Ahora que se acerca la Feria del Libro de Madrid, se me ha ocurrido que podríamos hacer algo así como un análisis comparado de las principales ferias literarias del mundo hispanoparlante, tan solo por enredar. Por tener una visión panorámica de las cosas.
Sin embargo, he podido comprobar que, al otro lado del gran charco, eso de entrar gratis en la feria no es algo que se contemple como corriente ni habitual. En la Feria del Libro de Bogotá, por ejemplo, que este año contabilizaba unas dos mil actividades y tenía a la India como país invitado de honor, se cobraban catorce mil pesos colombianos por acceder al recinto, que son al cambio unos tres euros. Los menores de cinco años entraban gratis y, desde esa edad hasta los doce, con un pequeño descuento. Tal vez no les parezca caro, pero si tenemos en cuenta que el salario mínimo mensual en Colombia es de algo menos de cuatrocientos euros al mes, me parece un esfuerzo considerable. Además, con esta entrada no se obtienen despampanantes descuentos sobre los libros, sino acceso a presentaciones y actividades: la cultura también tiene un precio, y lo comprendo.
En Buenos Aires, que este año ha llegado a cumplir cincuenta años de su Feria Internacional del Libro y que ha conmemorado los cuarenta del fallecimiento de Borges, disponen de un sistema similar. La entrada cuesta, de lunes a jueves, ocho mil pesos argentinos (unos cinco euros) y los días estrella —esto es, viernes, sábados y domingos— doce mil (algo más de siete euros). Si pensamos en la inflación mensual del país, de más del 3% y en su salario mensual (algo más de 352.000 pesos argentinos, que son menos de 220 euros al mes), la entrada al recinto ya implica un esfuerzo considerable. Y ojo, de nuevo se paga por acceder a charlas y encuentros, no por descuentos especiales, salvo por el detalle de que estas entradas se pueden utilizar como «cheques-libro» para una reducción pequeña del precio según lo que se adquiera. Algo es algo.
Se dice, por otra parte, que la feria editorial más grande de Iberoamérica es la de Guadalajara, en México, y el año pasado la entrada constaba treinta pesos (al cambio, tan solo un euro). El precio parece bastante razonable, teniendo en cuenta que allí el salario mínimo oscila, según se resida en la zona norte o no, entre los 475 y los 700 euros al mes. La entrada, al igual que en las otras ferias, da acceso a presentaciones y eventos, sin más, pero sí que hay descuentos y liquidaciones en stocks de libros, especialmente los últimos días de la feria. Así pues, el que ande espabilado puede llevarse una buena carga de material para sus lecturas anuales.
Por mi parte, tengo que reconocer que una de las ferias que más me ha impresionado ha sido la Feria del Libro de Lima, en Perú. Estuve en 2018, y me admiró la gigantesca carpa que habían montado para cubrir la plaza de los Próceres, de casi 5.000 metros cuadrados. Tardé bastante rato en darme cuenta de las verdaderas dimensiones de aquella lona enorme, y lo hice cuando me tropecé con las imponentes esculturas de caballos que, en su día a día rutinario, dibujaban el centro de la plaza bajo el cielo limeño. Ahora ya no hacen la feria ahí, sino en un centro de exposiciones, la típica nave gigantesca sin alma y con techos concebidos para el tamaño de los dioses. La entrada, según el día de la semana, oscila en la actualidad entre los casi dos euros y los dos euros y medio, que es bastante si consideramos un salario mínimo en Perú de menos de trescientos euros al mes. Sin embargo, los descuentos sobre los libros pueden alcanzar hasta el veinte, treinta e incluso el sesenta por ciento, y la gente se arma con bolsas enormes para nutrirse de literatura para todo el año. Yo lo he visto.
¿Qué modelo les parece más asequible, funcional y práctico? Para mí es imposible decantarme por ninguno. Cada feria, concebida para el encuentro y para generar idiosincrasia cultural, es hija de su propio contexto, al igual que cada uno de nosotros. El modelo español, por ejemplo, puede o no encajar en Lima, y viceversa. Cada una de estas ferias, que he visitado personalmente, sí tienen algo en común: el amor por los libros, la lectura y la diversidad de pensamiento.
Nuestra próxima parada de este año será la Feria del Libro de Madrid. Compren libros o no, el paseo bajo los árboles en el margen lateral y fuera de la muchedumbre es bastante placentero. Y gratuito, que como ven no es poco.


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