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17 de abril de 1936: Las primas de Pepe Mañas no entienden la huelga

17 de abril de 1936: Las primas de Pepe Mañas no entienden la huelga

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Viernes, 17 de abril de 1936: Las primas de Pepe Mañas no entienden la huelga

Yo es que no lo entiendo.

—Pues si no lo entiendes, Inés, es que estás boba.

—No me llames boba, Rosa. Lo que no entiendo es que porque hayan venido esos de la CNT a decir que tenemos que cerrar la tienda, cerremos. Que si nos lo pide Ángel Navarrete, conforme. Es amigo. Pero ¿esos pasmarotes con sus malos modales y sus exigencias? ¿Y a nosotros qué se nos da? Si el tío no está metido en política y ni la tía ni nosotras somos de ningún partido que yo sepa, ¿por qué tenemos que secundar la huelga y dejar de ganar dinero, que no crece en los árboles, en vez de vender lo que necesita la gente? ¿Qué tenemos nosotros que ver con lo que le ha pasado al alférez De los Reyes ese? Si acaso, el tío, que es militar retirado, lo ha dicho bien claro. Que de lo único que se arrepiente es de no haber estado, al final, él también en el entierro. Pues anda que si llega a estar, iba a permitir a esos pistoleros que matasen impunemente a un militar…

"A nosotras las huelgas y los tiros ni nos van ni nos vienen. Nosotras lo que tenemos que seguir haciendo es vender en la tienda legumbres y no meternos en política"

—Ten cuidado con lo que estás planchando, Inés, no lo vayas a quemar.

—Tú contéstame, Rosa.

—Si es que no te enteras, Inés. Es lo que dice la tía. A nosotras las huelgas y los tiros ni nos van ni nos vienen. Nosotras lo que tenemos que seguir haciendo es vender en la tienda legumbres y no meternos en política. Y Pepe, seguir con sus oposiciones. Y cuando las saque, casarse, instalarse cerca y ayudarnos a salir adelante. Y ya está. Nada de significarse.

—¿Y por qué no nos íbamos a significar, si no estamos a favor de que les peguen tiros a los militares? ¿Eso es malo? ¿Es malo querer que las cosas funcionen normalmente, y que la gente normal pueda vivir?

—Ni bueno ni malo. Es que no se lleva.

—Pues no entiendo por qué.

—Pues porque la gente quiere cambiar las cosas.

—¿Y qué es lo que hay que cambiar?

—Pues que los obreros participen en el Gobierno, que manden, así de sencillo, Inés. Es lo que dice el primo Pepe, que está al tanto de lo que cuentan los papeles. Lo harán por las buenas o por las bravas.

—Pues yo sigo sin entenderlo, Rosa. Alguien tiene que mandar, y el que manda debe hacerse obedecer. ¿No es eso lo que ha ocurrido siempre?

—Hasta ahora, sí, Inés.

—¿Y qué ha cambiado?

—Que hay revoluciones. Los obreros quieren la revolución. Quieren cambiar las cosas, todas las cosas.

—¿Y si a nosotros nos gustan las cosas como están, Rosa?

—Pues entonces te chinchas. De todas maneras, nosotras no abrimos o cerramos la tienda porque nos guste más o menos que se maten militares. La cerramos porque si no lo hacemos y se dan cuenta los del sindicato, vienen y nos la destrozan. La tía lo ha dejado bien claro. Y entonces ya dará igual que seamos o no amigos de Ángel Navarrete.

—Eso son lentejas, si las quieres las tomas, si no las dejas. Y ni a ti ni a mí nos han gustado nunca las lentejas.

—Pero es lo que hemos comido toda la vida, Inés.

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