El saltamontes pone huevos en las grietas oscuras. Avanza despacio, meticuloso, introduciendo la parte final de su cuerpo entre las baldosas levantadas del porche, palpando con su apéndice la oscuridad que comienza y vertiendo dentro de ella su cargamento fértil envuelto en una viscosa espuma. La oscuridad es la primera casa del ser. Refugio de lo que no ha nacido. Fermento de la luz.
La oscuridad me anda buscando y me he quedado con una de sus patas en la mano. Entro en ella, entro en la grieta donde el saltamontes ha puesto sus huevos, donde lo no nacido está larvando, alimentándose de la no luz y al mismo tiempo propiciándola. Como una levadura perceptible solo en su negrura, la oscuridad está fermentando todo lo que va a crear.
Por eso prefiero escribir de noche, una hora antes de que amanezca, mientras una ninfa de saltamontes, atraída por la radiación, se ha posado en la pantalla del ordenador. Allí aguarda mis palabras, que nacen debajo de ella y la sustentan. La ninfa se aferra a la letra “l” y se refugia en la letra “u”.
Pues sé que tengo que saltar a otro lado de la realidad si quiero entender algo y sacrificar mis anclas si es preciso. No puedo conformarme con estas formas regulares que ven mis ojos. Sé que hay otras formas de mirar y que me esperan 360 grados.
Salto de la vigilia al sueño, del sueño a la intuición y de la intuición a la telepatía. Sé lo que piensa el barro y lo que imagina el cielo. Ingiero celulosa, especialmente en letra impresa. Y sé que cualquiera de esos pájaros que escandaliza el aire está dispuesto a devorarme y a convertirme en canto.
Sé de las plagas. Sólo tengo que juntarme con otro millón de individuos para devastar el planeta. Me rozo con ellos y me aumenta el cerebro, me vuelvo voraz y agresivo. Todo nos parece escaso. Y volamos de un asunto a otro porque nos alimentamos, más allá de la materia orgánica, de nuestras ansias de tiempo, de roer cada deseo que se presenta a nuestro alcance. Entonces somos la nube que oculta el sol.
Por eso, permanezco solitario. Así estoy tranquilo, así escucho. Salto al rosal, muerdo una hoja. Salto a las baldosas rotas del suelo. Pongo huevos en la grieta.


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