Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Sábado, 27 de junio de 1936: En la playa de Estoril
Estoril era una población eminentemente veraniega. Para llegar, o se recorrían los escasos veinticinco kilómetros que la separaban de Lisboa en taxi, o se tomaban uno de los tranvías que salían continuamente de la capital. El paisaje era entretenido. Siguiendo el Tajo, elegantes villas jalonaban sucesivos pueblecitos. Los trenes llegaban llenos de bañistas lisboetas, de estudiantes con libros bajo el brazo. La pequeña estación, no lejos del mar, tenía enfrente una rotonda con su oficina bancaria, su florería, su librería, restaurantes, la farmacia y la oficina de correos. Allí arrancaba el paseo que llevaba a los hoteles, el casino y las muchas villas de recreo, cada cual con su nombre en la fachada y coche a la puerta.
Hoy iba meditabundo.
Había leído las últimas noticias sobre los alborotos de Málaga y las huelgas en España. Ahora mismo se acercaba, seguido por su escolta, hasta la playa. Aprovechando que era última hora y que ya se habían ido los bañistas, se encaminó por la orilla. El mar parecía tan embravecido como su corazón. A Sanjurjo le impresionaba el océano. A veces le hacía pensar en un loco que, como decía Juan Ramón, tocara el cielo con la mano inmensa chorreando y te gritara, y otras riera o llorara. Era como un cielo invertido y rebelde, pensó, mirando fijamente el horizonte.
Parado en mitad de la playa, dibujó distraídamente algo en la arena con el pie. Marcó la fecha de la futura insurrección. Y debajo, tres bandas que, en su mente, representaban la bandera española.
Y es que todavía coleaba el problema. A los desencuentros que se daban en Pamplona entre Mola y los carlistas —le llegaban cada poco desesperantes cartas con quejas del uno o de los otros— se añadía que los tradicionalistas de Fal Conde insistían en utilizar la bicolor, mientras que Mola no quería abandonar la republicana. ¿Cuál de ella dos había de escogerse? ¿Cuál convenía más para el alzamiento?
Ese era el dilema de Sanjurjo.


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