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España devorando a sus hijos

España devorando a sus hijos

Goya es uno de esos pintores que, como mínimo, te suena, de ahí que me parezca tan extraño que no surja más a menudo en las conversaciones que a su esqueleto le falta el cráneo. Es una de esas curiosidades morbosas que siempre dan un toque a la conversación, o que ayudan a ese profesor que trata desesperadamente de captar la atención de un alumno con la mirada perdida en el infinito.

Precisamente, para mí Miguel Barrero es ese profesor espabilado y atento, uno que sabe explotar la curiosidad humana por lo escabroso, pues esta puede servir como introducción para hablar, no solo de teorías disparatadas, sino también para reflexionar sobre la historia de España y sus hijos.

La cabeza de Goya, antes de centrarse en el pintor, nos presenta a Joaquín Pereyra, cónsul español en Burdeos a finales del siglo XIX. Pereyra es un personaje consciente de su propia insignificancia dentro de la gran hazaña que es repatriar el cuerpo de Goya, pero su «insignificancia» a nivel histórico no se refleja en la obra, donde Miguel Barrero se toma un capítulo para hablarnos sobre su rutina, su condición de viudo y sobre cómo se encontró con la tumba de Goya.

"Otros personajes secundarios que no lo son tanto son los que podrían haber aportado una solución al misterio del paradero del cráneo de Goya"

Joaquín Pereyra es quien asienta el tono del libro, quien muestra que no es una sarta de datos sin más. Miguel Barrero da vida a cada uno de los nombres que desfilaron o cambiaron la historia a su manera: Pereyra es ese hombre incansable, aunque triste, que hizo lo que pudo porque su país pusiera en valor a Goya, no simplemente «el cónsul español célebre por sus intentos de repatriar el cuerpo de Goya».

Por este motivo, sentimos con más intensidad su cansancio y exasperación cuando, tras años esperando el momento de la exhumación, descubre que el cuerpo de Goya no tiene cabeza. Y por ese mismo motivo entendemos su resignación cuando, al informar al gobierno español, la respuesta de este está más enfocada en acabar por fin con ese asunto que en tratar con dignidad a quien en vida intentó mejorar su país.

Otros personajes secundarios que no lo son tanto son los que podrían haber aportado una solución al misterio del paradero del cráneo de Goya, como Dionisio Gamallo Fierros, o más bien su abuelo, el pintor Dionisio Fierros, que pintó un vanitas titulado Cráneo de Goya. En esta parte del ensayo, Miguel Barrero se divierte, sigue de cerca la historia de la familia, cómo el propio Dionisio Gamallo rastreó el cráneo en busca de la verdad. No desvelo el desenlace porque creo que es más divertido seguir de cerca la investigación de Dionisio Gamallo con la duda de qué ocurrirá a continuación.

"La cabeza de Goya nos hace reflexionar sobre aquella España y sobre la actual, sobre aquel contexto histórico y las noticias de última hora"

Y, justo entre el descubrimiento de su cadáver y la búsqueda de su cráneo, también se humaniza a Goya en sus últimos años. Sin embargo, el tono cambia, pues Miguel Barrero no está hablando de un fallecido o una cabeza perdida, sino de la mente que todavía habla y observa el mundo, del maltrato sufrido en vida. Goya se exilió a Burdeos cansado de luchar por ideales que pocos valoraban y se centró en las personas que le importaban y en una rutina plácida en un país extranjero.

Leyendo las páginas más centradas en su vida y no tanto en su muerte, no pude evitar preguntarme cuán cerca estamos de ese punto. En la actualidad, el concepto «progreso» está desdibujado. En ocasiones, se lucha por nuevos derechos o por defender los obtenidos; en otras, uno se acomoda a cualquier cambio sin pensar en qué hay detrás de este. Entre luchar o acomodarse, es normal preferir lo segundo. Es más fácil anestesiarse, no molestarse en pensar o en informarse o en ir a votar.

La cabeza de Goya nos hace reflexionar sobre aquella España y sobre la actual, sobre aquel contexto histórico y las noticias de última hora. Miguel Barrero no solo humaniza a los personajes en busca de empatía, sino también para ponernos en la piel de quien es ignorado por su gobierno en un país extranjero; del que sordo y anciano vive bajo estrecha vigilancia; del que indaga sin descanso en busca de una verdad que tal vez nunca se pueda dilucidar.

El cráneo desaparecido es la curiosidad con la que el alumno mira de nuevo a su profesor y empieza a prestar atención; lo que albergó ese cráneo es lo que le hace preguntarse si España es Saturno y él es uno más de sus hijos.

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Autor: Miguel Barrero. Título: La cabeza de Goya. Editorial: Xordica. Venta: Todos tus libros.

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