En esta novela lo sobrenatural revela las profundas heridas que pueden dejar el deseo y la traición. Además, ahora llega a la gran pantalla bajo la dirección de Miguel Ángel Lamata y las interpretaciones de Eduardo Noriega y Amaia Salamanca.
En este making of Mayte Navales explica cómo escribió La ahorcada (NdeNovela).
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Siempre me ha interesado el amor, pero mucho más aún el desamor. Los personajes rotos, inestables, aquellos que pueden oscilar entre la más frágil vulnerabilidad y la violencia más descarnada. Personajes con doble naturaleza: capaces de ser ángeles y demonios. Villanos con dimensión humana y heridas emocionales reconocibles.
A esta idea se sumó mi interés por el sistema de constelaciones familiares de Bert Hellinger, según el cual los vínculos y traumas no resueltos se transmiten de generación en generación. El pasado no desaparece, lo excluido permanece y regresa, buscando una forma de manifestarse, reclamando inclusión. Hace años leí que un hijo puede llegar a reproducir la herida emocional de un amor rechazado por uno de sus progenitores. No pude evitar imaginar ese sistema como una futura historia de fantasmas y posesiones.
Un día, paseando por un bosque, me vino de forma inesperada la imagen de una mujer colgada de un árbol. Inmediatamente supe su nombre: se llamaba Rosa, tenía el corazón roto y se había suicidado en el jardín de su amante. Pero su muerte no era el fin sino un medio para continuar el vínculo amoroso, quedándose bajo la forma de un fantasma con un propósito: ser vista. No como objeto de deseo, sino como alguien que necesita ser reconocida. Más adelante, esa necesidad derivará en un impulso hedonista. Como espectro, será ella quien decida cuándo aparecer, y cuando lo haga, su mirada resultará perturbadora y peligrosa, como la de Medusa. De ahí nacerá su conjuro, su palabra de poder: «Mírame».
En una narrativa realista a Rosa se le habría diagnosticado algún trastorno de la personalidad, pero a mí me interesaba explorar ese abismo desde lo fantástico, en la tradición de autoras y autores como Shirley Jackson, Stephen King, Angela Carter o Ray Bradbury. Lo sobrenatural permite llevar las emociones a un territorio más inquietante si cabe, donde lo psicológico y lo invisible se entrelazan.
También me interesan los cuentos de hadas y sus reinterpretaciones. Mi anterior novela, La última bruja, partía de Hansel y Gretel. En La ahorcada hay una conexión directa con El ruiseñor y la rosa, de Oscar Wilde. El personaje de Fran —el amante que ignora a Rosa— guarda relación con el joven Estudiante del cuento: no es un villano en sentido estricto, pero sí alguien incapaz de empatizar, entregado a sus deseos más inmediatos, quizá también atravesado por sus propias heridas de amor.
A medida que avanzaba la escritura fueron apareciendo la casa encantada, la magia ancestral, los médiums, el árbol milenario, los mitos… Y también el romanticismo gótico de historias como Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë, o Rebeca, de Daphne du Maurier; novelas que me fascinaron en la adolescencia y que, de algún modo, siguen habitándome.
En La ahorcada lo sobrenatural está ligado al amor y a la memoria. El paisaje observa, el árbol recuerda. Y la obsesión no termina con la muerte.
Al final, esta es una historia sobre la incapacidad de soltar. Sobre cómo el amor, cuando se convierte en obsesión, puede deformarse hasta volverse irreconocible y destruir todo aquello que somos, fuimos o creímos amar.
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Autora: Mayte Navales. Títulos: La ahorcada. Editorial: NdeNovela. Venta: Todos tus libros.


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