Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Martes, 15 de septiembre de 1936: Las colas
Mi querido Pepe:
Yo por mi parte me preocupo por lo que se dice de Madrid. Lo último que leo en los papeles es que piden a las madrileñas tejer jerséis para los milicianos. ¿Es así? ¿Están tan mal abrigados? ¿Cómo seguís vosotros? ¿Sabes si te van a militarizar? Como algunas de tus cartas no llegan, me preocupo.
Aquí los milicianos controlan todo. Han ocupado hasta la misma catedral. Han destruido imágenes, sobre todo los pasos que salían en Semana Santa, que eran tan valiosos. Ahora parece que las cosas empiezan a calmarse, después de demasiados muertos por venganza y delación, aunque hay miedo.
En el día a día, lo que más sufrimos son las colas. Me imagino que en Madrid es igual. Hay escasez de todo, el dinero no vale, y nos llegan cientos de refugiados huyendo de los frentes. Delante de la lechería hay amas de casa con niños mal alimentados de la mano. Los críos, cuando nos sobrevuela un avión, gritan y tratan de distinguir si es un Junker o un Fiat. Y cuando hay tiros, adivinan si es pistola o fusil. Han aprendido a distinguir disparos, pero se han olvidado del sabor de la carne.
Nuestra suerte es que los hombres fuman incluso más que antes. A veces, en el estanco nos pagan con patatas o cosas de la huerta, o algún pollo, así por lo menos podemos comer, no me quejo. Y lo mismo pasa a los vecinos de las bodegas Arévalo, que venden mucho porque el vino lo toman igual republicanos que socialistas. Cuando voy a comprarles para padre, que le gusta su vino con la comida, últimamente no me cobran. Por eso yo les regalo tabaco, y todos tan contentos. Lástima que esa buena relación no sea más frecuente entre vecinos. Aquí todos saben qué piensa cada cual, y quién ha denunciado a quien. Pero por el momento las gentes de derechas tragan. Nadie dice nada.
Lo que más echo en falta ahora mismo, que si no fuera por la guerra estaríamos en fiestas, es el teatro. Ya sabes que padre y madre me llevaban al Cervantes, que está en nuestra calle, por la misma acera casi llegando a la plaza del Pilar. Madre como es de aquí de toda la vida lo sigue llamando teatro Circo: así se llamaba cuando ella era joven. En su momento pasaba por él la compañía de María Guerrero, y yo recuerdo haber visto allí a la de Margarita Xirgu. Antes del verano se hablaba de traer a Pablo Sorozábal con alguna zarzuela, pero supongo que habrá que conformarse con nuestro Orfeón Manchego, que dirige don Salomón Buitrago, que se atreve hasta con «Bohemios». De todas formas, mis padres no tienen ánimo para ir, y ya sabes que a mí lo que realmente me gusta son las canciones de Conchita Piquer.
Como te habrás imaginado, Ambrosio, que por mucho que le guste la música es tan de izquierdas que ni siquiera asiste a la representación de «La rosa del azafrán», su zarzuela favorita, sigue a malas con padre. Claro que padre calla, porque sabe que si lo dejan tranquilo es porque Ambrosio ha vuelto a vivir con nosotros. Bueno, por eso, y porque se ha liado a regalarles tabaco a los milicianos. Dice que, si dura esto mucho, nos arruinaremos.
Te quiere muchísimo y te echa de menos tu Merche.
(De mi archivo familiar)


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