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20 aforismos de Carlos Marzal

Carlos Marzal es un poeta, narrador, ensayista, aforista y traductor nacido en Valencia en 1961. Se licenció en Filología Hispánica, sección de Literatura, por la Universidad de Valencia. En la actualidad es profesor del University of Virginia in Valencia Program. Obtuvo el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Nacional de poesía 2002 por Metales pesados, Barcelona, Tusquets, 2001. Ha reunido su poesía en el volumen El corazón perplejo, Barcelona, Tusquets, 2005. Es autor de la novela Los reinos de la casualidad, Barcelona, Tusquets, 2005 (Premio de la Crítica Valenciana, 2006), y del libro de relatos Los pobres desgraciados hijos de perra, Barcelona, Tusquets, 2010. Sus ensayos figuran en El cuaderno del polizón (Apuntes sobre arte), Valencia, Pre-Textos, 2007, y Los otros de uno mismo, Renglón Seguido, Universidad de Valladolid, 2009. Ha reunido sus aforismos en La arquitectura del aire, Barcelona, Tusquets, 2013. Es habitual colaborador de las publicaciones literarias, y columnista y crítico de los diarios ABC, Levante y El Mundo, y de las revistas Descubrir el arte y Capital Arte. Presentamos una selección de aforismos preparada por el propio autor bajo el título de “Medidas cautelares”.

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Medidas cautelares

Lo más sensato sería querer a la gente por partes.

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Lo único tonto es no usar un consuelo, por muy consuelo de tontos que sea.

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Una de las formas en que se manifiesta el avance de la vejez consiste en tomarse cada vez menos la molestia de resultar amable.

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La mayor parte de las veces, es mejor estar absolutamente convencido sólo a medias.

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La verdadera fuerza de la vida se aprende comprando fruta en el Mercado.

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Desde cierto punto de vista, la vida consiste en tres o cuatro mudanzas de muebles.

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La simpatía también consiste en tomarse la molestia de resultar simpático.

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El estilo literario también es una suma indeterminada de afecciones nerviosas.

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Lo más ridículo es vivir con secretismo, pero sin secreto.

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Otro epitafio: Respetó la gramática por amor al prójimo.

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Pasados los cuarenta, permitirse el pesimismo resulta una descortesía para con el vecindario.

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Todas las novelas son de iniciación y de amor, porque todos queremos amar, ser amados y aprender a estar en el mundo.

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La felicidad tiene tantas formas que parece mentira que sea solo una: la felicidad.

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Aunque no suele diagnosticarse a tiempo, la condición adulta es una grave enfermedad.

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Ser feliz consiste en creer que uno lo es.

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Si la terraza de café es lo suficientemente buena, el más desgraciado puede hacerse pasar por un tipo con suerte.

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Hay un elogio fúnebre que jamás se valorará lo suficiente: En su casa nunca faltó buena bebida.

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La experiencia nos permite distinguir con claridad entre aquello que en abstracto llamamos pueblo, y aquello que en concreto llamamos gentuza.

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Mi Paraíso es la salud del cuerpo.

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El amor reclama cegueras transitorias.

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