Emilio Picón ha sabido recorrer el camino que en la literatura lo ha llevado a casa, hasta ese lugar donde él se siente cómodo y se descalza. —La vida comienza cuando se descubre el amor—. Curiosamente la casa de Emilio Picón no es, para muchos escritores/-as, un lugar sencillo donde vivir. No está al alcance de todo el mundo cuidar de las palabras como si fueran un rebaño de vacas sagradas y preocuparse por la sintaxis con el interés de Chirbes. —Las buenas historias no se nutren de aciertos superficiales, sino de errores profundos—. Sin embargo, su casa es un lugar muy recomendable para ir de visita como lector, eso es lo que he venido a decir yo aquí. —La escritura es una dinámica similar a la desarrollada por el pensamiento, es decir, se trata de una conversación contigo mismo—. Estoy hablando de una novela que tanto se adentra en territorios propios de la metaliteratura como en espacios llenos de reflexiones filosóficas, a veces se acerca al ensayo, curiosidades sobre música, grupos de culto, películas de Lars von Trier… —Si este es el lugar al que hemos llegado tras recorrer el camino de la razón, ahora lo razonable es abrir un camino distinto—.
Y racional se llama este artefacto. Es lo último que ha publicado Emilio Picón con la editorial Niña Loba. No veo yo a Emilio haciendo de escritor superventas con gorra, primero porque con ese pelazo no le entraría en la cabeza, y segundo porque su novela está más cerca de un Manual de cómo escribir muy bien que de otra cosa. —Sobre la dicha de leer despacio, muy despacio, tan despacio como el entendimiento permita. Sobre esto también quisiera escribir—. En un país donde tanta gente escribe, sólo bastaría con que lo leyeran algunos escritores para ser un superventas, pero es algo que, probable y afortunadamente, no va a ocurrir. Acercarse a esta novela es acercarse a un territorio inexplorado, por mucho que los ecos de Fresán o Cortázar resuenen.
Rufino y Ana, sus padres que no tienen nombre de padres, y Elena y Alberto, Elena y su ninfomanía, un local de intercambio de parejas. Y luego está también Jota, ¿Jota? Y Lucio, menudo personaje este personaje. Aunque el personaje principal quizás sea el lenguaje. La cuestión no es saber adónde quiere llevar su historia Emilio Picón, sino que de lo que se trata es de disfrutar del viaje, entendido éste no como una sucesión de hechos sorprendentes, sino como un “te voy a contar esta historia, y tú, mientras, ve leyendo”. Y relájate, que no es novela negra, ni de intriga, ni es un libro que alguien ha escrito para hacerse terapia aprovechando el tirón de la autoficción. —La necesidad que todos tenemos de acudir a la ficción… escribir ficción para comprender lo desconocido—. La cosa no va por ahí, que nadie se llame a engaño. En Y racional te vas a encontrar ese espacio que te es familiar, el de las relaciones personales, dos parejas, amigos y conocidos que orbitan alrededor. Hay un plan, aunque deje de tener importancia, lo hay. En esta novela lo que importa es el orden dentro del caos. —Debería decirte a las claras que no eres solo lo que piensas—.
¿Recordáis a aquel jugador de golf llamado Miguel Ángel Jiménez? Fue uno de los mejores golfistas del mundo. Era famoso porque a menudo llevaba un puro en la boca, como si la cosa no fuera con él. En el circuito americano lo llamaban con unas siglas que querían decir “el mejor jugador desconocido del mundo”. Pues ese es Emilio Picón, el mejor escritor desconocido del mundo.
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Autor: Emilio Picón. Título: y racional. Editorial: Niña Loba. Venta: Todos tus libros.

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