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Cuentos del ring, de Arthur Conan Doyle

Cuentos del ring, de Arthur Conan Doyle

Aunque la historia recuerda a Sir Arthur Conan Doyle como la mente detrás del detective más famoso del mundo, Sherlock Holmes, su verdadera pasión personal golpeaba con guantes de cuero. De hecho, llegó a arbitrar un combate histórico entre James Jeffries y Jack Johnson.

En Zenda publicamos el arranque de uno de los relatos (“El maestro de Croxley”) presentes en Cuentos del ring (Libros de Ruta), de Arthur Conan Doyle.

***

EL MAESTRO DE CROXLEY

Mr. Robert Montgomery estaba sentado frente a su escritorio, con la cabeza entre las manos, sumido en un profundo abatimiento. Ante sí estaba el diario en cuyas largas columnas el doctor Oldacre había escrito sus recetas. A su lado había una bandeja de madera con etiquetas en varios compartimentos, la caja de corcho, los trozos de lacre retorcidos, y enfrente había una hilera de botellas esperando a que las rellenara. Pero su ánimo era demasiado sombrío para trabajar. Se sentó en silencio, con sus elegantes hombros encorvados y la cabeza entre las manos.

En el exterior, a través de la mugrienta ventana del consultorio, y por encima de un primer plano de ladrillos ennegrecidos y techos de pizarra, se distinguía una hilera de enormes chimeneas, cual columnas ciclópeas, que sostenía un banco de nubes bajas y de color pardo. Durante seis días a la semana vomitaban humo, pero hoy los hornos estaban apagados puesto que era domingo. Una oscuridad sórdida y contaminante envolvía la región, arruinada y devastada por la codicia del hombre. No ofrecía ese entorno nada que alegrara un alma abatida, pero era algo más que ese lúgubre entorno lo que pesaba sobre el asistente médico.

Su problema era más profundo y personal. Se acercaba el semestre de invierno. Tenía que volver a la universidad para completar el último año, que le daría su título de Medicina; pero, ¡ay!, no tenía dinero para pagar la matrícula, ni podía imaginar cómo conseguirlo. Necesitaba sesenta libras, pero podrían haber sido miles, dada la escasa posibilidad que parecía haber de conseguirlas.

Lo sacó de sus oscuras meditaciones la entrada del mismísimo doctor Oldacre, hombre corpulento, bien afeitado y respetable, de modales pulcros y rostro severo. Había prosperado enormemente gracias al apoyo de la iglesia local y la norma central de su vida era no correr jamás el riesgo de ofender, de palabra ni de obra, los sentimientos que lo habían llevado a donde estaba. Su estándar de respetabilidad y dignidad era extremadamente elevado y lo mismo esperaba de sus asistentes. Su apariencia y sus palabras eran siempre ligeramente benevolentes. Un súbito impulso se apoderó del abatido estudiante. Pondría a prueba la verdad de esa filantropía.

—Usted perdone, doctor Oldacre —dijo, levantándose de la silla—. Tengo que pedirle un gran favor.

La expresión del doctor no era nada alentadora. De pronto, su boca se tensó y bajó la mirada.

—Diga, Mr. Montgomery.

—Ya sabe usted, señor, que solo me falta un semestre para terminar la carrera.

—Eso me ha dicho.

—Es para mí muy importante, señor.

—Naturalmente.

—Las matrículas, doctor Oldacre, ascenderían a unas sesenta libras.

—Me temo que mis tareas me reclaman, Mr. Montgomery.

—¡Un momento, señor! Esperaba, señor, que tal vez, si firmase un documento comprometiéndome a devolverle con intereses su dinero, usted me adelantaría esa cantidad. Esté usted seguro de que le pagaré. De veras que lo haré. O, si lo prefiere, se lo devolveré trabajando para usted una vez haya obtenido el título.

Los labios del doctor se estrecharon hasta formar una fina línea. Levantó de nuevo la mirada y sus ojos centelleaban con indignación.

—Su petición no es razonable, Mr. Montgomery. Me sorprende que se le haya ocurrido hacérmela. Piense, señor, en los miles de estudiantes de Medicina que hay en este país. No cabe duda de que muchos de ellos tienen dificultades para pagar sus matrículas. ¿Soy yo quien ha de ayudar a todos?¿Por qué debería hacer una excepción con usted? Me entristece y me decepciona, Mr. Montgomery, que me haya puesto en la penosa situación de tener que rechazar su petición.

Se dio media vuelta y salió de la consulta con la dignidad herida.

[…]

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Autor:  Arthur Conan Doyle. Título: Cuentos del ring. Relatos de boxeo, honor y coraje. Traducción: Beñat Gutiérrez. Editorial: Libros de Ruta. Venta: Todos tus libros.

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