Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Martes, 3 de noviembre de 1936: Hablando con con Companys (III)
Permítame, president, que vuelva a ese famoso 6 de octubre de 1934, cuando usted declaró la independencia de Cataluña. Durante nuestro último encuentro, el mes pasado, usted me contó que se puso a cenar con los miembros de su gobierno y otras personalidades mientras esperaban la respuesta de Batet, que les llegó en forma de ruido de artillería desde la Rambla de Santa Mónica.
—Tengo entendido que en ese momento no había comunicación telefónica ni telegráfica con Barcelona…
—Los huelguistas la cortaron.
—Por eso el diálogo que mantuvo Batet con Lerroux, este último en Madrid, fue por teletipo. No estaban de acuerdo sobre cuándo declarar el Estado de Guerra en Cataluña. Si no me equivoco, comprobar que las comunicaciones estaban cortadas fue lo que decidió a Batet a proclamarlo inmediatamente.
—Así lo tengo entendido.
—Como sabrá, poco después, a las nueve, empezaba el tiroteo en Madrid. Lo iniciaron grupos afines al partido socialista, que asaltaron edificios ministeriales. Aproximadamente a las diez, el propio general Franco, llamado por el ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, se presentó en el palacio de Buenavista, en Cibeles, y tomó el mando de operaciones para acabar con la revuelta. El intento golpista madrileño fue abortado con facilidad. Se rechazó a los asaltantes, mandados entre otros por Enrique Puente, jefe de la Brigada Motorizada del PSOE, un prietista radical; el capitán Condés de la Guardia Civil, que asesinó a Calvo Sotelo; y el oficial de Asalto José Castillo. Su objetivo era tomar Gobernación y varios centros oficiales. Fracasaron, por falta de organización y por la resistencia de los militares. Y el Gobierno pudo concentrarse en Asturias y en Barcelona. De Asturias se ha hablado mucho, pero lo de Barcelona se conoce menos.
—Dígame, Nogales, ¿por qué piensa usted que fracasamos?
—¿En Barcelona? Creo que porque no contaron con los anarquistas. En ese momento, Buenaventura Durruti era el líder revolucionario más importante de Cataluña y España. Pero ustedes lo metieron en la cárcel. Con lo cual, cuando se decide la huelga general solo la secundaron socialistas y comunistas, además de las milicias de los independentistas, los escamots de Josep Dencàs…
—Le doy la razón, Nogales. No contar con la CNT fue un error. Por eso lo tuve tan en cuenta en las pasadas elecciones. Durante casi dos años en la cárcel me sobró tiempo para rumiarlo. Yo siempre dije que, sin el apoyo anarquista, ni se ganarían las elecciones ni habría revolución social, ni tampoco independencia. Viendo lo sucedido en Cataluña y el resto de España, creo que mis previsiones eran correctas. Es algo que aprendimos de los hechos del 34. El que García Oliver y la Montseny se hayan incorporado ahora al Gobierno de Largo Caballero es una demostración de que los confederales también han evolucionado.
—Sí. Pero, si le parece, señor Companys, volvamos al 34…
—En esa fecha, usted mismo lo ha dicho, Nogales, no contamos con Durruti y la CNT. Ellos hicieron fracasar la huelga general. Nos desafiaron. Hubo que meter a muchos en la cárcel. Lamentablemente. Fue un primer y tremendo error. El otro, ir nosotros, la burguesía y la izquierda moderada secesionista, con el marxismo, en un momento en el que este apenas tenía fuerza en Cataluña. Ni los unos ni los otros estábamos preparados. Los únicos duchos en la acción revolucionaria eran los anarquistas. Con los anarcosindicalistas podríamos haber triunfado, como se ha hecho en el 36; pero, sin ellos, íbamos al desastre.


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