Hay libros que marcan una vida (de quienes los leen) y una trayectoria (de quienes los escriben). El libro que nos ocupa es un veterano de nuestras librerías: Soldados de Salamina, de Javier Cercas, publicado hace ahora 25 años, que celebra el cuarto de siglo con una nueva edición de lujo de la mano de Random House.
Entre croissants, castizos churros y buen café, la Directora Editorial de la división literaria de Penguin Random House, Pilar Reyes, capitaneó un encuentro distendido en el que Cercas estuvo abierto a conversar sobre temas indirectamente relacionados con la obra, pero de plena actualidad.
“El objetivo de esta nueva edición” —confesó Reyes— “es la de llegar a un público nuevo”. Da fe del novísimo interés por la obra la reciente participación de Cercas en un encuentro con estudiantes al que acudieron más de dos mil jóvenes. En su momento el lanzamiento de Soldados de Salamina le pareció al autor una locura y llegó a sentirse Hemingway (se distribuyeron seis mil ejemplares), si bien el éxito editorial se tradujo no solo en más de un millón de ejemplares vendidos (en palabras de Pilar Reyes y del propio autor es muy difícil concretar la cifra real debido a la cantidad de ediciones diversas en muchos países, el libro se ha traducido a más de 40 idiomas). “¡Hay hasta una edición pirata en Irán!”, revela el propio autor quien, sin embargo, se quedó con ganas de disfrutar de tan peculiar ejemplar.
La novela, según Reyes, inaugura la narrativa española del siglo XXI. Es una apuesta formal convirtiéndose en el primer título de autoficción. “Es un libro que hay que celebrar”, afirma Reyes, cuyo grupo editorial publica la obra desde 2016.
Tras la presentación de Reyes, dio paso a un turno de preguntas que se convirtió rápidamente en un vigoroso debate en torno a la desclasificación de los papeles del 23-F. Cercas, elegantemente, hizo de sus respuestas un auténtico tour de force al zanjar que” la verdad sobre el 23-F no cambiará con esta publicación, pero, al menos, los bulos tienen un lugar menos al que agarrarse”. Cercas se mostró contento con la publicación de estos documentos que, aunque no muestran datos nuevos (muchos de los papeles desclasificados ya los citaba el autor hace 25 años en este título), supone un servicio a la democracia de nuestro país.

MADRID, 26/02/2026. Soldados de Salamina, la obra que consolidó a Javier Cercas como uno de los autores fundamentales de la literatura española contemporánea, vuelve a las librerías 25 años después de su publicación original en una edición especial conmemorativa que presenta el autor este jueves. EFE / Borja Sánchez-Trillo
Durante el acto Cercas desveló que nunca aspiró a ser un escritor profesional, sino el mejor escritor posible y que desconoce el porqué del éxito de este long seller. Cree que podría ser la conjunción azarosa entre las obsesiones privadas de un escritor y las necesidades públicas de una sociedad. “Soldados de Salamina vino a llenar una necesidad. La sociedad necesitaba recuperar su pasado, recuperar la herencia republicana, es decir, demócrata, que se había enterrado”.
“La literatura de verdad” —concluyó Cercas— “es equidistante. La gran literatura no toma partido, hay que darles a todos los personajes sus mejores razones”.
Respecto al proceso de escritura de la obra, del que recuerda que le llevó cuatro años a jornada completa (“trabajo a muerte para que no se note lo que he trabajado”), afirma que el impulso de escritura de esta obra surgió de una imagen (que le descubrió Rafael Sánchez Ferlosio) y que su obsesión es escribir libros fáciles de leer y difíciles de entender. Reescribió el libro varias veces hasta que encontró el mecanismo: la falsa crónica. Asevera Cercas que la escritura es una forma de conocimiento y, hoy día, “no cambiaría nada de Soldados de Salamina. Este libro es mucho mejor que yo”.


¿Qué son veinticinco años? Veinticinco años no es nada y lo es todo.
Para Soldados de Salamina es la prueba de que el tiempo no pasa en balde cuando un libro aprende a mirarnos de verdad.
Recuerdo aquella primera lectura siendo muy joven. No sé explicarlo bien, pero una sabe cuándo está ante algo que no se va a ir nunca de su vida, y eso me pasó con este libro. Me pasó mucho antes con los mundos de Enid Blyton y aquellos veranos interminables de Los Cinco. Me pasó con Celia, de la genial Elena Fortún, que fue la primera escritora que me habló sin disfraces de lo que duele crecer. Me pasó con los universos inmensos que Ana María Matute me regaló sin pedir nada a cambio. Sin saberlo, aquellas mujeres me estaban enseñando que la literatura es un país donde una puede quedarse a vivir para siempre.
Ahora Cercas dice que el libro es mucho mejor que él. ¡Qué frase tan bonita y tan cierta!, para cualquiera que haya intentado escribir algo que merezca la pena. Porque las obras que nos importan acaban teniendo vida propia y nos miran desde la estantería con una mezcla de complicidad y distancia. Soldados de Salamina es así. Tiene ese don raro de ser muchas cosas a la vez: una indagación en la memoria, una novela de aventuras, una conversación con los fantasmas de este país y, sobre todo, un libro que le enseñó a la literatura española a mirarse de otra manera. Esa mezcla que él llama “falsa crónica”, y que no es más que la vida contada con todas sus contradicciones a cuestas.
Me ha gustado mucho lo del encuentro con los estudiantes y esos dos mil jóvenes escuchando, porque eso quiere decir que la necesidad de entender el pasado no pasa de moda ni se jubila. Los jóvenes quieren saber quiénes fueron los suyos, de dónde vienen y por qué este país es como es. Y ahí sigue Soldados de Salamina, con esa manera tan suya de darle a cada personaje sus mejores razones, sin maniqueísmos, sin bandos, sin consignas. La equidistancia de la que habla Cercas no es neutralidad cobarde: es la forma más difícil de la justicia literaria.
Y luego está lo que la literatura siembra sin saberlo. Porque cuando una descubre a Javier Cercas, o a Enrique Vila-Matas con sus laberintos tan lúcidos, o a Manuel Vicent con su prosa de luz, o a Javier Marías con sus frases infinitas, algo se remueve dentro. Y también Almudena Grandes, que tanto nos enseñó sobre la dignidad de los perdedores. Ellos no lo saben, pero fueron faros para muchas de nosotras que un día decidimos que queríamos contar historias.
Celebrar esta edición de lujo —con ilustraciones de Raúl Lázaro y prólogo nuevo— es celebrar que la literatura sigue siendo ese lugar raro donde una puede preguntarse quién es sin miedo a la respuesta. Qué suerte tenemos de tener a Cercas, y de que hace veinticinco años alguien se sentara a escribir durante cuatro años a muerte para que hoy no se note el trabajo sino solo la emoción. Eso es lo que perdura, y lo que convierte un libro en un soldado —nunca mejor dicho— que nunca se rinde.
A buscarlo en mi caótica minibiblioteca, y rememorar.