A estas alturas, el buen hacer de Lucía Solla Sobral en su ópera prima, Comerás flores, ya no supone un descubrimiento para el lector informado; se trata del fenómeno literario de esta última temporada. Respaldada por los premios Cálamo y Ojo Crítico de Narrativa 2025, celebrada por una abundancia de reseñas elogiosas y ampliamente debatida en clubes de lectura de todo el país, la novela ha contado además con una notable presencia pública de su autora, entrevistada en numerosos foros. A ello se suma el respaldo constante de los lectores, materializado en una sucesión ininterrumpida de ediciones en librerías —va ya por la decimoquinta—, lo que confirma que estamos ante un texto de cualidades excepcionales.
Me referiré a mi propia experiencia lectora al respecto. Tras una temporada perezosamente reticente a adentrarme en el último superventas de las librerías, acabé adquiriéndolo junto con otras publicaciones recientes. Sin embargo, mi ya legendaria costumbre de apilar libros que demoro semanas —o meses— en leer me hacía dar por sentado que Comerás flores seguiría el mismo camino. No podía estar más equivocada: esa misma noche, comencé a hojearlo… Escasas veinticuatro horas después ya había alcanzado su última página. Sin duda, la sensación literaria del momento me había atrapado sin remedio. Ese efecto absorbente no es casual. Comerás flores se inscribe en una tradición de novelas que interpelan al lector desde lo íntimo, abordando con delicadeza temas como la pérdida, la identidad y la fragilidad —o peligrosidad— de los vínculos, sin caer en la complacencia ni en el sentimentalismo fácil. Solla Sobral opta por una aproximación contenida, donde los grandes conflictos se filtran en los gestos cotidianos y en aquello que queda sin decir, confiando en la inteligencia emocional del lector para completar los vacíos del relato.
¿Cómo consigue esto nuestra escritora novel? Mediante técnicas sencillas, pero sumamente efectivas. En primer lugar, con una primera persona incisiva que se dirige a nosotros desde lo más profundo de su ser, desde sus vulnerabilidades, haciéndonos sentir rápidamente sintonizados con sus vicisitudes. Comerás flores es, en gran medida, la disección de un corazón doliente: desconsolado por la pérdida del padre, confuso ante la vacilación emocional propia de la juventud y atravesado por un universal anhelo de estabilidad y plenitud. Sin esfuerzo nos fundimos con la voz de Marina y recorremos con ella su itinerario emocional. El retrato realista del episodio vital que abarca la novela se construye, además, desde una perspectiva creíble y cotidiana. El trazado de los personajes, con toda una gama de claroscuros, resulta particularmente verosímil: ni Marina es una víctima «modélica» ni Jaime un maltratador sistemáticamente despiadado. Como la vida misma; repleta de grises y dobleces.
A todo ello se suma un manejo magistral de los paratextos. La dedicatoria —«Para las que todavía estáis en un coche a doscientos kilómetros por hora»— constituye toda una declaración de intenciones: una apelación directa y sin paliativos a un sector muy concreto de las lectoras, aquellas a las que, sin duda, esta narración interpela de manera especial. A continuación, un epígrafe, una cita de la escritora estadounidense Dorothy Allison, que sienta la pauta para adentrarnos en el territorio de las ambigüedades, de las medias tintas, en el que todos nos debatimos a lo largo de nuestras vidas y, más específicamente, en lo que concierne a los lazos sentimentales. Sin embargo, por encima de todos estos guiños cómplices al lector, destaca la inserción de interludios entre las distintas secciones principales que estructuran el relato. Estos funcionan como una cadencia rítmica y como una coda persistente, prolongando su resonancia más allá de la lectura. En ellos, además de las enumeraciones con las que la narradora da cuenta de los afectos que permanecen, aparecen o desaparecen de su vida a lo largo de su relación con Jaime, se enuncian algunas claves de lectura esenciales. En concreto, hacia la conclusión de la narración se formula la siguiente reflexión: «Tengo una pregunta atravesada: ¿y qué hacía una chica como tú con un hombre como él?». Con esto, Lucía Solla Sobral da de pleno en la diana al formular una cuestión que no solo sobrevuela a quienes hemos quedado prendidos y prendados de su primera y ya gran novela, sino también a todos aquellos casos de maltrato reales en los que resulta difícil comprender cómo una mujer formada, sensible, con una sólida red familiar y de amistades —una mujer «normal», en definitiva— puede quedar atrapada en los vericuetos de un amor tóxico. Comerás flores sortea esa común y lamentable incomprensión al ofrecer un retrato fidedigno de cómo el espíritu humano rara vez sigue direcciones rectas, previsibles o plenamente comprensibles. Es decir, muestra con compasión unas flaquezas de las que nadie estamos exentos. No extraña entonces que, desde esa certera universalidad en su aproximación ficcional a una fragilidad tan profundamente humana, esta novela haya triunfado de manera tan rotunda entre lectores y lectoras.
Comerás flores no se limita a narrar una historia de maltrato psicológico, sino que se erige como una indagación lúcida de los mecanismos afectivos que nos constituyen —y, a veces, nos desarman—. La novela de Lucía Solla Sobral rehúye el trazo grueso y el juicio simplificador para apostar por una mirada compleja, empática y honesta, capaz de incomodar sin moralizar y de conmover sin caer en el efectismo. Su éxito no radica únicamente en la pertinencia del tema abordado, sino en la inteligencia formal con la que se articula y en la verdad emocional que destila cada una de sus páginas. Al concluirlo, el lector no recibe respuestas cerradas ni certezas consoladoras, sino preguntas que siguen repicando largo tiempo en nuestras mentes, obligándonos a repensar nuestros propios espacios de vulnerabilidad. Esa persistencia —esa incomodidad fértil— es, quizá, la prueba más evidente de que estamos ante una novela llamada a perdurar.
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Autora: Lucía Solla Sobral. Título: Comerás flores. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Todos tus libros.


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