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23 de septiembre de 1936: La crisis de Yagüe

23 de septiembre de 1936: La crisis de Yagüe

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Miércoles, 23 de septiembre de 1936: La crisis de Yagüe

¿Está usted bien, mi teniente coronel?

—Perfectamente. Arranca, anda.

Juan Yagüe, en la parte trasera del Chrysler, volvía a sentir la molestia en el pecho, y al abrir los ojos se encontró con la mirada de su chófer en el retrovisor. El automóvil arrancó. Aspirando con fuerza, Yagüe paseó la vista por los campos agostados que surgían al abandonar el pueblo. El amarillo del secarral le recordó los jaramagos del Llano Amarillo. La diferencia de color correspondía a la diferencia entre su ánimo de entonces y el de ahora. Tras dos largos meses de guerra, Yagüe había perdido diez kilos. Se notaba el desgaste. Y no era solo la crisis del último fin de semana, su derrumbe delante de sus hombres al exponerse al sol del mediodía después de comer lo poco que comía. Si en el Llano todavía estaba convencido de que un golpe militar enérgico y bien coordinado podía garantizar la rápida toma del poder, ahora comprendía, como todos, que la guerra se podía prolongar mucho.

De ahí su ansia por llegar a Madrid y su preocupación al comprobar que la resistencia republicana aumentaba. Ya Badajoz fue el primer escollo grave en el camino, con una virulenta toma calle por calle, casi casa por casa, y numerosas bajas. Al llegar a Talavera, al ver las alambradas que protegían la población y cuatro filas de trincheras excavadas por los republicanos, Yagüe temió algo parecido.

"El propio Franquito le recomendó volver a Cáceres y descansar. Yagüe protestó vivamente: no le gustaba que le retirasen el mando"

Por suerte, los milicianos no eran militares. Cuando empezó a sobrevolarlos la aviación, muchos huyeron despavoridos. El resto los imitó tras la carga de la caballería mora y el Tercio. Aun así, los republicanos volvieron dos días después con más hombres y más determinación, y más militares y guardias civiles. ¡Guardias a los que condujeron sin armas hasta el frente, por desconfiar de ellos!, recordó, sonriendo para sí. El caso es que, si no se apresuraban, con la experiencia que iban adquiriendo los republicanos, la resistencia en Madrid sería feroz. Pero si aprovechaban el efecto moral de las victorias, la capital podía caer en nada.

—Si vamos por el norte y bajamos desde El Escorial, Madrid será nuestra en dos días —le había dicho a Franco—. Pero si nos desviamos para liberar el Alcázar, entonces llegaremos desde el sur y nos encontraremos con la barrera natural del Manzanares y unas tropas que habrán tenido todo el tiempo del mundo para prepararse.

Pero Franco hacía oídos sordos y Yagüe sospechaba que la bronca, que fue sonada, no había ayudado a que su corazón se restableciera, como tampoco el calor y la falta de sueño.

En definitiva, el esfuerzo extenuante y el disgusto del enfrentamiento con Franquito estaban pudiendo con él. El propio Franquito le recomendó volver a Cáceres y descansar. Yagüe protestó vivamente: no le gustaba que le retirasen el mando. En parte porque sospechaba que a Franco le molestaba tenerle como una mosca cojonera.

Pero al final había aceptado y cedido el mando, provisionalmente, a Asensio Cabanillas. Su naturaleza no podía más. Solo serán unos días, pensó, el tiempo de recuperarme. Y aquí estaba. Su mirada se posó de nuevo en las primeras dehesas a los lados de la carretera, donde algunos toros pastaban apaciblemente.

—Te he dicho que dejes de mirar por el retrovisor. Concéntrate en llegar cuanto antes a Cáceres —murmuró.

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Entrevista con José Ángel Mañas sobre 1936 día a día

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Antonio
Antonio
12 ddís hace

¡Un canalla! Su vesania en Badajoz es bien conocida y quizás menos lo sea su enfrentamiento con López Ochoa durante la revolución de Asturias, en la que destacó por el empleo de una extraordinaria violencia en la represión de los obreros insurrectos. Cuando el general Ochoa alcanzó un acuerdo con los obreros, Yagüe se indignó y mantuvo una agria discusión con él, llegando a acusarlo de ser cómplice de los rebeldes.
Luego, durante la IIGM fue notoria su simpatía hacia la Alemania nazi, mostrándose partidario de la entrada de España en la guerra. En un giro que no dejó de sorprender a muchos, algunos años más tarde conspiró contra Franco y se convirtió en partidario de la restauración de la monarquía en la persona de Juan de Borbón.

Aguijón
Aguijón
12 ddís hace
Responder a  Antonio

Ochoa terminó decapitado por los “demócratas”así que no sé si de haberlo sabido hubiese discutido con Yagüe.

Fernando Triana
Fernando Triana
12 ddís hace

Otra loa a un criminal de guerra. Que vergüenza.

John P. Herra
John P. Herra
12 ddís hace

La masacre de Badajoz, con millares de fusilamientos en la plaza de toros con la asistencia de familias con niños y banda de música, sólo puedem creerla personas muy predispuestas a confirmar sus ideas previas.

La supuesta masacre se basa en dos relatos periodísticos, el de Jay Allen, que es el que habla de fusilamientos en masa con público y banda de música, y el de Mario Neves. El primero no tiene verosimilitud, tanto por la exageración de detalles como por la omisión de otros en un lugar donde ha habido una lucha.

Mario Neves, en cambio, da detalles que son plenamente verosímiles. Neves visitó Badajoz en dos días distintos, y n base a esas visitas, escribió dos columnas. En la primera describe una ciudad donde habido una batalla callejera, con camiones incendiados y cadáveres aún sin recoger. Visitó la plaza y vio “varias docenas de prisioneros”. En la arena vio algunos cadáveres y bombas sin estallar, lo que hace inverosímil que alli tuviera lugar un espectáculo público. No habla de ejecuciones en la plaza, sino de pequeños grupos en otros lugares. Los ejecutados fueron sobre el terreno o inmediatamente después de la lucha. Se trataba posiblemente de guardias civiles y de asalto que lucharon junto a los milicianos, con los que se actuó con especial severidad.

La segunda visita de Neves se produce cuando éste escucha en Elvas rumores de ejecuciones en masa y vuelve a Badajoz, pero la plaza sigue con los mismos cadáveres sin recoger y las bombas sin estallar. O sea, que de masacre en la plaza, nada.

Las cifras del cementerio y el registro civil hablan de unos 500 muertos en los dos meses después de la toma de Badajoz por Yagüe. Es una cifra muy alta, pero no los 1500 que se dicen.

A Yagüe no se le pueden atribuir todas estas ejecuciones, que en su mayor parte tuvieron lugar después de su marcha y habría que atribuir a las nuevas autoridades. Los ejecutados seguramente pertenecían al nutrido grupo de los que huyeron hacía Portugal, pero fueron devueltos por la policía de Salazar. Es decir, la mayor parte de las 500 ejecuciones tuvieron lugar en los dos meses después de la toma de Badajoz, cuando Yagüe ya no estaba.