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Iván me estresa. El inspector de Pablos me seduce

Iván me estresa. El inspector de Pablos me seduce

La Sevilla abrasada por el calor no es el infierno del que habla este thriller, sino la cadena de crímenes y de corrupción moral a la que tendrá que enfrentarse el inspector Iván de Pablos, un hombre brillante en su trabajo, pero desbastado en su vida personal.

En este Making Of, Fernando Repiso explica cómo escribió Manual para construir un infierno (NdeNovela).

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Iván de Pablos me estresa. Cuando terminé de escribir mi anterior novela, Las agujas de la noche (Planeta), acabé exhausto. El tipo es tan intenso, tan desastre, tan bala perdida que necesitaba distanciarme de él, olvidarme de él, descansar de él. De hecho, mi primera intención fue virar hacia otro género, una de amor por ejemplo, algo retorcida, en plan Sara Mesa; un libro de relatos de terror, género al que me gusta volver de vez en cuando, sobre todo si es Mariana Enríquez quien se pone a los mandos; u otro 6 mujeres 6 (Samarcanda), ese drama familiar que, seis años después de su publicación, tantas satisfacciones me está dando (a finales de este 2026, si todo va según lo previsto, se estrena La gran calumnia, su adaptación al cine a cargo de La Filmahora). Sin embargo, debo reconocer que, incluso antes de que Puri, mi editora, me dijera que sí, que me publicaba y que Iván vería la luz, siempre sospeché que era un personaje que tenía todas las papeletas para seguir enervándome en el futuro. Ese futuro ya está aquí y se titula Manual para construir un infierno.

"Voy a confesar algo: cuando desarrollé el personaje de Iván, me propuse firmemente no juzgarlo en ningún momento. Él tiene sus motivos para comportarse de la manera que lo hace"

El personaje del inspector de Pablos —politoxicómano, promiscuo, bisexual, cínico, irreverente, malhablado, malmarido, mal padre, peor compañero, pero un fuera de serie cuando investiga— es tan desquiciante como seductor. Ahí va un botón: en general, Las agujas de la noche fue muy bien recibida tanto por la crítica como por los lectores. Sin embargo, hubo una lectora que, en las redes sociales, me dijo que sí, que vale, que la novela tenía un ritmo estupendo, que se había bebido los capítulos, que la trama le había robado horas de sueño, que el giro final la dejó descolocada, que bla, bla, bla… pero que en un par de ocasiones, después de haber leído alguno de los muchos descarrilamientos personales de Iván, a punto había estado de arrojar el libro por la ventana. ¿Me habré pasado de rosca?, pensé de inmediato. A ver, me dije, a ver si con esta obsesión mía de crear un personaje controvertido, espinoso, libre y pleno de aristas, esto es, humano, me ha salido, no sé cómo decirlo, ¿demasiado humano?

Voy a confesar algo: cuando desarrollé el personaje de Iván, me propuse firmemente no juzgarlo en ningún momento. Él tiene sus motivos para comportarse de la manera que lo hace. A sus cuarenta años, es un tipo que quiere quemar la vida que no pudo quemar, vivir y disfrutar a los veinte, hasta el punto de que sus excesos le están pasando factura en lo personal, lo familiar y lo profesional. A pesar de todo eso, debo reconocer que, en determinados capítulos, me tenía que sujetar. He dicho bien: me tenía que atar en corto a mí mismo, no al inspector. Porque me sucedía que, después de que se metiese diez rayas casi sin respirar, echara cuatro polvos con cuatro tíos distintos a los que acababa de conocer o se bebiese unos cuantos vodkas con tónica estando de servicio, lo que el cuerpo me pedía, justo a continuación, era darle su merecido castigo, quién sabe si por mor de ese sentimiento de culpa judeo-cristiano que uno tiene grabado a fuego desde que uno era chico. Pero, no, me repetía una y otra vez, déjalo en paz, hombre. Él es así y así quiere seguir siendo.

"Creo que he conseguido articular una trama más clásica, más de novela negro-criminal detodalavida, hasta cierto punto inspirada en algunos de mis referentes clásicos del género"

Eso sí: en Manual para construir un infierno (NdeNovela) me he tomado la revancha. Someto a mi inspector Iván de Pablos a una serie de acontecimientos que lo van a llevar al límite, físico y psicológico. Tan es así que ahora me ha dado por pensar lo contrario: ¿me habré pasado yo esta vez? ¿Le habré dado demasiada caña? Se supone que él es el bueno, ¿no? No voy a contar nada de la trama, pero me gustaría apuntar que, de nuevo, los capítulos están numerados del 50 al 1 para imprimir un ritmo de vértigo y que, para más inri, he llegado incluso a ignorar el rigor ortográfico y gramatical, prescindiendo de los puntos, en aras de transmitir la sensación de angustia y asfixia que me reclamaban ciertas escenas. Por contra, también creo que he conseguido articular una trama más clásica, más de novela negro-criminal detodalavida, hasta cierto punto inspirada en algunos de mis referentes clásicos del género.

Espero con ansia los comentarios de los lectores. En particular, de aquella lanzalibros. Porque, a quién voy a engañar: a pesar de todo, estoy enganchado a Iván.

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Autor: Fernando Repiso. Título: Manual para construir un infierno. Editorial: NdeNovela. Venta: Todos tus libros.

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