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31 de mayo de 1936: Háblame sobre Marruecos, tío

31 de mayo de 1936: Háblame sobre Marruecos, tío

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Domingo, 31 de mayo de 1936: Háblame sobre Marruecos, tío

Me alegro de que hayas venido a verme, Pepe. Y entiendo la preocupación con tu padre. Ya me puso al tanto, el otro día, cuando estuve cenando en tu casa, de vuestras diferencias. Sé que estás ofendido por su intransigencia, pero tienes que entender que tu padre, mal que le pese, es militar. Ha vivido las penurias de la guerra de Cuba, y ha sufrido el abandono y la incompetencia de los gobiernos de España…

—Hábleme de Marruecos, tío José.

Pepe Mañas había ido a visitar a su tío en su piso de Argüelles y se sentó en el pequeño saloncito de su buhardilla mientras conversaban. Había una jarra de agua sobre la mesa junto a dos vasos. El suyo todavía no lo tocaba. A su tío se le escapó un suspiro.

"El desastre de Annual tuvo consecuencias. La primera, que al saberse de los diez mil muertos, la gente empezó a pedir una reacción"

—Las dos guerras fueron parecidas. En las dos los militares se sintieron abandonados por los gobernantes. Piensan que el Ejército está desatendido. Y aun así ha conseguido logros históricos, no ya cuando había imperio, sino hasta más recientemente, cuando se enfrentaron, sin casi medios, al mismísimo Napoleón.

—No nos vayamos al siglo pasado. África, tío. Yo sé que usted estuvo mucho tiempo allá.

—Es que África empieza con el abrazo de Vergara, Pepe. Es entonces cuando se le ocurre a O’Donnell que la aventura africana puede servir para distraer a los españoles de la política interior.

—Es lo mismo que, según Ortega, pensó Fernando el Católico con América.

—Es posible. Supongo que el atractivo de Ultramar en principio fue ese. Luego, cuando empezaron las insurrecciones y se organizaron expediciones como la de Cuba, donde enviaron hombres sin el menor ideal, sin armamento ni equipo adecuado, la cosa cambió. Los militares siguen pensando que debió exigírsele responsabilidades a los gobernantes que, con su imprevisión y negligencia, ordenaron iniciar operaciones sin proveer de las más elementales necesidades a las tropas. Encima, se les enfrentó con la nación más poderosa del mundo. Y para que el desastre fuera completo, se les envió a la guerra con una colección de barcos inútiles. El almirante Cervera, en una carta, se quejó del estupor que causaba en los comandantes la orden de poner en marcha una expedición de la que no podía esperarse más que la destrucción total de la escuadra. El hombre suplicó que la orden se reconsiderara.

—Qué triste.

—Muy triste, sí, Pepe. Y sucedió lo que tenía que suceder. Y a continuación los políticos se apresuraron a señalar como únicos culpables al Ejército y a la Marina, sin que a ellos se les exigiera la más mínima responsabilidad. Desde entonces no deja de acentuarse el divorcio con el pueblo, alentado por los políticos, que llegó a su clímax en Marruecos. Allí se envió a muchos reservistas en un pésimo estado de ánimo y sin los servicios indispensables. Todo hubo que improvisarlo frente al enemigo, con los resultados dolorosos del año 21 con el desastre de Annual. Eso tuvo consecuencias. La primera, que al saberse de los diez mil muertos, la gente empezó a pedir una reacción, cuando en realidad España carecía de elementos para castigar al adversario. Tropa y cuadros de mando apenas se conocían, los fusiles en su mayoría estaban descalibrados, las ametralladoras Colt y las pistolas se encasquillaban, no había municiones y el ganado de carga era malo. Eso yo, que estuve de capellán en el tercio, lo vi. Y aun así el ejército cumplió reconquistando lo perdido. Otra consecuencia fue que el pueblo empezó a reclamar responsabilidades políticas y el ministro de la Guerra nombró al general Picasso para investigar en Melilla lo sucedido. Ese fue el famoso expediente que subía inevitablemente en la línea de mando hasta el rey.

"La dictadura en realidad no fue más que una maniobra de Alfonso XIII para parar las conclusiones que la comisión parlamentaria iba a sacar del informe Picasso, porque le iba a afectar personalmente"

—¿Y qué hicieron los políticos?

—Lo mismo que en el 98, Pepe. Cobijarse en la impunidad. En vez de cargar contra los gobiernos que mantuvieron desasistido al ejército, se señaló a militares. Aquello acabó con que, después de mucho ir y venir, cuando el pleno del Congreso iba a reunirse para votar una resolución sobre el asunto, el trece de septiembre de 1923, el general Primo de Rivera proclamó la Dictadura. El tema se enterró. La dictadura en realidad no fue más que una maniobra de Alfonso XIII para parar las conclusiones que la comisión parlamentaria iba a sacar del informe Picasso, porque le iba a afectar personalmente. Esa es la verdad que los monárquicos alfonsinos callan desde entonces, Pepe —concluyó el religioso.

Y bebió agua, porque hablar tanto le había dado sed.

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