El escritor y abogado, además de colaborador de Zenda, Miguel Garrido de Vega acaba de publicar La noche líquida (Páginas de Espuma), un libro de relatos que propone nadar entre dos aguas, en medio del abismo, en ese instante donde la memoria se funde con los hechos, cuando las expectativas pesan más que la razón y nuestras aristas redibujan la frontera de lo real. Seres sin rostro en la negrura de un pantano, jazz en el cumpleaños de Hitler, hombres mojados y niños hechos a retazos, ojos vidriosos que atraviesan entrañas, dedos que sostienen cigarros junto a la piscina, mujeres que gritan desde las profundidades. Y alguien que corre en la oscuridad. Estos personajes anidan su miedo en lo acuático, lo que fluye, y sienten que la vida se les escapa entre los dedos, como cuando intentamos beber con las manos: el agua terminará escurriéndose en un charco que todo lo empapa. Y, aquí, bajo la superficie, ya trasluce una sombra.
Hoy, Miguel Garrido de Vega responde a nuestro cuestionario.
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—¿Qué libro, película, serie, disco y obra de arte salvaría en un diluvio o un incendio?
—Haré trampa y salvaré alguna más. Libros: El libro del desasosiego (Pessoa), Claus y Lucas (Kristof) y Catedral (Carver). Películas: Flor pálida y Perfect Days. Series: Better Call Saul y Dark. Discos: Hail to the Thief (Radiohead) y Grace (Jeff Buckley). Obra de arte: Nighthawks (Hopper) o cualquiera de Leonora Carrington.
—Puestos a salvar, elija una actriz, un actor, un personaje histórico y un político actual.
—Actriz: Jessie Buckley. Actor: Luis Tosar. Personaje histórico: mi bisabuelo, el médico Rafael de Vega Barrera, fusilado en la tapia del cementerio de Lugo en 1936. Político: no me interesan las figuras individuales, sí los movimientos sociales.
—¿Qué aventura real o literaria le gustaría haber vivido?
—Habría acompañado al viejo Ambrose Bierce en su viaje final hacia el desierto, donde —dicen— fue absorbido por algo sin nombre.
—¿Y qué recuerdo personal le gustaría que jamás se perdiera en el tiempo, como lágrimas en la lluvia?
—La voz de mi madre. Me aterroriza el día en que me dé cuenta de que llevo más tiempo aquí sin ella que con ella.
—¿Cuál es su primer recuerdo lector?
—De nuevo: la voz de mi madre leyendo El monte de las ánimas, de Bécquer.
—¿Cuál es el último libro que ha leído?
—Inmortalidad digital (Raquel Ferrández). Y, en paralelo, los Cuentos de Ray Bradbury.
—¿Puede recomendar un libro clásico?
—Ejercicios de estilo, de Raymond Queneau.
—¿Y uno actual?
—Dos: Mis estúpidas ideas (Bernardo Zannoni) y Punto de araña (Nerea Pallares).
—¿Qué libro no ha podido acabar?
—En busca del tiempo perdido. Lo he intentado varias veces, pero Proust va ganando.
—¿Puede recitar de memoria un poema?
—«Negra sombra», de Rosalía. Y, de regalo, un haiku de Akutagawa Ryūnosuke: «Caigo en la cuenta: / mis finas vestiduras / las llevo heladas». La traducción es de Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala.
—¿Cuál es la canción más hermosa del mundo?
—«Free In The Knowledge» (The Smile).
—¿Puede decirnos una heroína y un héroe —literarios o cinematográficos— imprescindibles?
—Pelagia, la protagonista de La madre, de Maksim Gorki. Y Ghost Dog, en la película homónima de Jim Jarmusch.
—¿Y un personaje malvado que le fascine?
—El juez Holden, tal como lo describe McCarthy en Meridiano de Sangre.
—¿Tiene una editorial y una librería preferidas?
—Páginas de Espuma, por su firme compromiso con el cuento en castellano. Y dos librerías en Madrid: El Aleph y la Alberti.
—¿Cuántos libros hay en su biblioteca? ¿Qué porcentaje, aproximadamente, ha leído?
—Nunca los suficientes.
—¿Con qué libro se ha emocionado más? ¿Ha llorado tras la lectura de alguno?
—El amigo, de Sigrid Nunez. Y, más recientemente, La isla desnuda, de Lola Nieto.
—¿Se ha excitado alguna vez leyendo? Si es así, ¿con qué libro?
—Sí, pero no sabría decir con cuál.
—¿Cuál es el rasgo principal de su carácter?
—La constancia; al menos, eso decía mi maestro de ninjutsu.
—¿Y su principal defecto?
—Darle demasiadas vueltas a todo. Y una insumisión pertinaz que llevo —casi siempre— en silencio.
—¿Qué aprecia más de sus amigos?
—La empatía, el humor y la lealtad.
—¿Cuál es su ocupación preferida?
—Escribir.
—¿Y su sueño de felicidad?
—Tener tiempo para escribir.
—¿Cuál es el estado actual de su espíritu?
—Sigo caminando, sin saber cómo ni hacia dónde.
—¿Qué detesta más?
—El autoritarismo, incluso en sus formas más pequeñas.
—¿Qué faltas le inspiran la mayor indulgencia?
—No soy muy de erigirme en árbitro moral, pero entiendo a quien se equivoca por cansancio, por miedo o por torpeza.
—Ojalá que no tenga que ir nunca a una isla desierta, pero si así fuera, ¿qué libro se llevaría?
—Poemas japoneses a la muerte, edición de Yoel Hoffmann. Y trabajaría en componer el mío propio.
—¿Y a qué persona?
—A mi familia. Y, como entonces sí sobreviviría, cambiaría el libro: El gran imaginador, de Juan Jacinto Muñoz-Rengel.
—Si todas sus respuestas han sido sinceras, diga ahora una mentira.
—Solo me interesa la verdad.
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Autor: Miguel Garrido de Vega. Título: La noche líquida. Editorial: Páginas de espuma. Venta: Todostuslibros.



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