las recetas publicadas en Internet, contacté con varios carniceros, vi todos los videos de YouTube… y finalmente me lancé a producir mi primer embutido, que bauticé comominimum edible product (producto mínimamente comestible).

Han pasado ya más de seis meses y soy un pequeño artesano de la chistorra. Cada vez sabe mejor, y la demanda va creciendo.

"En pleno afán charcutero, mi hermano Pablo me escribió algo que me sacudió: la vida es lo que pasa mientras haces chistorra"

Hace unos días, en la fiesta virtual de Navidad con mi equipo de redacción, me preguntaron qué había aprendido durante la pandemia. Sin dudarlo, dije, muy ufano, que “a hacer chistorra”. Pero después me avergoncé un poco, cuando los demás colegas mencionaron aprendizajes más elevados, como “tener más paciencia”, “ser más empático”, “apreciar el valor de la familia”, o “valorar más el trabajo que tenemos”. “¡Qué superficial soy!”, reflexioné.

Pero poco después, uno de mis compañeros me preguntó por Slack: “Antes de la pandemia, ¿hacías o sabías hacer txistorra?”. Le dije que no había embutido nada en mi vida. Su respuesta me hizo reflexionar y escribir este post. “Pero entonces más allá de poderlo hacer, la txistorra se convirtió en un símbolo de este año, supongo. Una reivindicación de lo que puede ser tener una pasión en la vida… ¡Qué bueno poder ser creador de toda esa dicha!”. Primero pensé que “dicha” rimaba con “salchicha”, pero luego reparé en la profundidad de su afirmación y pensé en todos los aprendizajes que me ha dado ser charcutero aficionado.

Estas son 12 lecciones que aprendí haciendo chistorra, y que se pueden aplicar al periodismo y a los emprendimientos de creación de contenido. Simplemente cambia la palabra “chistorra”  por “contenido”.

  1. Encuentra una necesidad (mejor si es personal) no satisfecha: En el momento en que detectas una necesidad, un hueco en el mercado, lo que algunos llaman un «nicho», hay una oportunidad de satisfacerla y crear valor de esa manera. Si esa necesidad es, además, personal, el nivel de motivación para saciarla es todavía superior. Entonces, salvo que seas una muy rara avis, es probable que como tú haya un número suficiente de personas que tengan esa misma necesidad, ese “minimum viable audience” del que habla siempre Seth Godin. En mi caso, yo necesitaba mi dosis de chistorra, y le descubrí a muchos otros que compartían mi necesidad que tampoco podían vivir sin ella. Quizás esto sea lo más difícil en el periodismo: identificar una necesidad no satisfecha que te motive satisfacer, y por la que haya una audiencia mínima dispuesta a pagar, porque comparte contigo esa misma necesidad.
  2. Todo se puede aprender y está a nuestro alcance: Internet está lleno de recursos para aprender desde lo más manual a lo más intelectual. Es cuestión de tener la disposición de buscarlo y la voluntad de aprenderlo. A veces, ese conocimiento está disponible en forma de vídeo en YouTube, en una serie de podcasts, en un curso de Coursera o Khan Academy, o, como me sucedió a mí, en una combinación de páginas web y personas con las que pude contactar a través de las redes sociales o por correo electrónico. Hay más gente dispuesta a compartir sus conocimientos de la que uno piensa. Gente buena y generosa como Juan Miguel, a quien le debo el éxito de mi pequeña producción. Tu carrera periodística es maleable: puedes aprender nuevas habilidades, nuevas herramientas, inventar nuevos productos basados en otras áreas de conocimiento, recibir lecciones de los mejores en tu campo. Amplía tus horizontes cognitivos y de aprendizaje.
  3. Ten un objetivo claro: Sin una meta definida, es difícil empezar, y más todavía perseverar. Cuando me empezaron a decir varias personas que estarían dispuestas a pagar por mi chistorra, atisbé el germen de negocio (que no era mi intención inicial), y pensé que podría fijarme el objetivo de ganar suficiente dinero para comprar un robot de cocina. Era una meta clara, alcanzable, fácil de cuantificar y suficientemente motivante como para impulsar mi emprendimiento. Puedo decir que ya he cumplido con creces. Es hora de plantearse nuevos objetivos para seguir rodando. Haz lo mismo en tu carrera periodística o en tus proyectos de contenido: ten siempre claro el por qué. “Start with why”, como recomienda Simon Sinek.
  4. Evalúa los costos de oportunidad: En pleno afán charcutero, mi hermano Pablo me escribió algo que me sacudió: “La vida es lo que pasa mientras haces chistorra”. Y es cierto. Hacer algo es no hacer algo más. Ten eso claro siempre a la hora de tomar decisiones. Lo que estás haciendo ¿es lo que debes hacer? ¿Hay formas mejores o más beneficiosas de aprovechar tu tiempo limitado? Cuando nos aventuramos en algún camino periodístico o emprendimiento de contenido, piensa siempre lo que tendrás que dejar de hacer y evalúa si vale la pena.
  5. Aplica los principios de la eficiencia: Una de las ventajas de estar casado con una ingeniera industrial es que todo proceso doméstico es optimizado bajo la óptica de la eficiencia. Aprovecha los canales de distribución para aprender del producto. El estudio de tiempos y movimientos es algo que he ido aprendiendo con los años de matrimonio y he aplicado a la confección de la chistorra. Comprar una máquina que ayudó a embutir más rápido, colocarla en una mesa más ergonómica para facilitar el rellenado, hacer tareas en paralelo… Como periodistas, gravitamos hacia los procesos rutinarios que hemos aprendido, y rara vez cuestionamos las eficiencias que podrían mejorar la calidad de nuestro producto y el proceso de producción. Cuestiona siempre tus métodos de trabajo y busca formas de hacerlos de forma más rápida, eficiente, placentera, sin fricción.
  6. No sacrifiques la calidad: La ingeniería ayuda a ser más eficiente y a bajar los costos, pero nunca debes sacrificar la calidad. En el caso de la producción de chistorra, experimenté con tripas de colágeno en lugar de las naturales de cordero con las que hice mis primeras tiras. Mi objetivo era, en parte, abaratar costos, pero sobre todo ser más eficiente, ya que el colágeno se rellena más rápido, es más fácil de encontrar suministros y no se rompe tanto como la tripa natural. Pero una de mis clientas más fieles y exigentes se dio cuenta y se quejó de la calidad del producto. Decidí que no valía la pena sacrificar la calidad, y entonces busqué unas tripas de cordero natural más largas, fáciles de embocar, y las compré al mayoreo, con lo que también abaraté costos sin perder calidad. Tampoco escatimé en el pimentón: empecé con uno murciano que se vende en pequeñas latas, pero busqué el pimentón de la Vera, mucho más aromático, y al comprarlo a granel, en un saco de 5 kilos, logré también además reducir los costos. Al final, logré producir más barato, pero sin bajar la calidad. Y la satisfacción de mis clientes también aumentó. Y con ello las ventas. No hace falta resaltar cuál es aquí el paralelismo con el contenido: calidad, calidad, calidad. Si no hay calidad, no hay nada.
  7. Testea tu producto antes de lanzarlo: Antes de empezar a vender la chistorra, la sometí a la prueba de fuego con un amigo navarro que también vive en Atlanta, al que invité a hacer a probar el “minimum edible product”. Después de catarla, me dijo que estaba tan buena que pagaría “una suscripción mensual”. También la regalé a varios amigos y vecinos, que la consumieron con regocijo. Solo entonces me animé a producirla a mayor escala y a venderla. Lo mismo sucede con el contenido: quizás tienes que empezar regalándolo, pero en cuanto puedas demostrar el valor debes cobrarlo.
  8. Crea una comunidad en torno a tu producto: Compartir una cultura, unos gustos, unas necesidades, genera un sentido de pertenencia que deriva en comunidades. Después de producir mis primeras chistorras, empecé a publicar fotos del proceso y el resultado en mi perfil de Facebook, en mi cuenta de Twitter, en Instagram… En los comentarios a estos posts se empezó a gestar un germen de comunidad que luego convertí en una página dedicada en Facebook. Mis clientes empezaron a mandarme fotos de sus creaciones, que yo compartía puntualmente. Eso fue amplificando la onda expansiva y empezó a encargarme chistorra gente insospechada, a través de mensajes de WhatsApp, mensajería, etc. Un tuitero al que no conocía me habló de un grupo de Facebook de “Españoles cocinando en USA”. Allí pude dar a conocer mi producto y, en cuestión de horas, tenía gente interesada en comprar en Nueva Jersey, Massachusetts, Illinois, Texas, Florida y otros rincones de Georgia, entre otros. Nunca ignores las posibilidades de una comunidad. Busca crear comunidad con el trabajo que haces, y los beneficios serán impredecibles.
  9. Aprovecha las posibilidades de aprendizaje durante la distribución y consumo del producto: Desde un principio decidí que la forma de entregar las chistorras, en plena pandemia, sería que los clientes vinieran a mi casa. Una maniobra breve y sencilla. Un intercambio rápido. Pero pronto empezaron a comprar viejos amigos periodistas a los que no veía desde hacía años, con lo que esas entregas se fueron dilatando en tiempo, y sirvieron para ponernos al día de tantas cosas que nos habían pasado en ese tiempo. Hubo grandes conversaciones (todas al aire libre y guardando la distancia social) en las que compartimos experiencias y recordamos lecciones y aprendizajes de cuando trabajábamos mucho. Además, me daban feedback sobre la chistorra, que me servía para seguir mejorando el producto. En la labor periodística o de creación de contenido es fundamental escuchar a nuestra audiencia, buscar momentos para encontrarse con quienes consumen lo que producimos y recibir sus impresiones. Solo así podremos mejorar.
  10. Eres lo último que haces: Cuando mis compañeros de carrera en la universidad se enteraron de que estaba haciendo chistorra, me congratularon en nuestro grupo de Whatsapp, a la vez que empezaron a bromear llamándome “chistorrerro”. Por momentos parecía que había dejado de ser director digital de un medio para convertirme en charcutero. Lo mismo nos sucede con nuestra labor periodística: somos tan buenos como lo último que hemos hecho, y por eso crecemos o nos hundimos. Cuida cada uno de tus trabajos, y ten en cuenta que cada cosa que haces te define profesionalmente.
  11. Reflexiona sobre todo lo que hagas: No fue hasta que alguien me interrogó sobre el proceso de hacer chistorra cuando me di cuenta de todas las lecciones que había aprendido y que se aplican a mi trabajo de periodista. Muchas veces hacemos las cosas sin pensar, y está bien. Hacerlas es lo primero. Pero todas esas lecciones “se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”, si no las reflexionamos, codificamos y convertimos en prácticas.
  12. Mira hacia otros campos para aprender del tuyo: En mi caso, aprendí lecciones sobre periodismo y contenido que no habría absorbido de no haber iniciado mi proyecto de chistorra. Pero también debo decir que aprendí lecciones de periodismo elaborando embutidos. A veces es más fácil salirse de la propia burbuja y ver desde afuera para encontrar soluciones a los problemas de tu profesión. Así que haz chistorra, monta un grupo musical, aprende a hacer pizza en Nápoles, haz una aplicación móvil o programa un bot… lo que quieras que te saque de tu caja y aporte una mirada fresca a lo que haces casi de forma rutinaria.

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*La chistorra es un embutido alargado hecho con carne de cerdo, pimentón y otras especias típico de Navarra y el País Vasco.

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