Treinta años después de asombrar a Occidente con su historia familiar, Jung Chang vuelve a llevar a los cisnes salvajes a las estanterías y al corazón de los lectores. En 1991 se publicó Cisnes salvajes, la epopeya de una familia que sobrevivió a la Revolución Cultural y cuya hija, la autora, emigró a Gran Bretaña para volver una y otra vez a su pasado a través de la literatura.
Muy pronto Chang se especializó en escribir sobre personajes reales. Antes de Cisnes salvajes ya había llevado a las librerías la biografía de Soong Ching-ling (esposa de Sun Yat-sen, primer presidente del gobierno provisional de la República de China ) y acto seguido publicó la historia de Mao Zedong, la emperatriz Cixi y, más recientemente, las tres hermanas Soong. Sin embargo su historia personal seguía enraizándose con las letras: la historia de las Chang pedía continuar donde la dejó hace más de tres décadas.
Vuelan los cisnes salvajes (Lumen) permite que descubramos —capítulo a capítulo— la biografía de Chang, sustentada sobre años de éxito literario y sufrimiento personal. A pesar del contexto político que parece empeñado en opacar su trabajo, la obra de Chang trasciende las fronteras y puertas anquilosadas, y el optimismo que le trasladó su madre arrastra a quienes admiran este vuelo literario.
*****
—¿Cómo ha sido volver a encontrarse con la historia familiar después de haber escrito Los cisnes salvajes? Durante todo este tiempo, ¿tenía la necesidad de continuar la historia?
—Creo que escribí Los cisnes salvajes hace más de 30 años. Antes de escribirla tenía muchas pesadillas extremas, horribles, de la Revolución cultural, que aparecían mientras dormía. El proceso de escribir Los cisnes salvajes convirtió todo esto en recuerdos. Podía mirar atrás sin dolor. En este momento, cuando estaba escribiendo Vuelan los cisnes salvajes, había una serie de momentos en los que sentí mucho dolor. Momentos muy dolorosos fueron, por ejemplo, la muerte de mi abuela. Ella murió y yo no estaba allí. Murió mientras mi madre estaba en prisión. Tuve que volver a Los cisnes salvajes y me di cuenta de que no era capaz de leer esos pasajes. Tenía que salir rápido de esas páginas. Fue muy triste recordarlo. Escribir este libro no ha sido tan doloroso como cuando escribí Los cisnes salvajes.
—Su madre destacó por dos cualidades a lo largo de su vida: el optimismo —que tan bien describe al final del título— y la templanza ante las adversidades que vivieron. ¿Cómo cree que le habría gustado ser recordada? ¿Cree que esta novela está honrando este recuerdo?
—Creo que mi madre no sabía que yo estaba escribiendo este libro. Mientras escribía mi madre me dejó sesenta horas de registros en voz grabados. Cuando empecé a escribir Los cisnes salvajes mi madre me pidió que no se lo mostrase. Me dijo que no quería leerlo. Me dejó escribir lo que quisiera. Nunca me dijo cómo quería que escribiese sobre ella, cómo quería ser recordada. Me dijo que no quería leer el libro para que no me preocupara si la iba a ofender o no. Creo que mi madre era una mujer extraordinaria. Por supuesto, le di una copia de Los cisnes salvajes en chino, pero realmente no sé si la leyó o no. Es un personaje bastante extraordinario.
—¿Qué le pesa o le duele más cuando está a punto de publicar: la censura institucional de la obra o la opinión de sus seres queridos?
—La censura no me duele. No lo siento como doloroso. No me sorprende. Sé que enfadó a algunos. Solo siento tristeza porque China haya sido así. Me siento triste porque China sea lo que es a día de hoy, pero no siento dolor. Cuando la biografía de Mao fue publicada, el régimen me prohibió ir a China a ver a mi madre, y ahí sí: el pensamiento de no ver a mi madre de nuevo me hizo sentir mucho dolor. Sí que sentí dolor, porque mi madre se estaba muriendo y no podía volver para verla, para estar con ella en su lecho de muerte.
—Se ha especializado en literatura autobiográfica o muy centrada en personajes reales. ¿Cree que alguna vez podría despegarse de la realidad para escribir?
—Por el momento estoy ocupada trabajando sobre la traducción china de Vuelan los cisnes salvajes, porque yo traduzco la mayoría de mis libros al chino. Me gusta trabajar con mi lengua materna. No he pensado en el futuro, pero creo que una cosa es cierta: no voy a escribir ficción. Es muy difícil cruzar la brecha que hay entre la no ficción y la ficción. En la no ficción lo más importante es la verdad, la realidad, los hechos, el ser específico. Me encanta hacer eso, me gusta encontrar exactamente lo que ha sucedido. Así que no voy a escribir ficción. En cualquier caso, en China las cosas sobre las que escribo (la no ficción, la verdad) es algo mucho más raro que la propia imaginación. No puedes ni siquiera imaginar muchas de las cosas que sucedieron de verdad.
—Echando la vista atrás, si ahora volviera a los años 70 sabiendo todo lo que ha pasado con la publicación de Los cisnes salvajes y la biografía de Mao —esa persecución, esa vigilancia, el no poder visitar a su madre…— ¿volvería a publicar estos títulos?
—Sí. La prueba es que he escrito Vuelan los cisnes salvajes después de que sucediera todo esto. Por supuesto que no lo hago sin miedo y siempre estoy preparada para lo peor, pero, ¿qué sentido tiene la vida? Me encanta escribir, me encanta escribir sobre la verdad. Quería averiguar esa verdad y en cierto modo esa es la vida que yo quería vivir, así que sí, seguiría viviendo la vida que quería vivir.
—Dijo una vez en una entrevista que su corazón aún está en China. ¿Cree que la publicación de Los cisnes salvajes y de su secuela puede hacer que ese amor sea correspondido por parte de la sociedad china?
—Puede ser que haya sido una mala traducción. En inglés dije “China está bajo mi piel”, no “mi corazón está en China”. Siempre estoy un poco obsesionada con China. He vivido ya más años en Gran Bretaña que en China, pero todos mis trabajos, todos mis libros son sobre China. Veo, observo lo que pasa en China mucho más que lo que pasa en Gran Bretaña. A eso me refería. Estoy lejos de este país pero me sigue impactando. No es tanto que lo amo, ¡amo Gran Bretaña!, pero estoy muy conectada a China.
—¿Ha habido algún proyecto —o le hubiera gustado que lo hubiera— de llevar al cine Los cisnes salvajes?
—Sí, desde la publicación hace más de 30 años se me han acercado muchos directores, guionistas, productores… Hasta incluso el otro día, antes de la publicación de Vuelan los cisnes salvajes. Nunca lo han conseguido. También Amazon, por ejemplo, pero nunca lo han conseguido. He llegado a la conclusión de que el problema es la distribución (los distribuidores o las plataformas de streaming), porque todos quieren hacer negocios con China. Están preocupados de que los otros productos que comercializan puedan ser sancionados por China. De hecho, creo que todos consultan a China antes de encargar cualquier otra cosa. Incluso cuando a mi se me permitía entrar en China el régimen fue súper claro: ni televisión, ni películas, ni redes… llegan a más gente que los libros. Así que, bueno, lo he dejado de lado.





Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: