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La democracia en América, de Alexis de Tocqueville

La democracia en América, de Alexis de Tocqueville

Este es uno de los dos libros más importantes del precursor de la sociología clásica y del liberalismo conservador. Tocqueville viajó a Estados Unidos para estudiar su sistema penitenciario y descubrió una organización social basada en la democracia.

En Zenda ofrecemos el arranque de la Introducción de La democracia en América (Alianza), de Alexis de Tocqueville.

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INTRODUCCIÓN

Entre las cosas nuevas que durante mi estancia en los Estados Unidos llamaron mi atención, ninguna me sorprendió tanto como la igualdad de condiciones. Sin dificultad descubrí la prodigiosa influencia que este primer hecho ejerce sobre la marcha de la sociedad, pues da a la opinión pública una cierta dirección, un determinado giro a las leyes, máximas nuevas a los gobernantes y costumbres peculiares a los gobernados.

Pronto observé que ese mismo hecho extiende su influencia mucho más allá de las costumbres políticas y de las leyes, y que su predominio sobre la sociedad civil no es menor que el que ejerce sobre el gobierno, pues crea opiniones, engendra sentimientos, sugiere usos y modifica todo aquello que él no produce.

Así pues, a medida que estudiaba la sociedad americana, percibía cada vez más, en la igualdad de condiciones, el hecho generador del que parecía derivarse cada hecho particular, hallándolo ante mí una y otra vez, como un punto de atracción hacia el que convergían todas mis observaciones.

Trasladé entonces mi pensamiento hacia nuestro hemisferio y me pareció percibir en él algo análogo al espectáculo que me ofrecía el Nuevo Mundo. Vi que la igualdad de condiciones, sin haber alcanzado como en los Estados Unidos sus límites extremos, se acercaba a ellos cada vez más, y me pareció que la misma democracia que reinaba sobre las sociedades americanas avanzaba rápidamente hacia el poder en Europa.

Desde ese momento concebí la idea de este libro.

Una gran revolución democrática se está operando entre nosotros. Todos la ven, mas no todos la juzgan de la misma manera. Unos la consideran como una cosa nueva, y tomándola por un accidente, esperan poder detener la todavía; mientras que otros la juzgan irresistible, por parecerles el hecho más constante, más antiguo y más permanente que se conoce en la historia.

Me remonto por un momento a lo que era Francia hace setecientos años. La encuentro dividida entre un pequeño número de familias que poseen la tierra y gobiernan a los habitantes. El derecho al mando se transmite con la herencia de generación en generación. Los hombres, para dominar a otros hombres, no tienen más que un medio: la fuerza. No se reconoce más origen del poder que la propiedad territorial.

Pero he aquí que emerge el poder político del clero y se extiende con rapidez. El clero abre sus filas a todos, al pobre y al rico, al plebeyo y al señor. La igualdad comienza a penetrar por la Iglesia en el seno del gobierno, y aquel que como siervo habría vegetado en eterna esclavitud se acomoda como sacerdote entre nobles y a menudo se sitúa por encima de los reyes.

Con el tiempo, al volverse la sociedad más civilizada y estable, las diversas relaciones entre los hombres se hacen más complicadas y numerosas. La necesidad de leyes civiles se deja sentir vivamente y nacen los legistas. Salen estos del oscuro recinto de los tribunales y del reducto polvoriento de los archivos, hallando un lugar en la corte del príncipe, junto a los barones feudales cubiertos de armiño y de hierro.

Los reyes se arruinan en grandes empresas; se agotan los nobles en guerras privadas; los plebeyos se enriquecen con el comercio. La influencia del dinero comienza a dejarse sentir en los asuntos de Estado. El negocio es una fuente nueva que se abre a la autoridad y los financieros se convierten en un poder político al que se desprecia y se adula.

Poco a poco, la ilustración se difunde. Se despierta la afición a la litera tura y a las artes. El talento llega a ser una condición del éxito. La ciencia es un medio de gobierno, la inteligencia una fuerza social y los letrados tienen acceso a los negocios públicos.

No obstante, a medida que se descubren nuevos caminos para llegar al poder, disminuye el valor dado al nacimiento. En el siglo XI la nobleza poseía un valor inestimable; en el XIII, se compra; el primer ennoblecimiento tiene lugar en 1270, y por fin es a través de la misma aristocracia como se introduce la igualdad en el gobierno.

Durante los setecientos años transcurridos, para luchar contra la autoridad regia o arrebatar el poder a sus rivales los nobles dieron, en ocasiones, cierta fuerza política al pueblo.

Y más a menudo aún se vio cómo los reyes dejaban participar en el gobierno a las clases inferiores del Estado, a fin de humillar a la aristocracia.

En Francia, los reyes demostraron ser los más activos y constantes niveladores. Cuando fueron ambiciosos y fuertes trabajaron para elevar al pueblo al nivel de los nobles; cuando fueron moderados y débiles tuvieron que consentir que el pueblo se situase por encima de ellos mismos. Unos ayudaron a la democracia con su talento; otros, con sus vicios. Luis XI y Luis XIV se cuidaron de igualarlo todo bajo el trono, mientras que Luis XV, junto con su corte, acabó descendiendo hasta el arroyo.

[…]

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Autor: Alexis de Tocqueville. Título: La democracia en América. Traducción: Dolores Sánchez de Aleu. Editorial: Alianza. Venta: Todos tus libros.

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