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Sofía Balbuena, ganadora del IX Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve: «Me avergüenza más lo que imagino que lo que hago»

Sofía Balbuena, ganadora del IX Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve: «Me avergüenza más lo que imagino que lo que hago»

Escribir no es escribir. O no solo. Escribir es muchas cosas. Entre otras: contar, ahondar, cuestionarse, resistir. Y escribir es lanzar una moneda al aire. Por eso, es difícil imaginar lo que debe sentirse cuando te comunican que, tras una vida dedicada a la literatura en sus distintas formas, has ganado el que probablemente sea el premio a un libro de relatos inédito más prestigioso del ámbito hispanohablante: el Ribera del Duero de Narrativa Breve.

Tuve la suerte de asistir a la novena edición del galardón, organizado conjuntamente por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero y la editorial Páginas de Espuma, y fallado el pasado 19 de marzo de 2026 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con una notable respuesta de público y medios.

La ganadora fue la escritora Sofía Balbuena (1984), nacida en Salto (Argentina) y afincada en Madrid, por un libro de relatos que —a falta de título definitivo— lleva por nombre provisional Personaje secundario. Balbuena, que ha sido librera y trabaja como profesora de escritura creativa, no es una recién llegada; ha publicado la novela Sutura (2025) y los ensayos Doce pasos hacia mí (2022), Borracha menor (2024) y Gente sin Paz (2025), este último junto a Daniel Saldaña París y Sabina Urraca, presente, por cierto, durante la ceremonia.

"Según el presidente del jurado, existe un nexo directo entre los cuentos de Balbuena y la gran tradición latinoamericana del cuento"

Había expectación —sí, mía también— por conocer las razones que han llevado a un jurado excepcional —las escritoras Nuria Barrios y Paulina Flores, junto al presidente del Consejo Regulador de la D. O. Ribera del Duero, Enrique Pascual, y al editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, todos ellos bajo la presidencia de Juan Gabriel Vásquez— a distinguir por mayoría a este libro entre los 1.929 manuscritos procedentes de 36 países que se han recibido en esta convocatoria.

La duda se despejó pronto. Según el presidente del jurado, existe un nexo directo entre los cuentos de Balbuena y la gran tradición latinoamericana del cuento. No solo Jorge Luis Borges o el último Julio Cortázar serían rastreables en un conjunto construido con virtuosismo, capaz de sostener «diálogos de mucha inteligencia».

A esa filiación se suma, como señaló Nuria Barrios, una «mirada novedosa, inteligente y crítica sobre las mujeres en el siglo XXI»: profesionales muy preparadas que siguen «viéndose atrapadas en narrativas que no son las suyas», como embarazos y relaciones fallidas. Y pese a su sesgo fatalista, en estos cuentos «hay escepticismo, hay mucho sentido del humor».

"Escuchando estas valoraciones, tengo la sensación de que el libro no solo dialoga con una tradición, sino que la tensiona desde dentro"

Especialmente sugerente resultó la lectura de Paulina Flores, que vinculó la relevancia del cuento latinoamericano con la urgencia económica de los países que lo producen. «En los relatos de Balbuena —apuntó— las protagonistas son impulsivas, van dando volantazos y, pese a parecer personajes secundarios de sus propias vidas, hay un tránsito hacia la ironía; es como si necesitasen encontrar cierto alivio en el fracaso, en el hecho de perder. Mujeres proveedoras sin contrapartida masculina». En suma, «un libro muy divertido pese a partir desde la melancolía».

Escuchando estas valoraciones, tengo la sensación de que el libro no solo dialoga con una tradición, sino que la tensiona desde dentro, y eso, por muchos motivos, me interesa: desplazar lo esperable hacia territorios incómodos, que nos interpelan y nos cuestionan. Hacerlos más contemporáneos.

La autora, admiradora de nombres como Alice Munro, Raymond Carver, Julio Cortázar, Lorrie Moore o Amy Hempel, y que tiene al argentino Manuel Puig como gran referente, dice que sus historias a menudo nacen de una escena, de un chispazo. Y confiesa haberse convertido en escritora gracias a su madre, pero no del modo en que cabría esperar, sino para interrumpirla, para pedirle atención: «En mi casa, en mi pueblo, no había biblioteca (…), pero si pienso en mi madre, la imagino reclinada sobre un libro de madrugada, buscando su espacio. Era su porción del mundo, donde ella era ella y nadie más. Me dediqué a copiar su ejemplo de lejos, a (entender) la importancia del silencio y de estar sola como un regalo».

"¿Qué tiene de especial escribir? ¿Por qué nos dedicamos a algo tan solitario e inasible?"

Balbuena alza el premio con emoción y los fotógrafos no dan tregua. Llegan las preguntas del público presente en la sala y en streaming. Y a mí la mente se me va a lo azaroso, lo íntimo e indescifrable de las razones por las que alguien, en un momento dado, decide que quiere dedicarse a contar historias escritas. ¿Qué tiene de especial escribir? ¿Por qué nos dedicamos a algo tan solitario e inasible? Podríamos invertir ese tiempo en producir, en adaptarnos a las exigencias de un sistema económico cada vez más hostil para quien se sale de los márgenes. Más aún en el caso del cuento, que durante demasiado tiempo ha cargado con el sambenito de hermano menor de la novela.

Pero escribir, decíamos al principio, no es solo escribir.

Por la parte que me toca, hace poco que mi primer libro de relatos ha visto la luz, así que me encomiendo a las palabras de Nuria Barrios: «Páginas de Espuma ha convertido el cuento en algo muy cotizado, incluso sexy». Y también a las de la propia Balbuena: «una se puede pasar toda la vida escribiendo y jamás tener un reconocimiento como este. Por eso lo recibo como un milagro, un suceso extraordinario».

"Ha escrito estos cuentos en tercera persona por la importancia de acercarse a sus personajes desde una óptica más abierta"

Le preguntan si también se ha sentido personaje secundario de su propia existencia. Lo niega sin matices: «Me avergüenza más lo que imagino que lo que hago». Ha escrito estos cuentos en tercera persona por la importancia de acercarse a sus personajes desde una óptica más abierta, y dice estar peleada con las barreras que separan la ficción de la no ficción.

Esa posición creadora, la motivación última de nuestra escritura, los sacrificios voluntarios, incluso mi experiencia personal con el mundo de los galardones, me conectan inmediatamente con el universo de una autora, de un libro que se adivina moralmente complejo y literariamente arriesgado. Y que, como dice Juan Gabriel Vásquez, se convertirá en «un título a recomendar».

Personaje secundario —o el título que finalmente adopte— se publicará el próximo 6 de mayo en librerías de España. Y, al menos para mí, pienso mientras termino de tomar notas y en el Círculo de Bellas Artes empiezan los brindis, Sofía Balbuena ya ha conseguido algo dificilísimo. Porque escribir, decíamos, es lanzar una moneda. Pero no solo eso: también es aprender a no esperar el resultado.

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