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Recuperación de Metrópolis de Thea von Harbou

Recuperación de Metrópolis de Thea von Harbou

El que entra, 2026, será el año en el que Thea von Harbou ambientó su Metrópolis, la novela en la que su entonces marido, el gran Fritz Lang, basó la cinta homónima, todo un clásico de la pantalla silente, la ciencia ficción y el expresionismo alemán. Escrita en 1925, nuestra autora imaginó ese mundo, que habría de ser uno de los pilares de la ficción distópica en todos los formatos, un siglo después de cuando lo concibió sobre el papel con una cinta en su máquina de escribir de dos colores: el negro para la descripción de las acciones y el rojo para los diálogos.

Como todas las utopías alumbradas después de que los comunistas pusieran en marcha la suya, y de aquella “ideología fraterna” resultase uno de los estados más perversos y despiadados que ha conocido la humanidad, Metrópolis es básicamente eso, una distopía. Pero, en muchos aspectos, aquí y ahora nos toca mucho más de cerca que las demás. Nosotros (1920), del disidente soviético Yevgueni Zamiátin, es un lustro anterior y también nos habla de la explotación de una clase social —los hombres número— por otra: el aparato burocrático-político del Bienhechor y su estado sedentario y entrópico.

"No hace falta mirar muy lejos para dar con otro hombre profundamente enamorado de su mujer y trazar todo un paralelismo entre él y Joh Fredersen, el estratega de la supervivencia de Metrópolis"

Pero en un tiempo tan infausto como el nuestro, que en gran medida lo es por los falsos mesías que se arrogan el papel de redentores de las masas —“mejorar la vida de la gente”, dicen ahora—, puede que sean más las concomitancias que registramos entre la obra de la alemana y la que ya se percibe como la España de 2026 —“este país”, que llaman al nuestro quienes no quieren ni decir su nombre— y el Estado Único que oprime a D-503, el enamorado de Zamiátin.

No hace falta mirar muy lejos para dar con otro hombre profundamente enamorado de su mujer y trazar todo un paralelismo entre él y Joh Fredersen —uno de los villanos de Von Harbou—, el estratega de la supervivencia de Metrópolis, siempre dispuesto a mantener el poder a cualquier precio, utilizando la lógica y el control de las estructuras de la ciudad. Y a buen seguro que el año que viene nuestro hombre, profundamente enamorado de su mujer, sigue siendo ese político “tecnocrático” que prioriza la supervivencia en el poder y el control de las instituciones —como Fredersen en su rascacielos— por encima de las tradiciones o los consensos previos, viendo la política como un tablero de ajedrez donde las piezas se mueven según su conveniencia en cada momento.

"t&t editores ha reeditado la novela en la que, salvo error u omisión, es la cuarta traducción española que ha conocido la pieza más destacada en el panorama internacional de la obra de Von Harbou"

La adaptabilidad y el repentino cambio de guion de nuestro hombre profundamente enamorado parecen estar inspirados en el Rotwang de Von Harbou, el alquimista que transforma a la ginoide en la falsa María como la palabra dada del político se transforma, según su necesidad, para mantener el sistema en marcha. Resumiendo, las concomitancias son muchas. Tantas que Metrópolis, amén de una distopía, deviene toda una novela de anticipación de la que bien podría ser la España de 2026.

Adelantándose a las conmemoraciones que, cabe esperar, celebrarán el año de Metrópolis, t&t editores ha reeditado la novela en la que, salvo error u omisión, es la cuarta traducción española que ha conocido la pieza más destacada en el panorama internacional de la obra de Von Harbou. A saber, la primera edición fue dada a la estampa por Martínez Roca en 1977. Once años después, Amparo García Burgos la tradujo para Orbis, quien la incluyó dentro de la colección Grandes Escritoras, que comercializaba semanalmente en los quioscos. Ya en 2013 volvió a ser reeditada por Gallo Nero.

Esta de t&t es una de esas ediciones profusamente ilustradas a las que esta casa vallisoletana tiene acostumbrados a sus lectores. Muy aplaudidas sus versiones de La sombra sobre Innsmouth, de H. P. Lovecraft con láminas de Jagoba Lekuona, El hombre invisible de H. G. Wells con ilustraciones de Daniel Jimbert o El color que cayó del espacio, también de Lovecraft, con magníficos dibujos de Alicia de Andrés, Metrópolis continúa la que ya es una tradición con varias láminas y viñetas de Tomás Hijo. La novela —traducida por Jesús Gómez Gutiérrez— viene prologada por Luis Madorrán y cuenta con dos epílogos. Uno de ellos, original de Elisa McCausland y Diego Salgado, descubre a los lectores la figura de Thea von Harbou; el otro es un acercamiento a la magistral película que inspiró al gran Fritz Lang que yo mismo he tenido el orgullo y el honor de firmar.

"Cuanto concierne a la obra maestra de Lang y von Harbou no tarda en olvidarse. Será la posteridad, lo venidero, la que otorgue a Metrópolis el lugar que le corresponde en la historia de la cultura universal"

En contra de lo que se pueda pensar, las filias nazis de Thea von Harbou no parecen haber tenido nada que ver con las escasas traducciones españolas —y me atreveré a decir que en el resto de los idiomas ha sido igual— que ha conocido Metrópolis. Máxime considerando el culto del que ha sido objeto su versión fílmica. Y eso que, hasta 2010, cuando finalmente pudo verse una copia de un metraje aproximado a su extensión original —153 minutos— las que circulaban estaban terriblemente mutiladas por los cortes de las distintas censuras, las combustiones espontáneas inherentes al celuloide en el que se impresionaba el cine silente y todos los avatares consustanciales a su conservación.

Metrópolis, la novela, aunque nació como tal, al punto se convirtió en un guion. Supeditado por tanto a la realización del filme, “es un modelo excelente de literatura transversal a varios medios”, escriben McCausland y Salgado. “Lang inicia su filmación y el relato se publica en paralelo y por entregas en la revista Das Illustrierte Blatt, acompañado por fotos fijas de la película, en lo que cabe considerar una mezcla de novela por episodios y publicidad”. Meses después, aun en 1925, dentro de esa misma operación de marketing a la que obedece la iniciativa, Thea von Harbou publica la ficción en la que se basa la próxima película de Lang. Finalmente, cuando la cinta llega a las salas, pese a haber sido la más costosa de la UFA, se convierte en el gran fracaso económico de aquel estudio que fuera uno de los grandes orgullos de la República de Weimar. Cuanto concierne a la obra maestra de Lang y Von Harbou no tarda en olvidarse, como le sucede a todo —y a todos— lo que no responde a las expectativas despertadas. Será la posteridad, lo venidero, la que otorgue a Metrópolis el lugar que le corresponde en la historia de la cultura universal.

"Thea von Harbou construye a María no solo como una líder sindical, sino también como una santa. En el libro, su contraste con la ginoide es aún más violento"

Volviendo a la novela, hay que hacer notar que, en algunos aspectos de sumo interés, se descubre mucho más pronunciada que la película. Uno de ellos es el pasado de los personajes: Von Harbou explora con mayor profundidad la historia de Hel, la mujer fallecida, modelo de la ginoide, por la que Joh Fredersen —el líder— y Rotwang —el científico— compiten. En el libro queda claro que Hel amaba a Rotwang, pero lo dejó por Fredersen, lo que alimenta el odio del científico. También destaca el componente ocultista. Bajo su aparente condena, la cinta entraña una auténtica exaltación de la modernidad industrial; la novela, por el contrario, rezuma magia y esoterismo: la casa de Rotwang es descrita como un lugar antiguo y casi místico que sobrevive en medio de la ciudad moderna.

Y luego está el polémico final. En los dos formatos la historia acaba con el simbólico —más que probable— apretón de manos entre el trabajo y el capital. Pero la versión impresa hace un mayor hincapié en la redención espiritual de Joh Fredersen.

Y por supuesto, la hermosa ginoide avant la lettre. Una protoginoide, sí. No fue hasta 1985 cuando el escritor y académico Gwyneth Jones acuñó el término gynoid, en inglés, para describir específicamente estos robots de apariencia femenina en oposición al androide masculino, que de antiguo —recuérdese La Eva futura (1886) de Auguste Villiers de l’Isle-Adam— venían fascinándonos en la ciencia ficción. Thea von Harbou construye a María no solo como una líder sindical, sino también como una santa. En el libro, su contraste con la ginoide (la falsa María) es aún más violento.

Por todo esto y mucho más, Metrópolis, de Thea von Harbou, ha de merecerle al amante de las distopías la misma atención que Nosotros, Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932) o 1984 (George Orwell, 1948). Esta esplendida edición de t&t, en papel ahuesado de 145 gramos, es la mejor oportunidad para descubrir este clásico de la ciencia ficción.

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Autor: Thea von Harbou. Ilustraciones: Tomás Hijo. Traducción: Jesús Gómez Gutiérrez. Título: Metrópolis. Editorial: T&T Editores. Venta: Todos tus libros.

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