Quizás no exista otro escritor moderno que haya encarnado mejor que lord Byron (1788-1824) el ideal renacentista de las armas y las letras; del hombre capaz de aunar la espada con la pluma, la vida activa y combativa con el sacerdocio literario e intelectual. Autor de una extensa e importante obra lírica y narrativa, el vate inglés asumió un compromiso por la libertad de Grecia que le costó la vida, pero que le granjeó también una gran celebridad como héroe y hombre de acción. Su vida fue, sin duda, «romancesca» (en el mismo sentido en que Armas y Cárdenas ponderaba la del poeta y soldado del Renacimiento español Hernando de Acuña): una existencia tan plena de amores, lances y aventuras que el estudioso de nuestros días bien pudiera verse en la disyuntiva de rendirle una monografía o convertirlo en personaje de una novela. Ambas opciones podrían ser fructíferas, pero aún me parece mejor la perspectiva ―me atrevería a decir, intermedia― que Lorenzo Luengo adopta en su reciente libro, El don tenebroso (Espuela de Plata, 2026), donde nos ofrece un completo retrato de Byron y su mundo (las mujeres de su vida, Percy y Mary Shelley, Polidori…). La aproximación del autor es profunda y muy documentada, ramificada como un árbol frondoso, rico en sabiduría, belleza e imaginación, que no teme extender sus ramas tanto al terreno del ensayo como al de la creación literaria, añadiendo también la nota personal o incluso el apunte autobiográfico.
Uno de los grandes atractivos de El don tenebroso reposa en su variedad de registros, que le permite a su autor, entre otras libertades, dedicar parte importante de un capítulo a la glosa de un poema de Byron (She walks in beauty), compulsar sus retratos (reproducidos en el libro) o estudiar los rasgos fisonómicos del poeta. Si Julian Barnes se atrevió a indagar el color de los ojos de madame Bovary, ¿por qué no iba a interesarse Lorenzo Luengo por los de Byron? De la riqueza de aproximaciones de que hace gala el libro ―ilustrado con muchas y variadas fotografías― puede dar buena cuenta el capítulo quinto, «Los hechizos», donde su autor analiza algunas presencias y recurrencias significativas que atraviesan oblicuamente la constelación formada por Byron y los Shelley: el agua, los volcanes, el sonambulismo, los monstruos, la serpiente, los dobles… Una aproximación en ocasiones atrevida, incluso heterodoxa, pero muy sugerente y original, bellamente escrita y documentada. ¡Hay rincones que solo determinadas luces pueden iluminar! Parecida novedad de tratamiento hallamos en «Muchachas en el bosque de los mil espejos»: un denso capítulo donde la carga autobiográfica del libro se hace muy patente y que incluye sueños propios y ajenos. Su prolongación, «Catálogo de sueños», recoge de manera más sintética y objetiva algunos sueños anotados por Byron, el matrimonio Shelley y Claire Clairmont. Porque los sueños son, para Lorenzo Luengo, un componente muy revelador de la personalidad de sus amados personajes.
Separan las dos anteriores «duermevelas» un breve e imaginativo capítulo dedicado al poeta lunático John Clare («Mitologías I»), y otro más extenso («Harriet») que concede protagonismo al formidable trío de mujeres formado por Mary Shelley, Claire Clairmont y Harriet Westbrook (primera esposa de Shelley). Durante decenas de páginas el foco se aparta de Byron y se centra en esa famosa constelación de damas, y de manera muy especial, en la figura (un tanto olvidada) de Harriet, de la que Lorenzo Luengo nos brinda un estudio muy documentado, sobre todo en lo referido a sus relaciones con Shelley. Una vez más, el autor convoca «testigos» fidedignos que lo respalden: amigos de Shelley que conocieron a Harriet personalmente, como Thomas Love Peacock o Thomas Jefferson Hogg (que también fue biógrafo de Shelley), a los que interpela como si los tuviera delante de él (quizás en algún sueño sucediera así). El capítulo titulado «Una cuestión de colores» nos trae una primera aproximación a la insoslayable villa Diodati, que se sustancia en una emocionante visita efectuada por el autor durante una tormentosa tarde de verano. Este encantador y muy lírico intermezzo se continúa en otro capítulo más extenso y muy documentado, «Ficciones», donde el autor desmonta ciertos mitos crecidos al amparo de la «fabulosa» villa (como la supuesta estancia de Milton); o bien aclara algunos puntos oscuros también relacionados, como el atinente a la controvertida autoría de El vampiro. Otro asunto analizado a fondo en este capítulo es el de la escandalosa «liga del incesto», motivo de mortal enemistad entre Southey y Byron.
El carácter enciclopédico (en el mejor sentido de la palabra) de El don tenebroso se hace aún más patente en los últimos capítulos, que adoptan un perfil apendicular y complementario. El primero de ellos («Mi diccionario») nos aporta un original y muy esclarecedor ramillete de temas transversales, personajes diversos, curiosidades, lugares (como el célebre verano en la villa Diodati), notas autobiográficas o incluso las claves de algunos enigmas que nos habían acompañado durante la lectura del libro (Ms. Rose). En estos últimos compases de la obra, Lorenzo Luengo cede por entero la palabra a otras voces, que agrupa en diversos álbumes de citas, dando así un paso más en su deseo de conferir amplitud de enfoque a ese gran mural de la vida romántica que conforma El don tenebroso, y donde tampoco faltará la pincelada que otorga la cultura popular. También toman la palabra (¡cómo no!) los propios protagonistas del libro: Byron, los Shelley y Claire Clairmont. Sus citas dibujan ahora una especialísima constelación de ideas cuyas órbitas, eclipses, alineaciones y ocultaciones desfilan, ordenadas a lo largo de una década, ante el objetivo «telescópico» de su autor. A todo esto sumaremos una inesperada y deleitable antología necrológica y vampírica, o incluso… ¡un capítulo de novela!
Rendir cuentas con mayor detalle de un libro como El don tenebroso sería una hazaña tan innecesaria como temeraria. Deberá ser el lector quien se interne, por su propio pie, en este caudaloso océano de conocimiento y evocaciones literarias, en este vasto ensayo romántico, modulado en una amplia variedad de registros y escrito con mucha sabiduría y afán de originalidad, y donde la voz del autor se pronuncia siempre segura y sin medias tintas críticas ni miradas complacientes. El libro es, sin duda, fruto del trabajo de muchos años, pero también testimonio de un compromiso personal que va mucho más allá de lo que requiere un estudio filológico o biográfico. Un trabajo de gran empeño y complejidad; en ocasiones, casi laberíntico. Porque así lo demanda, quizás, la búsqueda incansable de ese inédito recodo del camino que ―sólo él― nos abre una nueva perspectiva. Un libro donde el temperamental e irreductible lord Byron bien podría respirar a su gusto, como en su propia casa. Su casa española.
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Autor: Lorenzo Luengo. Título: El don tenebroso. Editorial: Espuela de Plata. Venta: Todos tus libros.


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