En una casa herméticamente cerrada, un padre yace muerto. Mientras esperan a la funeraria, madre e hija se enfrentan a algo más que a la muerte. Mediante unos diálogos cargados de resentimientos y dudas, ambas reconstruyen una historia familiar marcada por la violencia, la humillación y el peso de un patriarcado que nunca terminó de desaparecer.
En este making of Reyes Navas Montalvo cuenta cómo escribió Puzle de una escena de caza (Piezas Azules).
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Llega la hora de la cama. La noche aprieta las esquinas y yo me quedo clavada en el filo del colchón. Un día más. Se oye respirar al perro y la gata se me cuela entre las piernas para construir su nido. Mi marido duerme al otro lado. Las imágenes del fin del mundo empiezan a flotar en mi cabeza. Nos vamos a morir todos y no nos vamos a dar ni cuenta.
El portátil me espera en la mesita que hay al pie de la cama, y que también sirve para comer, y la butaca reclinable, que sirve para ver la tele y para escribir y que roza el ventanal cuando la echo para atrás, y a veces, así tirada a todo lo largo, veo brillar la luna.
Empiezo a pensar en qué escribir. Para callar los miedos. Sólo me llegan escenas de fin del mundo. Mi padre muere una y otra vez, y no siempre me importa.
El texto crece como una plegaria. De cosas que deseo que no pasen. De cosas que me aterra saber que van a pasar. De cosas que no comprendo y que hasta hace días me parecían simples. De cosas que sé que no debería desear. De cosas que nunca más podré hacer pero que quizás sí podré hacer. De la desolación de la soledad. De lo que tenía que decirse y no se dijo. De la falta de ruido tras las paredes. De una casa sin aire. De dos mujeres encerradas y un muerto. De la memoria de las cosas aplastando el peso de las palabras. Del insoportable olor del silencio.
La asfixia es un animal que muerde las costillas y no deja respirar. Que se cuela entre las sábanas y se agazapa entre las piernas. Sacar, aventar, espulgar, expurgar, tirar de la manta, airear, disociar, maldecir, bendecir, rozar lo irreverente, trocar, pulverizar. Qué te lleva a anticipar la muerte de alguien que aún está tras la pared respirando.
Metes en el cajón del folio deseos, recuerdos, pinceladas de niñez, pesadillas, secretos que nadie quiso escuchar, cosas que de palabra viva no vas a decirle a nadie, te imaginas si…, metamorfoseas la realidad, la vistes con trapos de colores, malabareas juegos de manos y de pastillas, lámparas que no alumbran, habitaciones cubiertas con plásticos y cajones llenos de mentiras. Tormentas que no llueven, pájaros que no vuelan por más que abras las ventanas, venenos y sapos en la nevera, deseos que en la realidad no se van a cumplir.
No todo fue así desde el principio. Hace días que todo se volvió del revés, como la camiseta que te quitas por las noches. Pero dentro del principio estaba todo, lo que hubo en el principio y lo que se quedó en el final. Vestimos la desolación con trapos de luto y nos reímos frente al muerto. Qué más podemos hacer, si al final ocuparemos su cama.
Tomamos pastillitas verdes, café con coñac, pastas de manteca, vestimos abrigos de la piel que calentaba a los corzos, arañamos la vida que nos pasa al lado para construir una ficción que nos permita llegar a la siguiente noche. Exorcizamos el miedo con construcciones hermosas de palabras y con la ayuda de los animales que nos acompañan en nuestros sueños.
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Autora: Reyes Navas Montalvo. Título: Puzle de una escena de caza. Editorial: Piezas azules. Venta: Todos tus libros.


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