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Y así fue el Benengeli 2026, el festival que recorre los 5 continentes

Y así fue el Benengeli 2026, el festival que recorre los 5 continentes

Entre el 25 y el 29 de mayo la literatura en español viajó por los cinco continentes gracias al Instituto Cervantes y a su festival Benengeli. Encuentro que esbozó una foto posible del complejo paisaje de nuestras letras en el que se suman diversas estéticas, generaciones y procedencias geográficas.

Diecisiete ciudades y más de cien invitados conformaron este festival que durante este 2026 se desplegó en conferencias, mesas redondas, diálogos, programas de radio, vídeos, podcasts, y cuentos especialmente escritos para la ocasión.

Desarrollado por la dirección de cultura del Instituto Cervantes, 2026 ha sido el año en que esta esperada cita internacional ha girado en torno al mundo de las bibliotecas, esos universos de palabra y tinta que, en sus páginas, guardan millares de experiencias y conexiones humanas.

Como es tradición, Benengeli arrancó en Sídney. El 25 de mayo el novelista Lorenzo Silva dialogó con Thomas Nulley Valdés y entre ambos desarrollaron un inolvidable intercambio en el que Silva recuperó el itinerario de las bibliotecas que han acompañado su vida. Las bibliotecas de los padres, la modesta biblioteca escolar, el bibliobús que aparecía por su barrio durante su adolescencia, la biblioteca universitaria, y finalmente la biblioteca personal que en su caso se encuentra conformada por unos ocho mil libros.

En Manila, la dramaturga hispano uruguaya Denise Despeyroux, afirmó que, en la Biblioteca de sus sueños, “la gente puede sostener largas conversaciones en susurros y pueden besarse en rincones escondidos, como pasa en mis obras”. Esta mesa en la que participaron también Rody Vera y Lakan Umali, dejó como discurso común el aspecto de misterio y de expansión de vida que contienen estos espacios donde los libros se agrupan como un fascinante enigma.

"En Madrid se celebró una doble mesa redonda. En la primera de ellas: Pilar Reyes y Christina Linares revelaron aspectos sobre la biblioteca de las editoras"

Un diálogo entre destacados y premiados autores se desarrolló en el Cervantes de Burdeos: Blanca Riestra, ganadora del Torrente Ballester en 2015, Andrés Neuman, galardonado con el premio Alfaguara en 2009 y la autora francesa de origen español Lydie Salvaire, que obtuvo el premio Goncourt en 2014.  Estos escritores compartieron con el público imágenes y opiniones sobre la lectura, los libros, la sociedad en su conjunto. Riestra afirmó: «Los libros los siento como la voz de gente que nos está hablando del mundo y que nos han dejado ese testamento.», Neuman valoró el espacio bibliotecario desde una perspectiva social: «Por el hecho de acceder a una biblioteca pública nos convertimos en ciudadanos; no es que es un requisito ser ciudadano para ingresar en una biblioteca “, y la autora francesa destacó que: «La biblioteca es un lugar de soledad en el que estoy feliz, porque es un refugio lejos del fragor del mundo».

Entrañable fue el encuentro de Sergio del Molino y Eduardo Berti en Bruselas. El primero de ellos compartió con el público asistente la parte de su biografía conectada a los libros. Del Molino refirió que venía de una familia obrera, un ambiente en el que de manera natural no existían muchos libros, pero donde era posible toparse con la certeza de que el estudio era la única herencia familiar posible. De allí que en aquella casa se suscribieron al Círculo de Lectores, por lo que el futuro escritor tenía acceso cada mes a dos títulos, lo que era un tesoro para él pues habitaba en un pueblo sin librerías.

Por su parte, el argentino Eduardo Berti, dedicó una parte de su intervención a ejemplificar algunas de sus pasiones como lector, una de las cuáles es marcar con signos específicos ciertas partes de los libros: los sueños y también algunas anécdotas contenidas dentro de una anécdota mayor. Un modo de relación íntima, corporal, en la que el libro cobra otro tipo de vida.

En Madrid se celebró una doble mesa redonda. En la primera de ellas: Pilar Reyes y Christina Linares revelaron aspectos sobre la biblioteca de las editoras. Ambas crecieron en mundos llenos de libros, pero Reyes reveló que fue la lectura de El Barón Rampante de Calvino el que le abrió la perspectiva de una vida vinculada a la lectura. Linares acotó que aparte de abundantes lecturas francesas, su ingreso en el mundo de los libros debió mucho a la presencia de Elena Fortún. Por su parte, Ana Garriga y Carmen Urbite, creadoras del popular podcast: Las hijas de Felipe, y autoras de: Instrucción de novicias, uno de los libros más populares del momento, deleitaron al público asistente con su mirada contemporánea sobre el barroco y las bibliotecas de los conventos de clausura. Urbite mencionó el caso de María de San José, mujer que solo logró entrar al convento a los treinta años pues no tenía medios económicos, que allí fue alfabetizada y luego pudo desplegar una escritura incesante sobre su propia vida y su experiencia. Por su parte, Ana Garriga reveló que las vidas de monjas del siglo XVI poseían una cierta originalidad, pero ya en el siglo XVII comienzan a operar mecanismos de repetición textual que insinúan que ya era común el leerse entre ellas y construir un discurso común sobre sus existencias.

"También a casa llena se celebró la actividad de París, en la que Leonardo Padura, Karla Suárez y Ángel Esteban"

Desde Orán, la narradora, poeta y ensayista Nuria Barrios, también hizo referencia al Círculo de lectores aludido por Sergio del Molino, y comentó que gracias a ellos formó su primera biblioteca, a la que también sumó los títulos adquiridos en una tienda cercana a su casa.  Hoy en día, afirmó la autora de volúmenes como Ocho centímetros, Todo arde y Amores patológicos, ha construido una biblioteca personal justo al lado del lugar donde duerme, para crear una proximidad que la proteja y la haga sentir segura. En el caso de Manuel Jabois, el escritor y periodista confesó que ya no tiene apego a los libros físicos debido a la cantidad de ejemplares que ha extraviado a lo largo de la vida. Tanto es así que hoy en día no cuenta con los títulos que para él han tenido importancia fundamental en su creación como son el Gran Gatsby o los cuentos de Poe traducidos por Cortázar: así que cada tanto los vuelve a adquirir, los relee, los presta y entonces vuelven a desaparecer de su vista.

A tope de público, Tania Adam desde Dakar, expuso la situación de los archivos coloniales, sus agujeros, sus zonas opacas, y manifestó la necesidad de escuchar las fracturas, las imágenes encubiertas, y la recuperación documental de la historia no como un espacio cerrado sino como lugar para reencontrar lo perdido.

También a casa llena se celebró la actividad de París, en la que Leonardo Padura, Karla Suárez y Ángel Esteban dialogaron sobre la presencia de los libros en su vida y donde dedicaron buena parte de sus intervenciones a reflexionar sobre la situación cubana del momento. Situación similar a la vivida en Mánchester y Edimburgo, donde autores como Santiago Roncagliolo,  Marta Barrio y la muy traducida narradora Karina Sáinz Borgo, expresaron las particularidades de sus bibliotecas personales y ahondaron en el sentido que estas pueden haber tenido dentro del desarrollo narrativo de cada uno de ellos. “Los libros eran la forma de tener una ventana para entender el mundo”, acotó Roncagliolo, a lo que Barrio agregó que, en su caso, la biblioteca fue el lugar donde encontró el sentido de su verdadera vocación. Sainz Borgo, rodeada por el icónico espacio de la Playfair Hall Library del Old College de la Universidad de Edimburgo, mencionó que reorganizar una biblioteca es hacer inventario de aquello que pervive dentro de cada escritor cuando llegan la madurez y el desarrollo del oficio.

"En el caso de Gonzales, el autor residente en Nueva York reivindicó el reguetón como un regreso a los orígenes de la poesía"

Ya en América, desde Chicago, la autora boliviana Giovanna Rivero evocó una crónica de Clarice Lispector en la que esta autora refería la dolorosa experiencia que vivió para acceder al libro soñado de su infancia. Anécdota con la Rivero que se identificó y que le hizo afirmar: “no es que baste un solo libro para saciar semejante sed de otros mundos, sin embargo, un solo libro es suficiente para sostener la utopía de una biblioteca, pues toda biblioteca compuesta por uno por mil y un libros es apenas la elipsis de una abundancia soñada, inacabable”. Peter Elmore refirió que “el deseo de leer todos los libros es irrealizable, pero los lectores voraces no se pueden librar de él. Otro deseo, otra fantasía es el encontrar un libro mágico donde se cuente nuestro destino”.

Desde Nueva York, las autoras Beatriz Serrano y Keila Vall de la Ville, coincidieron en que las continuas mudanzas durante su infancia dificultaron el crecimiento de una biblioteca propia. Para Serrano, cuya traducción al inglés de su novela El descontento está teniendo una excelente recepción en USA, las bibliotecas públicas subsanaron sus carencias de la niñez; por su parte Vall de la Ville recuperó esos tiempos como los años en los que cada libro era un tesoro y recordó con especial afecto La Historia interminable.

En Belo Horizonte, la novelista María Elena Morán, ganadora del premio Café Gijón en 2022, al ser interrogada por el papel que el presente venezolano tiene en su trabajo literario, advirtió que las preguntas que sus personajes se realizan a sí mismos nunca se responden de manera cerrada.

Los Ángeles fue el lugar desde el que Reyna Grande y Ulises Gonzales leyeron fragmentos de sus textos de creación. Grande también habló sobre la experiencia apasionante y compleja que mantiene con el español, su lengua materna que por su vida posterior en USA sigue siendo un espacio apasionante, pero a veces difícil de transitar. En el caso de Gonzales, el autor residente en Nueva York reivindicó el reguetón como un regreso a los orígenes de la poesía, y contó con humor un episodio libresco de su vida; el momento en que inconsciente por la picada de una abeja, su jefa en el trabajo le insistía a los paramédicos: “trátenlo bien, que él lee a Shakespeare”.

"Mientras tanto, escribamos y copiemos fragmentos, los mejores. Quizá solo eso sobreviva: fragmentos"

Ciudades invitadas como Caracas permitieron disfrutar de las revelaciones y los poemas de dos voces fundamentales de la lírica actual en lengua española: Santos López y Yolanda Pantin (Premio García Lorca 2020). López afirmó que: uno se hace de una biblioteca como un jardín. Si las grandes bibliotecas son los bosques, uno acude a su jardín”. Pantin refirió que la IA ha llegado como una herramienta, pero que jamás sustituirá la experiencia de abrir un libro. En Caguas, la reconocida novelista Mayra Montero contó que la biblioteca de su padre era un lugar con libros humorísticos, con libros de chistes, pero resaltó la excepción de un libro de Alfred de Musset en el que encontró un erotismo feroz que ella leyó a escondidas. En su caso, Manolo Muñoz Negrón, confesó que su espacio repetido de goce es la biblioteca, por lo que está organizando su nueva casa alrededor de un gesto esencial: estar acompañado de libros. Yolanda Arroyo, dedicó parte de su intervención a recordar la construcción de su primera biblioteca, elaborada por los tomos en orden alfabético que mes a mes compraba su familia. El narrador Cézanne Cardona, que ha publicado recientemente la celebrada novela Esto también es una casa, admitió que le gusta la sensación de armar bibliotecas con libros de contrabando, con libros que se encuentran fuera de lugar. De allí que haya ido armando su espacio personal con ejemplares que tomó de la casa de sus padres divorciados o con títulos que nunca regresó al sitio donde pertenecían originalmente. Y desde Quito, el narrador Leonardo Valencia asomó una reveladora profecía creadora. “No sabemos que libros de nuestra biblioteca van a sobrevivir en el futuro. Mientras tanto, escribamos y copiemos fragmentos, los mejores. Quizá solo eso sobreviva: fragmentos”.

SECCIÓN DIGITAL

Como es habitual, la red tejida por Benengeli alrededor de la literatura en español también desembocó en el mundo virtual. Los canales de doce centros cervantinos y de la sede central del Instituto estrenaron contenidos elaborados para el festival por varias de las voces más representativas del presente.

A Sídney le correspondió abrir estas secciones con la intervención de Laura Chivite, quien detalló cómo en la concepción de sus libros Gente que ríe y El ataque de las cabras, fue fundamental la investigación y el sosiego de las bibliotecas en las que trabajaba sus narraciones. Del mismo modo, Emilio Pascual, autor de El gabinete mágico, introdujo el tema de las bibliotecas imaginarias, pero incluyó dentro de este mundo la biblioteca de su pueblo en la que un día vivió la revelación del mundo de la ficción al abrir La Odisea y conocer la escena de Polifemo. Manila continuó esta sección de “píldoras” con las intervenciones de Jesús Marchamalo e Isabel Wagemann. El primero de ellos, manifestó que las bibliotecas de los escritores guardan el secreto de la literatura y comentó luego sobre la pérdida de las bibliotecas padecida por autores españoles durante la guerra civil, una mutilación dolorosa de ese autorretrato secreto que cada uno de ellos había elaborado con los años. Por su parte, Wagemann refirió sobre la dolorosa decisión que significa escoger los libros que irán en una maleta cuando se cambia de país.  Desde los canales de Mánchester pudimos disfrutar de Verónica Jaffé, poeta galardonada con el Premio Casa de América, quien confesó que uno de los momentos más felices de su vida fue el tiempo en que trabajó como responsable de adquisiciones de una biblioteca. Valeria Correa Fiz, narradora y poeta, confesó que en su adolescencia escapaba del colegio para ir a la biblioteca a disfrutar de las muchas voces que allí esperaban por ella, y reflexionó sobre su cuento: El invernadero de Eiffel donde una biblioteca familiar se convierte en uno de los tesoros heredados por un personaje. Ya desde África, la sección virtual de Benengeli estrenó la intervención de Paula Izquierdo quien afirmó que en el espacio bibliotecario no solo construimos un mundo, sino que “el mundo se nos muestra como un universo eterno”. Por su parte, el narrador salmantino Fernando Díaz San Miguel advirtió que volver a la biblioteca es un modo de reencontrarse con el silencio y la hondura que le otorgaba ese lugar durante la infancia y la juventud. El estreno de los vídeos de Carlos Dávalos y Marta del Riego desde Nueva York continuó el hilo de esta sección de Benengeli. Dávalos reflexionó sobre su novela La pólvora y los inocentes, ganadora del premio Jaén, en la que se visita el convulso y terrible tiempo de Sendero Luminoso en el Perú, mientras Marta del Riego se centró en las conexiones de su novela Cordillera con el espacio bibliotecario y su extensión en el bibliobús. Belo Horizonte contó con la presencia virtual de Luis Alberto de Cuenca quien resaltó el cuadro de Arcimboldo donde una figura humana se construye con la presencia de diversos libros. Finalmente, el Cervantes de Chicago nos permitió escuchar la lucidez con que la poeta Luz Pichel, evocó tanto en castellano como en gallego el momento de su infancia en que logró colarse en la biblioteca de su colegio en Lugo y descubrió La celestina, ese raro tesoro que fue la puerta a muchas otras lecturas y universos.

"Pero Benengeli 2026 también tuvo voces cercanas y remotas, contenidas en la sección Benengeli en la radio"

En la sección de “Conversaciones”, se pudo disfrutar del editor Abelardo Linares quien dialogó con Ricardo Linares y mostró su indescriptible colección de libros y revistas de la primera mitad del siglo XX, con curiosidades tales como un libro de Luis Cernuda que el poeta se auto dedicó o volúmenes de María Zambrano con portadas de Ramón Gaya. Desde el Cervantes de Dakar, se estrenó el diálogo de la reconocida autora puertorriqueña Mayra Santos Febres con la también narradora Helena Sampedro, autora de la muy exitosa historia: Al encuentro del fuego. Allí, Santos reveló que su relación con la biblioteca es la relación de quien conversa con la sabiduría de sus muertos y por otro lado afirmó que la potencia del español está en auge y que eso sucede en buena parte por la visibilidad que le otorgan figuras como Bad Bunny. Desde la Biblioteca ecuatoriana “Aurelio Espinosa Pólit”, Pablo Escandón y Ricardo Gutiérrez revelaron los elementos más significativos de este espacio dedicado a facilitar a sus usuarios herramientas para la construcción conjunta de un proyecto de vida en sociedad. También en Quito, Benengeli 2026 visitó el Centro de Información y Biblioteca de la Universidad Andina Simón Bolívar y allí pudo visibilizar unos de los centros más importantes de preservación de la cultura en lengua española.

Pero Benengeli 2026 también tuvo voces cercanas y remotas, contenidas en la sección Benengeli en la radio. En diálogo con César Miguel Rondón, la autora Marta Robles acotó que para iniciar una nueva biblioteca contaría con El Quijote, la poesía de Vicente Huidobro y los cuentos de Chéjov. Por su parte Alejandro Robles reveló que la primera biblioteca de su vida fue su madre quien le contaba historias y le pedía que las completase con el esfuerzo de su propia imaginación. Eva Díaz Pérez, en conversación con Manuel Sollo, subrayó la perplejidad que siente al encontrar bibliotecas personales dispersas después de la muerte de sus dueños y dio a entender que las imagina como otra desaparición de la biografía de esas personas. En ese mismo espacio, Guillermo Roz refirió que solo pudo conservar tres volúmenes de Borges cuando llegó el momento de la migración. Una pérdida que ha solventado con los años y que significa que incluso recoge libros tirados en la basura. Por su parte, en su diálogo con David Felipe Arranz, las narradoras Irene Reyes Noguerol y Thais Gamaza, coincidieron en que las bibliotecas son lugares para experimentar sensaciones físicas que permiten conectar con la palabra de un modo intenso, y del mismo modo incidieron en que los jóvenes siguen leyendo literatura con verdadera pasión pese a lo que puedan afirmar los pesimistas. La autora peruana Yeniva Fernández, explicó en su diálogo con la periodista Ileana Bolívar que a los siete años comenzó a asistir a la biblioteca de su barrio y sintió en ese entonces que un libro llevaba a otro, que cada uno de ellos eran como puertas que abrían otras puertas, al punto que su sueño era dormir rodeada de novelas.   Andrés Mauricio Muñoz destacó que su primera relación con los libros fue táctil, pues entraba a la biblioteca de su padre y exploraba con sus manos los lomos de los volúmenes e iba memorizando los títulos. La autora Miriam Reyes, premio nacional de poesía en España, habló de sus colecciones de libros, algunas perdidos por la migración, otras por catástrofes naturales, a la vez que reveló la grata sensación que produce el encontrar libros propios en bibliotecas públicas pues son una manera de aproximarte a la intimidad de los lectores. El venezolano Juan Carlos Chirinos, advirtió que su sueño es construir en Valera una amplia biblioteca pues eso cambiaría el entorno cultural de su ciudad de origen. Iván Thays advirtió que su primera biblioteca fue la de su padre y que esta se encontraba agrupada no por títulos sino por números, un orden adecuado a la mente de un coleccionista. La narradora Pola Olaxairac, autora de títulos como Bad Hombre, comentó que en casa de su abuelo existía una zona de títulos prohibidos conformada por textos sobre la reproducción humana o por libros como Madame Bovary, del que años después se hizo entusiasta lectora. Por su parte, la peruana Katya Adaui reveló que en su casa el mundo de los libros giraba alrededor de dos polos muy definidos: la lectura de la Biblia que acompañaba siempre a su madre y las historias de Agatha Christie que acompañaban a su padre. Del mismo modo, la puertorriqueña Awilda Cáez enumeró cuáles serían los títulos de su biblioteca personal que compartiría con cualquier persona: Cien años de soledad; Diablo Guardián y Cometas en el cielo. El dramaturgo y guionista Frank Spano habló de autores que ofrecería a un visitante a su espacio doméstico: Monterroso, Cortázar y Borges. En el caso de Lucero de Vivanco, la autora reveló una parte de su mundo artesanal como escritora, y afirmó que gracias a sus primeros libros adquirió un gusto especial por la sonoridad, por el ritmo de las palabras. Aguda fue la acotación de la novelista Melanie Pérez Arias quien definió  las bibliotecas como  un tercer espacio que no es la casa, que no es el trabajo y que además exige condiciones de concentración y silencio indispensables en el momento actual. El autor y editor español Miguel Ángel Arcas hizo explícita su pasión por las bibliotecas de utilización furibunda, en las que se advierte el uso continuo. Por su parte, Alejandra Banca, galardonada con el English PEN Translates Award en 2024 advirtió que si debiese mudarse repentinamente llevaría en su maleta títulos como los Diarios de Alejandra Pizarnik y algunos títulos de Salvador Garmendia. Jaime Clara, poeta y narrador uruguayo, advirtió la capacidad de los libros de ser “un espacio donde el tiempo se acomoda diferente; conviven siglos en un mismo estante, y en ese cruce, algo de nosotros se ordena”. En su participación en Benengeli, Claudia Amengual reivindicó la materialidad del libro, la experiencia del tacto y el olor que activan sus páginas, y por su parte, la narradora Iona Gruia hizo repaso por sus distintas bibliotecas en Rumanía y España, lugares en los que se fue entretejiendo su visión híbrida del mundo. Cerraron esta sección de Benengeli, la traductora Anezka Charvatová y la escritora Monika Zgustová. Esta última advirtió que durante sus primeros años de migración le gustaba revisar las bibliotecas de sus paisanos y encontrar allí esos títulos que estaban prohibidos en su país, mientras Charvatová se definió como una “peregrina inmóvil” que durante la dictadura de su país tenía la biblioteca como un lugar íntimo y a la vez “sin límites”.

"Benengeli 2026, después de recorrer los cinco continentes, también ofreció a los lectores textos especialmente escritos para el festival por ocho narradores actuales"

Llamativa fue la sección: Confieso que he leído, conducida por Fernando Iwasaki (comisario de esta edición de Benengeli 2026), en tanto el autor peruano ofreció un paseo rasante y agudo sobre tres autores clásicos de la literatura actual: Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce Echenique. Tres voces que siguen marcando por conexión o contraste los rumbos de la narrativa en nuestra lengua, y que dejaron contenidas en algunas de sus obras el inventario de bibliotecas imaginarias o prohibidas cargadas de inexplicables enigmas y penumbrosos sentidos.

Del mismo modo, Benengeli 2026, después de recorrer los cinco continentes y dar una vuelta al mundo en cinco días, también ofreció a los lectores textos especialmente escritos para el festival por ocho narradores actuales: Ena Lucía Portela, Luis Noriega, Alejandro Barrón, Ricardo Azuaje, Javier Sáez de Ibarra, Tamara Silva Bernaschina, Karina Pacheco y Marialuz Albuja, tanto en su versión original en español como en traducciones al inglés, portugués y francés.

De este modo, y con el apoyo de instituciones latinoamericanas como la Universidad Andina Simón Bolívar en Quito, la Poeteca en Caracas. el Centro de Bellas Artes en Caguas y la EDP University,  Benengeli: el festival del Instituto Cervantes que recorre los cinco continentes, se consolidó como la red de difusión de lo más atractivo que durante cada año sucede en la literatura en nuestra lengua y se confirma como uno de los encuentros más reveladores del ámbito internacional.

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Buena parte del evento puede ser disfrutado en Benengeli 2026

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