Ovejas que huyen, ovejas que se suben unas encima de otras. Ovejas muertas. Vellones de ovejas. Razas inglesas de ovejas. Un personaje perdedor que es hijo de un pastor, y un personaje loco, inolvidable y carismático, y la preciosa mujer que hace el té, pone orden en el rancho y está por encima del bien y del mal. Y un paisaje abrupto, desapacible. Los ingredientes de un western, ¿cierto?
Los libros de pastores y de ovejas no están de moda en el siglo XXI, a pesar de que este sea el año internacional del pastoreo. No están de moda, pero resulta que yo escribo sobre ovejas y pastoras y ahora estoy reseñando un libro sobre ovejas y pastores. A quien piense que es un género exótico le diré que sí, que tiene razón, porque ahora todo lo que tenga que ver con la naturaleza, contada desde dentro, o sea, la vida de un pastor, contada desde el mismo hecho de ser pastor, de su relación con los animales y con el paisaje, eso es ya exótico, periférico, no está en el centro de la agenda, de las conversaciones, de los temas del día a día. Nos hemos convertido en una cultura urbana, que no escucha los sonidos de la naturaleza ni entiende el lenguaje de la tierra. Por eso hay que leer libros que nos transporten a los espacios que hemos perdido, que ya no habitamos. Y que lo cuenten con la inquietud y la tensión de Donde mueren las bestias.
A quien piense que las historias de pastores y ovejas constituyen un género, hum, aburrido le diré que nada más lejos de la realidad. Que en el libro de Scott Preston pastorear un rebaño por los fells puede ser tan trepidante, peligroso y sangriento como la mejor película de gangsters de Francis Ford Coppola. El argumento empieza así: 2001, la fiebre aftosa —plaga real— se ceba en los rebaños de Cumbria, la policía tiene que matarlos a tiros, casi fusilarlos, y un granjero y su vecino se rebelan ante la matanza. A partir de ahí, robos, palizas, matones y sangre, mucha sangre. Humor negro, pero también un drama shakespeariano. El fin de una cultura rural, el fin de una clase de hombres y mujeres. Y los paisajes, aún salvajes, de una esquina de esa isla que no quiere ser Europa, aunque sea la más europea de las culturas. Porque esos pastores que se asoman al mar desde Cumbria y su modo salvaje de ver la vida no están tan lejos de los pastores vascos que emigraron a EEUU, de los pastores sardos, de los pastores trashumantes de las montañas leonesas de Babia.
Sangre, sudor y lágrimas. Y una lengua antigua —en la que están numerados los capítulos—, el dialecto de los pastores de Cumbria, y una lucha antigua y tradicional —en la que se zurra el protagonista—, y una raza primitiva de ovejas —la herdwick—. Con esos ingredientes, Preston traza una novela rara avis en la Gran Bretaña del Brexit. Él mismo reconoce que quería hacer un thriller y ambientarlo en partes de la cultura inglesa que han desaparecido… de la propia cultura inglesa. Quería hacer un western sobre una comunidad que se extingue. Y lo hizo, lo hizo desde muy dentro, porque sus abuelos eran guardas forestales y su padre construía muros de piedra en los fells. Esta novela huele a lluvia y a estiércol y entre sus páginas germinan las vidas fascinantes de los últimos valientes de la olvidada épica del campo inglés.
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Autor: Scott Preston. Título: Donde mueren las bestias. Editorial: Impedimenta. Venta: Todos tus libros.


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