CMYK es el nuevo trabajo de Mario Marín, ganador del 46º Premio Kutxa de Novela en castellano. Una historia áspera, doliente, un drama que narra la vuelta a la cotidianeidad, al barrio, al hogar. Tras una travesía sufrida por el lado oscuro de la vida y de la mente, Cinta vuelve rehabilitada a La Orden Baja, el barrio que la ha visto crecer y que de nuevo la recibe.
A continuación, reproducimos un fragmento de esta novela.
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1
—A mí me gusta el café negro. El de los bares. Yo la leche no… —lo dijo haciendo morisquetas con la nariz y la boca arrugadas—. Cero. Nozin.
—…
—… —Le pegó una calada al cigarro cogiéndolo con el anular y el corazón y mirándose las chanclas.
—…
—En Madrid ya al final siempre me tomaba el café solo y luego mi mdma con anís La Hormiga. Del seco. A Camarón el que más le gustaba. Se lo mandaban de Almonaster. A San Fernando.
—…
—Al mánager. —Suspiró largo y miró para la calle Río de la Plata—. O a la Chispa. O al que fuera. —Encogiéndose de hombros.
—…
—Pone anís La Hormiga y la hormiga arriba. —Cinta dibujaba en el aire.
—…
—Y dos escudos. El de Huelva y el de Almonaster.
—…
—Y una fuente. Sobre un fondo rojo.
—…
—Ese rojo no sé qué rojo es. El de la etiqueta. Es un bermellón infrecuente. De una bermellonería rara. Rollo este. —Estábamos sentados junto al 24 Horas La Orden y Cinta repiqueteó con su dedo el acetato rojo de la fachada. Eso es un panelado entero con el nombre arriba en mayúscula cursiva y un montón de ilustraciones de refrescos, cervezas, baguetes, dulces, menaje, productos de limpieza y otras pocas más de fruslerías de las que venden dentro.
Cinta me lo estaba diciendo en el Bar Vaquero. En julio de dos mil veintiuno, en la segunda semana, creo. Con el fresco ese de las ocho de la mañana en verano.
No voy a contar nada nuevo porque la historia de Cinta la conoce cualquiera y hasta tiene ya varios TFG como caso de no sé qué rollo de algo mental, una esquizofrenia rara, creo que paranoide crónica. Salió media semana en los telediarios y en los periódicos y luego en La Sexta Columna dos o tres mañanas porque García Ferreras lo enlazaba con un debate muy moña sobre si los zumbados tenían que entrar en prisión o cumplir la pena por otra vía.
Eso fue que yo había salido a las siete del turno de noche y me paré en el Vaquero a tomarme el café y fumarme el cigarro y me senté en la mesa que pega con el 24 Horas. Si estoy de noche me paro siempre un rato. El café y la copa. Luego me subo. Cinta se había bajado también y al verme me preguntó por mi padre y se sentó conmigo.
Nosotros fuimos vecinos del ochenta y tres al ochenta y seis. Mis padres se mudaron de la barriada del Carmen a su bloque ese año. No sé ahora bien si el ochenta y dos al final o ya el ochenta y tres; me suena venirnos y al poco las Navidades.
Yo ahora vivo más arriba, en el primero de esquina de la calle Valparaíso. Yo viví hasta los doce en la barriada del Carmen, en la calle Arcipreste Julio Guzmán. Una media casa muy chica y con mucho salitre. Mi madre decía que o nos íbamos o los niños se morían. Del número no recuerdo, pero era abajo cerca de la avenida Cristóbal Colón porque me suena que salíamos y al momento estaban ya los comercios.
Cinta sí se fue seguro a Madrid en el ochenta y seis. Me acuerdo de la bronca con su padre en las escaleras, cagándose en sus muertos. Cinta solo: papá, por favor, papá, por favor, papá, por favor. En marzo, con veintitrés años. Esto ya me lo contó ella esa mañana en el Vaquero.
El Bar Vaquero está debajo de nuestro bloque. Nuestro bloque es el seis de la calle Puerto Rico. Digo el bloque de ella y el de mis padres. El bar ha sido creo que una tienda y luego otros bares; ahora se llama Bar Vaquero y hace esquina entre la calle Río de la Plata y avenida de La Orden. Gente atenta, buena cocina, amplio, limpio. Y con una terraza en alto muy desahogada.
2
Yo me llamo Fran y soy gasolinero abajo en la gasolinera de la rotonda. Me metió mi padre. Mi padre ahora tiene ochenta y siete años y está perfecto. Toda su vida con la gasolina; en la de enfrente de Hipercor, en la de Gibraleón por delante de la vía, en la de Peguerillas, en la de San Juan la vieja. Y luego la de La Orden.
Yo acabé COU y me matriculé en Derecho. En noviembre le dije que me metiera, que eso lo sacaba yo fácil. Hice los cinco años a curso por año. Las clases que no podía me pasaba los apuntes Julio. Julio es el hermano de Cinta y también abogado. Desde el colegio. Misma edad y promoción que yo. Un tipo estupendo. Metido en mil mierdas de activismo. Separado. Alto, faroto, la misma calva que Javier Cámara. Con un niño chico. A lo mejor cuatro o cinco años. Vive otra vez en el piso familiar de La Orden. A mí luego me gustó más lo del combustible y ahí sigo.
—¿Quieres otro café, Fran?
—No.
—¿No quieres?
—No.
—¿Tú me tienes miedo, Fran?
—Ninguno.
—¿Y si me entra otra vez y te hago algo?
Cinta mató al cuarto en el dos mil doce. Por la tarde, casi de noche. En octubre. Se lo cargó rápido porque era fácil de encontrar.
—Una corbata negra la lleva cualquiera, Fran.
—…
—¿Tú abajo te pones corbata?
—No.
—… —Cinta me miró que le completase la información.
—Llevamos un polo blanco.
—…
—Los hombros así como butano…
—Naranja. Naranja Repsol.
—Y en invierno el que quiere también su polar. Lo mismo, azul y con los hombros naranjas.
—…
—Y los pantalones de estos de trabajo con bolsillos. Un azul medio negro.
—Ultramar. Azul ultramar oscuro.
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Autor: Mario Marín. Título: CMYK. Editorial: Pepitas. Venta: Todos tus libros.


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