Este libro define poéticamente las emociones que todos sentimos, pero que no tenemos palabras para expresar. Por ejemplo: una “anemoia” es ese momento en que miramos una fotografía antigua y sentimos una punzada de nostalgia por un tiempo que nunca vivimos.
En Zenda reproducimos algunas entradas del Diccionario de tristezas sin nombre (Capitán Swing), de John Koenig.
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Vemödalen
el miedo a que la originalidad
ya no sea posible
Cada uno de nosotros es único. Y estamos rodeados de miles de millones de personas igual de únicas. Cada persona es distinta y tiene una visión propia y novedosa del mundo. ¿Por qué, entonces, esas vidas que tanto nos esforzamos en moldear en su singularidad acaban pareciendo todas iguales?
Reconocer que no somos tan diferentes, que nuestras perspectivas coinciden claramente, debería ser reconfortante. Al menos es un recordatorio de que vivimos en el mismo mundo. Y, sin embargo, nos desconcierta. ¿Cuántas de mis fotos podrían reemplazarse por otras mil idénticas? ¿Tiene algún valor hacer otra foto de la luna, del Taj Mahal o de la Torre Eiffel? ¿Es una fotografía solo una especie de suvenir para demostrar que has estado en algún sitio, como un mueble prefabricado que nos enorgullece haber conseguido montar?
No pasa nada si contamos los mismos chistes que todos hemos oído. No pasa nada si seguimos haciendo remakes de las mismas películas. No pasa nada si seguimos diciéndonos las mismas frases como si nunca se hubieran dicho antes. Incluso si nos remontamos a la obra de arte más antigua que existe, encontraremos la huella de una mano estampada en la pared de una cueva (no solo una, sino cientos de ellas superpuestas, cada una indistinguible de la otra).
Sin duda, nosotros y miles de millones de personas dejaremos nuestra huella en este mundo que hemos heredado, igual que hicieron los miles de millones que nos precedieron. Pero si al final nos descubrimos sin tener nada que decir, sin nada nuevo que añadir, siguiendo los caminos que otros dejaron hace mucho tiempo, será como si nunca hubiéramos estado aquí.
Esa tampoco es una idea original. Como dijo el poeta: «La potente obra continúa, y tú contribuirás con un verso». ¿Qué más queda por decir? Cuando te toca salir a escena, recitas tu línea.
Del sueco vemod, tierna tristeza, melancolía meditabunda, + Vemdalen, el nombre de una ciudad sueca, lo típico que IKEA suele tomar prestado para dar nombre a sus productos.
hojatriste
adj. experimentar una sensación de pérdida al terminar un buen libro, sentir que el peso de la contracubierta encierra las vidas de los personajes que hemos llegado a conocer tan bien.
De hoja + triste.
jouska
n. conversación hipotética que reproducimos mentalmente de forma compulsiva —un análisis preciso, una réplica devastadora, una liberación emocional— y que sirve como una especie de ring psicológico, mucho más satisfactorio que los pequeños combates estratégicos de la vida cotidiana.
Del francés jusqu’à, hasta. Se pronuncia «yuska».
plata rasa
n. arrullador sonido de un lavavajillas en marcha, cuyo constante rumor maternal apacigua nuestra inquietud por no haber vivido grandes aventuras en solitario.
Del latín plata, plato, + rasa, en blanco.
borrarse
v. anhelar desaparecer por completo, fundirse en la multitud y volverse invisible, para poder asimilar el mundo sin tener que participar en él, libre para deambular por las conversaciones sin dejar huella, libre para sumergirse en las cosas sin preocuparse del ruido de nuestros chapoteos.
De borrar, desvanecer, quitar, hacer que desaparezca algo.
otrogar
n. conmovedora extrañeza que sentimos en las casas de otras personas, que huelen y se perciben tan distintas de la nuestra: ver los detalles de su espacio vital privado, observar sus pequeños rituales diarios, la forma en que han organizado sus cosas, las fotos enmarcadas de personas que nunca conoceremos.
De otro, persona o cosa distinta de la que se habla, + hogar.
til
n. depósito de todas las oportunidades que aún están a nuestra disposición en este momento de la vida —todos los países que aún tenemos la energía de explorar, las carreras profesionales que aún tenemos el valor de seguir, las habilidades que aún tenemos tiempo de desarrollar, las relaciones que tenemos el ánimo de iniciar—, como un cubo de agua que llevamos en la cabeza y que empieza pareciéndonos una carga abrumadora, pero que se va reduciendo a medida que envejecemos y del que vertemos varios litros cada vez que damos un paso.
Del inglés till, caja registradora llena de monedas sin gastar.
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Autor: John Koenig. Título: Diccionario de tristezas sin nombre. Traducción: Magdalena Palmer. Editorial: Capitán Swing. Venta: Todos tus libros.


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