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El primer ensayo-ficción

El primer ensayo-ficción

¡Cuánto bien hizo esta novela hace cuarenta años! Coincide la publicación de Canon de cámara oscura, de Enrique Vila-Matas (Seix Barral), con la recuperación de uno de sus títulos más emblemáticos, Historia abreviada de la literatura portátil, recuperado por la editorial Libros del Zorro Rojo con ilustraciones de Julio César Pérez. Lo primero que tenemos que decir es que esta reedición es todo un lujo material, un privilegio para el tacto y la vista. Lo segundo es que leímos esta novela hacia el año 2000, cuando estudiábamos la carrera de Filología y el autor acababa de publicar (o iba a aparecer pronto en Anagrama) Bartleby y compañía, y que su lectura fue un bálsamo entre tantos libros que no es que fueran exactamente serios sino que resultaban más bien plúmbeos por su empeño forzado en parecer franceses, oscuros, interesantes e imprescindibles.

Hace un cuarto de siglo la Humanidad hispánica parecía dividida en dos partidos literarios: los que consideraban Nada una gran novela y escribían sobre cipreses y tundras, y los que simulaban una cierta competencia teórica y se autointoxicaban de gimnasias silogísticas incomprensibles, para no decir nada, posiblemente porque no tenían nada que decir. De ahí surgieron una serie de urticarias foucaultianas bastante desagradables, cuando no anacrónicas. Nos encontrábamos en la antesala del ofendidismo universal, y por eso una lectura como la de Vila-Matas nos reconciliaba con la Humanidad; como los protagonistas de Historia abreviada de la literatura portátil, la mayoría escritores portátiles o para-artistas nómadas y poco consistentes, los miembros de la sociedad secreta shandy, nos apetecía mucho más hurgar en el gamberrismo literario y el humor negro que perdernos en laberintos narcisistas condenados al fracaso de antemano y siempre. La pureza no nos interesaba.

"En definitiva, el chiste, la humorada y el neodadaísmo nos sirvieron de brújula en un momento que empezaba a cargarse de odios y neopedanterías"

Lo tercero que hemos de decir es que (no sabemos si el ensayista Ginés S. Cutillas, autor de El ensayo-ficción: Una nueva forma narrativa (Sílex), se ha dado cuenta) seguramente esta obra de Vila-Matas inaugurara esa “nueva forma narrativa” que trató de filiar y catalogar y valorar. Una nueva forma en la que alguien realizaba una investigación de tipo cultural que le servía de correlato inmediato para confesar o presentar una serie de filias y fobias que se convertían en la encarnación de la narración en sí misma. Una narración desnarrativizada en grado moderado; un modo de practicar la autoficción con guantes de látex y una pinza en la nariz. Los desenfadados, pero también los precisos y los ebanistas, elegían esta forma de expresión frente a los infatuados, plúmbeos, sobrepesados, oportunistas, neovictorianos y obesos mórbidos que ya nos aburrían sin remedio y que actualmente siguen torturándonos en forma de alejandrinos de sí mismos.

"Vila-Matas poseía una erudición inteligente que contrastaba enormemente con el embrutecimiento neoescolástico imperante, que se disfrazaba de teoría crítica pero que servía solo para encubrir una indigencia mental creciente"

En definitiva, el chiste, la humorada y el neodadaísmo nos sirvieron de brújula en un momento que empezaba a cargarse de odios y neopedanterías. Nos amenazaban nubarrones y estos delincuentes culturales de Vila-Matas nos vacunaban contra la tormenta de trascendencia impostada que nos indigestaba las lecturas. De repente, alguien tenía agallas para escribir el siguiente párrafo: “Lo que Johnson nunca pudo imaginar es que su muerte lo convirtió en una especie de Werther neoyorquino, pues la ciudad, de la noche a la mañana, imitando a París se pobló de jóvenes suicidas que, deslumbrados por aquella muerte con tetera de plata barroca, se arrojaban de los puentes colgantes, no sin antes escribir divertidas cartas a los jueces, exponiéndoles los más variados motivos para abandonar esta vida” (pág. 34); o frases como esta: “Typon huyó a La Martinica, donde montó una papelería en un poblado en el que nadie escribía salvo él, que se arruinó consumiendo su propia mercancía” (pág. 42).

Vila-Matas poseía una erudición inteligente que contrastaba enormemente con el embrutecimiento neoescolástico imperante, que se disfrazaba de teoría crítica pero que servía solo para encubrir una indigencia mental creciente. Hace unos meses, con motivo de la publicación de Ocho entrevistas inventadas (HyO), pude entrevistar a Vila-Matas y le pregunté cuál era su obra preferida entre las suyas, y cuál salvaría ante un holocausto nuclear. Respondió lo siguiente: “Está depositada toda mi obra —con lo bueno y con lo malo— en un bunker del Polo Norte, por lo que dejaremos que la elección de mi mejor obra sea decidida por los extraterrestres que quizás la comprendan mejor que los terrícolas”. Yo no diré nada más porque no quiero que esta reseña resulte trascendental o wagneriana, lo cual no tendría ningún sentido a propósito de un libro tan jovial, tan pionero, tan extraterrestre y tan genial.

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Autor: Enrique Vila-Matas. Título: Historia abreviada de la literatura portátil. Editorial: Libros del Zorro Rojo. Venta: Todos tus libros.

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Lucas
Lucas
1 mes hace

Ginés Cutillas se ha dado cuenta en El ensayo-ficción: Una nueva forma narrativa (Sílex):

“El marco teórico está fijado, y en él aparecen las primeras novelas no
convencionales desde finales de los 80 hasta los 2000, como por ejemplo Beatus Ille (1986) de Muños Molina, Galíndez (1990) de Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003) y, quizá la más evidente, Soldados de Salamina (2001) de Javier Cercas (1962) —que más tarde vendría refrendada en la forma de contar por Anatomía de un instante en 2009 y El impostor en 2014—
. Las tres tienen en común que mezclan la ficción y la realidad y sobre todo que están construidas sobre el pilar de una investigación con tintes políticos llevada a cabo por un escritor-narrador y que se va recomponiendo a medida que realiza los descubrimientos: la primera, una tesis doctoral de Minaya, una joven estudiante, sobre el poeta republicano Jacinto Solana, condenado a muerte e indultado más tarde para acabar muriendo en un tiroteo a manos de la Guardia Civil; la segunda narra el secuestro de Jesús Galíndez en
Nueva York en 1956, representante del Gobierno vasco en el exilio, y la investigación por parte de otra estudiante, esta vez norteamericana, de los hechos; la tercera, es el propio Cercas quien investiga por qué un soldado republicano le perdonó la vida al escritor y líder falangista Rafael Sánchez Mazas en la guerra civil española. En 1985 aparece también la
novela Historia abreviada de la literatura portátil de Enrique Vila-Matas (1948), un falso ensayo ficcionado donde el autor intenta fijar los parámetros de los shandy, una generación de escritores totalmente inventada por él.”