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Política española, entre el socialismo y el fascismo, por Corpus Barga

Política española, entre el socialismo y el fascismo, por Corpus Barga

Corpus Barga se definía a sí mismo como “articulista profesional”. Uno de los grandes columnistas españoles del siglo XX, supo aunar como pocos la excelencia literaria con el rigor intelectual, como demuestra en este análisis de la situación política durante la República. Sección coordinada por Juan Carlos Laviana.

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Cuando se vinieron abajo los telones de la Monarquía y quedó la República al descubierto, viose a la luz del día que, salvo la buena voluntad y la decisión de algunos directores, nada estaba realmente preparado para tamaño advenimiento histórico. La República llegaba a España tarde, es decir, naturalmente envejecida. Sus más antiguos defensores, los que luego se han llamado republicanos históricos, los que más puramente habían estado esperándola, resultaban superados por los tiempos y dejaban así el campo libre a los adaptados de todos los tiempos y de todos los regímenes.

Pero los republicanos menos históricos y más actuales, llegados de otros campos de la política o de la sociedad española, traían también sus años, su anacronismo correspondiente. Las primeras ideas del gobierno provisional estaban datadas, como dirían los franceses, en una Europa en la que hacía entonces ya catorce años que había sucedido la Revolución rusa y algo menos el fascismo italiano, en la que estaba ascendiendo el nacionalsocialismo alemán y en la que las viejas democracias —Inglaterra, Francia— seguían dominando por la sabiduría suprema de saber superarse a sí mismas.

"La política española, suspendida por la dictadura de Primo de Rivera, volvía a funcionar con el mismo espíritu e idéntico vocabulario que el día en que este la suspendió"

La política española, suspendida por la dictadura de Primo de Rivera, volvía a funcionar con el mismo espíritu e idéntico vocabulario que el día en que este la suspendió. Porque el fracaso histórico de semejante dictadura ha consistido precisamente en no haber renovado ni siquiera en su provecho la vida pública española. No fue una dictadura, desde luego no fue un fascismo, no tuvo nada de movimiento contemporáneo europeo: el gobierno de Primo de Rivera fue una suspensión del ánimo público español, hecha con el buen propósito al principio de curar así los males de la política que se venía siguiendo. Quiso ser una cura de reposo, pero un reposo de siete años produce los efectos contrarios. Es una enfermedad.

La primera virtud que ha tenido la República, una virtud que no se le puede negar porque es la esencia misma de su implantación en España, ha sido la de romper el entumecimiento de la vida pública española dando su libertad de movimientos y acción a cada una de las partes sociales. La sociedad española ha cobrado vida política con el brío propio de quien ha estado obligado al reposo mucho tiempo, o, mejor aún, con la prisa de quien empieza a vivir tarde. En los tres años que lleva la República, la vida política española ha ganado el retraso que llevaba y, para bien o para mal, se ha concluido la España «atrasada», el lugar de remanso donde podían descansar los turistas espirituales.

Ya no hay «problema de España». Los problemas españoles son hoy los mismos de toda Europa, dentro, claro está, de las circunstancias peculiares del país, como también les sucede a los demás países europeos.

"El advenimiento de la República ha planteado realmente, prácticamente, el problema hasta entonces teórico de la reconstitución del Estado español"

El advenimiento de la República ha planteado realmente, prácticamente, el problema hasta entonces teórico de la reconstitución del Estado español. Las fuerzas sociales que al cabo de los años se habían acomodado, de un modo u otro, con el régimen antiguo se encontraban de pronto sin acomodo y solicitadas de los más opuestos sentidos. Los intereses, no sólo los intereses públicos, sino también los particulares, se hallaban falsificados precisamente por el arreglo o acomodo en que vivían. En una sociedad como la española de la Monarquía, es decir, de final de un régimen secular, nadie navegaba con medios propios. Más aún, todo el mundo se las arreglaba para no navegar y obtener lo que le hacía falta desde la orilla.

La República, inevitablemente, por navegantes viejos y experimentados que tuviera y por poco aliento que quisiera poner en la vela de sus balandros, tenía que ser el fin del régimen de charca. Ha sido una salida al mar libre, y por poco brusca que haya sido, quien más y quien menos, todas las colectividades, todos los organismos se han visto como lanzados en medio del agua y obligados, para salvarse, a nadar. Es decir, que cada cual ha recuperado el sentido de su interés natural según los tiempos; y así, sin otras predicaciones ni más enseñanzas, los últimos problemas de las sociedades europeas se han encontrado planteados en la española, y con más agudeza, algo explosivamente, como se produce la epidemia en los no vacunados.

"La dictadura bajo la Monarquía no llegó a plantear el problema del fascismo en España, y, en cambio, este problema lo ha planteado precisamente la República"

La dictadura bajo la Monarquía no llegó a plantear el problema del fascismo en España, y, en cambio, este problema lo ha planteado precisamente la República. No se sabe lo que pudiera ser, si cuajara, un fascismo español; pero, en el momento en que este artículo se escribe, aparece definida en el horizonte político una línea de resistencia patronal que pide a la política poco más o menos lo mismo que elementos semejantes la han pedido en Italia, Alemania o Austria.

El socialismo, más exactamente el Partido Socialista de la Segunda Internacional, estaba en España, como en todas partes, a la defensiva. Los socialistas españoles, que ante la escisión provocada en el socialismo mundial por la Revolución rusa se habían declarado comunistas, no fueron, ni por su número ni por su acción, lo suficientemente fuertes para disminuir el valor representativo del Partido Socialista español, que siguió fiel a la Internacional mantenida por la Socialdemocracia alemana y el Partido Socialista francés.

"Para los socialistas no existe ya la República; sólo existe la amenaza del fascismo"

Como estos últimos partidos, el español parecía más bien conservador y sufría los ataques furibundos no sólo del comunismo como ellos, sino también y principalmente del revolucionarismo auténtico español, es decir, del anarcosindicalismo. Con la República pareció tomar la ofensiva, cuando en realidad tomó las responsabilidades del poder, y su desacierto en los primeros años de la República no puede ciertamente achacarse a motivos específicamente socialistas, sino, en todo caso, a los mismos motivos de estrechez y falta de amplitud histórica propios de los demás republicanos.

Pero su salida del poder, que le sirvió de revulsivo, parece ahora colocarlo en una pendiente paralela a la que han seguido los socialismos alemán y austríaco. Para los socialistas no existe ya la República; sólo existe la amenaza del fascismo.

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Artículo publicado en La Nación el 8 de abril de 1934.

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