De la ingente producción literaria de Plinio el Viejo solo se ha conservado su monumental Historia natural: un intento de reunir todo el saber humano relacionado especialmente con las ciencias naturales.
En Zenda reproducidos las primeras páginas de Historia natural I-VI (RBA), de Plinio el Viejo.
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INTRODUCCIÓN GENERAL
1. La vida y la muerte de Plinio
Gayo Plinio Segundo (23/24-79 d. C.), más conocido como Plinio el Viejo, procedía de una familia de la Italia del norte, del municipio de Como, en la ribera del lago que hoy lleva ese mismo nombre y que entonces se llamaba Lario. Inscripciones de la zona documentan que allí residía desde antiguo su familia, inscrita en la tribu Oufentina y perteneciente, por los cargos que ocuparon sus miembros, no a la clase senatorial, sino a la burguesía acomodada de los caballeros. Conocemos también algunos datos que revelan un ambiente familiar y social culto. Su familia había emparentado, por razón del matrimonio de su hermana, con los Cecilios, que gozaban de una posición elevada y estaban estrechamente relacionados con el círculo de amigos de Catulo, el reconocido poeta al que precisamente Plinio el Viejo llama «mi paisano» al comienzo de su Historia natural (en adelante HN). Las relaciones con la tierra natal se mantuvieron, a pesar de que los cargos desempeñados por Plinio el Viejo lo llevaron lejos de allí, a juzgar por varias informaciones de su sobrino y posteriormente hijo adoptivo, Plinio el Joven.
Se conserva una relación ordenada cronológicamente de las obras escritas por Plinio el Viejo —todas ellas perdidas a excepción de la HN— y de los cargos que desempeñó sucesivamente, recogida en una de las Cartas (III 5) de Plinio el Joven, que nos limitamos a parafrasear: un libro en verso muy cuidado Sobre el manejo del venablo a caballo, compuesto cuando era prefecto del ala de caballería; una biografía en dos libros En memoria de Pomponio Segundo, autor de tragedias y general en Germania, escrita cuando Plinio servía allí como oficial. Además, veinte libros sobre Las guerras de Germania, iniciados durante su servicio en el lugar, en los que recogió todas las guerras entre romanos y germanos. El Estudioso, un manual de retórica, que comprendía tres libros divididos en seis volúmenes a causa de su extensión, sobre la formación del orador desde los primeros pasos hasta su perfeccionamiento. Ocho libros Sobre problemas gramaticales, escritos durante los últimos años de Nerón, cuando cualquier otro estudio era peligroso en el ambiente de temor general. Treinta y un libros de Historia desde el final de Aufidio Baso. Y, por último, los treinta y siete libros de Historia Natural, una obra «extensa, erudita y tan variada como la naturaleza misma».
En esta relación de obras, presentada de manera escueta, se advierte la insistencia del sobrino en citar el número de libros y volúmenes. Para que el lector reparase en ese dato, añade el comentario de que si producía admiración la envergadura y minuciosidad de sus obras, la causaba todavía más si se tenían en cuenta sus otras ocupaciones, su ejercicio esporádico como abogado y su muerte a los cincuenta y cinco años, con una vida hasta entonces ocupada y repartida entre el desempeño de cargos muy importantes —sucesivos nombramientos de procurator, como el de la Tarraconense— y la amistad con los emperadores —probablemente como consejero o, en términos de hoy, como asesor documentalista—.
El secreto no era otro que el máximo aprovechamiento posible del tiempo. El relato de Plinio el Joven prosigue con detalles personales sobre el trabajo diario de su tío que, después de esta sabia presentación de datos objetivos sobre sus obras y sus cargos, parecen creíbles: utilizaba las noches para estudiar hasta que, antes del amanecer, se entrevistaba con Vespasiano, cumplía las obligaciones que le encargaba y, de regreso a casa, reemprendía el estudio sin interrupciones. Leía o le leían un libro mientras comía o tomaba el sol, siempre entresacaba pasajes y solía decir que «ningún libro era tan malo que no fuera provechoso en alguna parte», palabras que se recogen en el Lazarillo e ilustran la huella de Plinio en la literatura española. Otros detalles completan la descripción del sabio: escuchaba lecturas o dictaba mientras cenaba o mientras se preparaba para tomar el baño, abandonando el estudio solo el tiempo justo que permanecía dentro del agua; aprovechaba incluso sus desplazamientos para dictar sus notas y, en Roma, se desplazaba siempre en litera porque consideraba que andar a pie era una pérdida de tiempo. Y, así, le había dejado en herencia a su sobrino una colección de 160 volumina de notable valor también económico, escritos con letra pequeña por ambos lados (cf. infra, sobre el método de trabajo).
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Autor: Plinio el Viejo. Título: Historia natural I-VI. Traducción: VV.AA. Editorial: RBA. Venta: Todos tus libros.


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