Inicio > Libros > Narrativa > Narrar la herida

Narrar la herida

Narrar la herida

Un terremoto sacude Madrid una tarde de febrero de 2015. Su intensidad no es suficiente para causar una catástrofe, pero sí para hacer que las vidas de varios personajes colisionen entre ellas. Una novela de convergencias que muestra cómo buscamos luz en tiempos de penumbra.

En este making of Rubén Abella explica cómo escribió Un día de fiebre (Menoscuarto).

***

Comencé a hilvanar esta novela poco antes del confinamiento de 2020, y buena parte de ella está redactada durante el inusitado silencio de esas semanas. No lo sé con certeza —hay muchas cosas que no sé sobre lo que escribo—, pero puede que la catástrofe que nos sobrevino entonces tenga algo que ver con que el motor de mi historia sea —al menos en parte— un seísmo, un aviso de que el final de las cosas puede estar a la vuelta de la esquina.

Como casi todas mis ficciones, Un día de fiebre surgió, misteriosamente para mí, de imágenes dispersas que se instalaron sin preguntar en mi mente y acabaron cobrando sentido y convirtiéndose en metáforas obsesivas. No en vano afirma Ernesto Sabato en El escritor y sus fantasmas que la obsesión —la “obsesión fanática” la llama él— es “la condición más preciosa del creador”.

"Un día de fiebre es una combinación de esos elementos: la historia de unos personajes heridos cuyas vidas se encuentran una tarde en la que el mundo amenaza con romperse"

Una de esas imágenes es la herida —la brecha, el corte, la laceración, la úlcera—, prima hermana de la grieta —la hendidura, la raja, la fisura, el resquicio—, que, a su vez, es uno de los efectos visibles de los terremotos, como el que sacudió Madrid el 23 de febrero de 2015. Otra imagen es el saque en una partida de billar, cuando la bola blanca impacta contra el vértice del triángulo y las demás bolas salen despedidas en todas direcciones, corren sobre el tapete, chocan con las bandas, se precipitan en las troneras, colisionan unas con otras alterándose el rumbo. Un día de fiebre es una combinación de esos elementos: la historia de unos personajes heridos —agrietados— cuyas vidas se encuentran una tarde en la que el mundo amenaza con romperse.

Una de las muchas decisiones que debe tomar un autor antes de sentarse a escribir es la escala temática de su proyecto. Hay quienes eligen lo macro: la política, la guerra, las estirpes, la historia con mayúscula. Otros —entre los que me incluyo— prefieren poner la lupa en lo micro, por ejemplo, en una familia cualquiera. La complejidad es un concepto irrelevante en esta decisión. Ya lo dice Alice Munro en una entrevista concedida a The New Yorker en 2001: “La complejidad de las cosas —las cosas dentro de las cosas— parece ser infinita. (…) [N]ada es fácil, nada es simple”. No puedo estar más de acuerdo. Una gota de agua, examinada en profundidad, es tan compleja como la más activa de las galaxias. Tan complicado es contar la Revolución Bolchevique como lo que pasa por la cabeza de los García mientras desayunan.

"Hamlet explica a los actores que el propósito del teatro es sostener un espejo ante la realidad. Lo mismo puede decirse de la narrativa, sea del género que sea"

En el inicio de este texto he usado el verbo “hilvanar” y quiero enfatizarlo porque la novela es, en esencia, un enredo de hilos. El primero —pero no el más importante pues no hay jerarquías entre las fibras de un paño— es Beatriz, una estudiante universitaria de primer año que sufre una cruel novatada en el colegio mayor donde reside. Este hilo se entrevera con otros —su padre, su tío, la amante de su tío, la amiga de la amante de su tío…— para formar un tapiz que, si el experimento ha salido bien, debería parecerse a la vida. Hamlet explica a los actores que el propósito del teatro es sostener un espejo ante la realidad. Lo mismo puede decirse de la narrativa, sea del género que sea.

Como escritor, persigo dos metas. Una es componer un relato irreprochable en su perfección, un artefacto hecho de palabras y silencios que encapsule definitivamente, con nitidez, intensidad y belleza, la forma —a veces sabia, por lo general confusa, siempre fascinante— en que empleamos los días que nos han sido regalados. La otra —que comparto con mis personajes— es descubrir la verdad. Vivo tranquilo sabiendo que me moriré sin alcanzarlas.

—————————————

Autor: Rubén Abella. Título: Un día de fiebre. Editorial: Menoscuarto. Venta: Todos tus libros.

5/5 (2 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios